Juan José Echeverría, fundador de La Missio: “Un profesor de Religión es un privilegiado”
Invita a renovar la vocación docente con formación, retiros y peregrinaciones en el Año Jubilar franciscano.
Juan José Echeverría, cofundador de La Missio y formador de profesores de Religión.
Casado, padre de dos hijos y apasionado de la educación religiosa, Juan José Echeverría es asesor de instituciones educativas a nivel nacional e internacional y experto en alianzas estratégicas en el ámbito educativo. Licenciado en Marketing y Comunicación y con formación en Espiritualidad Bíblica, ha trabajado en el acompañamiento y desarrollo de proyectos educativos. Fundador de "La Missio" —iniciativa que puso en marcha y que desarrolla junto a Pablo Coronado, cofundador—, explica en esta entrevista cómo el proyecto ofrece formación, retiros y peregrinaciones a Roma, Medjugorje y Asís, en el marco del 800 aniversario de la muerte de san Francisco de Asís, con el objetivo de acompañar al profesorado de Religión y fortalecer su misión en el contexto actual.
-Surge del contacto y el acompañamiento a las delegaciones diocesanas de enseñanza y a las instituciones educativas. En este proceso se ha detectado la importancia de ofrecer un apoyo más cercano, continuo y ajustado a las necesidades reales de los centros.
Se trata de desarrollar un camino específicamente adaptado al profesorado y a las instituciones educativas católicas, que tenga en cuenta sus retos concretos, su contexto, su carisma propio y su misión educativa. Con ello se busca dar una respuesta más eficaz y coherente a su realidad cotidiana.
Además, esta propuesta pretende favorecer una mayor coherencia entre la formación recibida y la práctica educativa diaria, evitando modelos demasiado generales que no terminan de encajar en la realidad de los centros. De este modo, "La Missio" busca ser un recurso útil y cercano que acompañe procesos reales de mejora y crecimiento dentro de la comunidad educativa.
-Más que hablar de un único problema, podríamos referirnos a una serie de retos que han ido evolucionando con el tiempo. Hoy el profesor de Religión se enfrenta a un alumnado profundamente transformado: tiene acceso a una enorme cantidad de información, pero carece muchas veces de criterios claros para discernir su veracidad y relevancia. En este contexto, el rol del profesor se vuelve más exigente: no solo transmite contenidos, sino que está llamado a ser un mediador que facilite el encuentro con Jesús en la realidad concreta del alumno, desde su misión eclesial.
La irrupción de la inteligencia artificial y las redes sociales exige reforzar especialmente el pensamiento crítico, la gestión del tiempo y el uso responsable de la tecnología. La familia sigue siendo un agente clave en el proceso educativo, por lo que es imprescindible generar conexión y coherencia con ella. En el ámbito de la formación del profesorado, aparece además un reto fundamental: no limitarla a la actualización teórica, sino orientarla a la creación de experiencias educativas y espirituales significativas.
En esta línea, cobran especial importancia iniciativas como peregrinaciones para educadores, entendidas no como turismo religioso, sino como procesos formativos de interioridad, encuentro, comunidad y renovación de la vocación docente. Finalmente, la formación continua del profesorado es un desafío ineludible que no puede descuidarse si se quiere responder adecuadamente a la realidad actual.
-Formar para la misión significa, ante todo, ayudar a despertar y acompañar el sentido profundo de la vida. El ser humano mantiene intacta su búsqueda de sentido, de plenitud y de trascendencia. Cuestiones como el sufrimiento, la muerte, la felicidad o la justicia siguen interpelando al alumno y elevando su mirada más allá de lo inmediato. Es en ese espacio donde comienza la misión: incluso antes del anuncio explícito, a través de la forma de estar, acompañar y educar.
El kerigma debe impregnar toda la experiencia educativa, de modo que cada clase y cada contenido curricular se conviertan en una oportunidad de encuentro. Desde esta perspectiva, el storytelling se convierte en una herramienta clave, ya que permite narrar la fe de forma significativa, cercana y comprensible, facilitando la interiorización de valores y experiencias.
-Un retiro espiritual aporta un espacio esencial de renovación integral de la vocación docente.
Permite cuidar no solo el espíritu, sino también el cuerpo y la dimensión emocional del educador, que con frecuencia llega cansado, sobrecargado o emocionalmente desgastado. Existen diversas formas de retiros espirituales (ignacianos, de silencio, tipo Emaús, entre otros), centrados habitualmente en el encuentro con Dios y la interioridad. Sin embargo, nuestra propuesta añade un enfoque complementario: integrar el cuidado del cuerpo, el alma y el espíritu, mediante un acompañamiento interdisciplinar en el que no solo participan sacerdotes, sino también psicólogos y otros expertos. Así se ofrece una atención más completa que incluye herramientas prácticas, acompañamiento profesional y espacios de comunidad. Por ello, estos retiros se desarrollan en entornos que favorecen tanto la interioridad como el descanso, combinando momentos de reflexión con espacios de convivencia, descanso y desconexión, siempre con el objetivo de cuidar integralmente al educador.
-Desde mi formación en Marketing y Comunicación, y mi experiencia en el ámbito religioso, puedo ofrecer una reflexión más desde lo estratégico que desde lo teológico. En mi opinión, uno de los principales errores es no asumir plenamente una visión multicanal de la presencia cristiana. La escuela no puede entenderse como el único espacio donde la fe debe hacerse presente, sino como uno entre muchos ámbitos de evangelización: también lo son la vida cotidiana, los encuentros, la familia, la cultura o el ámbito social. Otro riesgo frecuente es reducir la asignatura de Religión a una mera transmisión de contenidos, sin favorecer una verdadera experiencia de encuentro con Jesús ni un diálogo profundo entre fe y cultura. Es fundamental evitar una presencia meramente formal o de ocupación del espacio educativo, y avanzar hacia una presencia significativa, coherente y experiencial. En este sentido, el conocimiento religioso debería alcanzar tal calidad que el alumno sea capaz de dar razón de su formación y de su fe en contextos reales.
-Le diría, ante todo, que es un privilegiado. Su labor va mucho más allá de ser un docente más dentro del sistema educativo: tiene la posibilidad de ser una figura significativa en la vida de muchos alumnos. A menudo, un profesor de Religión deja una huella profunda, no solo por lo que enseña, sino por su forma de estar: su escucha, su cercanía, sus gestos y su humanidad. Además, su misión se sitúa en ese vínculo esencial entre familia, escuela y parroquia, acompañando procesos que van más allá del aula. Es posible que el desánimo provenga de circunstancias personales, del desgaste profesional o de la falta de reconocimiento, pero conviene recordar el valor real de su misión; por eso nace La Missio, para ayudar en ese proceso.
A nivel personal, cuando me invade el desánimo, me ayuda mucho la lectura de los Salmos. Los rezo cuando no soy capaz de articular una frase; en ellos encuentro descanso, fortaleza y esperanza en momentos de dificultad. También la asistencia a la Eucaristía me permite vivir la fe en comunidad: un amigo en la Iglesia siempre ayuda a llevar mejor las cargas, para luego ser enviados como testigos.