Laicos, familia y vida: la misión de todo el Pueblo de Dios
Raúl Tinajero, nuevo director del área de Laicos, Familia y Vida de la CEE
Raúl Tinajero Ramírez, director del Secretariado de Laicos, Familia y Vida de la CEE.
Raúl Tinajero Ramírez, sacerdote de la archidiócesis de Toledo y durante más de veinte años referente de la pastoral juvenil en España, ha sido nombrado director del Secretariado de Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal. En esta entrevista repasa su larga dedicación a los jóvenes, la evolución del programa "Apuntando a lo Alto" y cómo vivió un nombramiento que no esperaba, y desgrana sus prioridades para fortalecer la vocación de los laicos, acompañar a las familias y anunciar la belleza de la vida cristiana en la sociedad española de hoy.
-Como bien dices, fui ordenado sacerdote por el cardenal Martínez Álvarez en diciembre de 1998 y durante los primeros años estuve en distintas parroquias de la diócesis (Santa Cruz de la Zarza, Sonseca), como vicario parroquial, profesor de Religión en distintos institutos públicos y trabajando sobre todo con los adolescentes y jóvenes de dichas parroquias. Fue en la parroquia de un pueblo manchego, Miguel Esteban, donde me nombraron primero subdelegado diocesano de Juventud en 2003 y, en 2005, delegado diocesano de Juventud por parte del cardenal Cañizares. Tarea que desarrollé, también colaborando en otras parroquias (Torrijos y Santa Beatriz de Silva), hasta julio de 2014. En ese mismo mes de 2014, la Conferencia Episcopal me nombraba director de la Subcomisión para la Juventud e Infancia, tarea que he desempeñado hasta octubre de 2025.
Toda mi vida hasta ahora ha girado en torno a los jóvenes. De ellos, 22 años, con una responsabilidad directa, dedicados totalmente a esta pastoral, a trabajar con ellos, a compartir proyectos, a seguir creyendo en sus sueños y, sobre todo, a ayudarles a encontrarse con Cristo y que pudieran reconocer en la Iglesia una Madre que camina con ellos y en la que tenían un lugar privilegiado para ser protagonistas y corresponsables en la evangelización. Años intensos, siempre nuevos, gozosos, y en los que caminé al lado de muchos responsables y agentes de pastoral. Siempre con la confianza puesta en el Señor y sabiendo que, aunque vivíamos tiempos complicados y difíciles, la perseverancia y la entrega desde el Señor, con la luz del Espíritu Santo, nos darían las fuerzas para no dejarnos tentar por el desaliento y el desánimo y, con el tiempo, daría sus frutos.
-Es algo que ya hemos iniciado en enero de 2026. Junto con los jóvenes adultos que me ayudan en la dirección y producción del programa, hemos dado un salto en los temas a tratar. Cuestiones que siguen teniendo vigencia en la edad juvenil, pero abordándolas desde la experiencia de adultos que tratan de vivir, en su día a día, su ser discípulos de Cristo. Para ello hemos abierto el espacio de diálogo a profesionales de distintos ámbitos, laicos que pueden aportar luz desde su formación, capacitación y desde su vivencia de la fe. Bloques temáticos como “La presencia pública”, “¿La familia en crisis?”, “Creer hoy en España”, “El futuro y la precariedad”, “Cuerpo, vida y dignidad”, y muchos más, muestran el cambio que hemos querido ofrecer en la temática y en el trato del programa Apuntando a lo Alto, que no quiere otra cosa que recordarnos cada día que estamos llamados a la santidad, con los pies en el suelo, pero siempre llamados a dar lo mejor de nosotros.
-Ni mucho menos lo esperaba. Tras acabar mi larga etapa en la pastoral con jóvenes, estaba en unos meses de “transición”, adscrito a la parroquia de San Julián, en Toledo, y preparando mi corazón y mi vida para una nueva etapa, que entendía que sería parroquial. Pero antes de Navidad, ante circunstancias de salud de la persona que llevaba la comisión de Laicos, se me pidió, por parte del obispo presidente de la comisión, la disponibilidad para poder asumir la dirección. Por supuesto, poniéndolo en conocimiento de mi obispo, en diálogo con él y desde el discernimiento y la oración, se vio oportuno ofrecer mi disponibilidad para ello. A finales del mes de febrero, el obispo presidente de la comisión de Laicos llevó la propuesta a la Comisión Permanente y fue aprobado dicho nombramiento.
-El protagonismo de los jóvenes en la evangelización ha sido uno de los frutos más hermosos del camino sinodal, porque nos recuerda algo esencial: la misión de la Iglesia no pertenece solo a unos pocos, sino a todo el Pueblo de Dios. Cuando decimos que los jóvenes deben ser protagonistas, en realidad estamos señalando un camino para todos los laicos.
En la Iglesia española queremos seguir impulsando una verdadera corresponsabilidad. Esto significa confiar más en la vocación y en los carismas de los laicos, abrir espacios reales de participación en la vida pastoral, en la reflexión y también en la toma de decisiones, y acompañar su formación para que puedan anunciar el Evangelio en los lugares donde la Iglesia llega a través de ellos: la familia, el trabajo, la cultura, la universidad o la vida social.
Nuestro compromiso es seguir promoviendo una Iglesia más sinodal, donde cada bautizado se sienta llamado y enviado. Si los jóvenes nos han recordado la importancia del protagonismo misionero, ahora el reto es que toda la comunidad cristiana —laicos, consagrados y pastores— caminemos juntos y asumamos esa responsabilidad compartida de anunciar a Cristo en la sociedad de hoy.
-Al asumir esta responsabilidad, mi prioridad es, desde el servicio a los obispos que componen la comisión de Laicos, Familia y Vida, ayudar a que la Iglesia en España acompañe con cercanía y esperanza a las personas y a las familias en la realidad concreta que viven hoy.
La Comisión de Laicos, Familia y Vida, junto con las Subcomisiones de Familia y Vida, por un lado, y de Juventud e Infancia, por otro, a través del CAL (Consejo Asesor de Laicos) y unida a todos los delegados diocesanos de Apostolado Seglar y a los movimientos y asociaciones de laicos de España, muchos de ellos también asociados a través del Foro de Laicos, tiene precisamente esa misión: fortalecer la vocación de los laicos en la sociedad, apoyar a las familias en sus distintas situaciones y recordar siempre el valor y la dignidad de toda vida humana.
En este sentido, queremos seguir promoviendo una auténtica cultura de la vida y de la familia. Esto implica, por un lado, acompañar y sostener a las familias, especialmente en los momentos de dificultad, ayudándolas a descubrir su belleza y su misión como espacio de amor, educación y transmisión de la fe. Y, por otro, promover una reflexión serena y propositiva en la sociedad sobre la dignidad de la vida humana en todas sus etapas.
Ante los desafíos culturales, ideológicos y también legislativos que vivimos, la respuesta de la Iglesia no puede entenderse como solo reactiva, sino sobre todo propositiva: anunciar con claridad y con respeto el valor de la vida, dialogar con la sociedad y las instituciones, y apoyar iniciativas que ayuden a proteger y acompañar la vida, desde su inicio hasta su final natural.
Todo ello queremos hacerlo contando especialmente con los laicos, que son quienes están presentes cada día en la vida social, cultural, política y profesional de nuestro país, y que tienen una responsabilidad fundamental en la construcción de una sociedad más humana, más justa y abierta a la vida.
-Esta nueva responsabilidad la estoy viviendo, ante todo, como un camino de preparación espiritual. Estoy procurando intensificar la oración, la escucha de la Palabra y el discernimiento, porque se trata de una misión que solo puede entenderse desde la acción del Espíritu y en comunión con toda la Iglesia.
Al mismo tiempo, me siento muy ayudado por el camino sinodal que hemos recorrido en los últimos años. La experiencia del Sínodo de los Jóvenes y su concreción en Christus Vivit, el Sínodo sobre la Sinodalidad, en el que aún seguimos insertos, han sido especialmente iluminadoras, porque ponen en el centro el discernimiento, el acompañamiento y el protagonismo de todos los bautizados. También el Congreso de Laicos 2020 marcó un impulso importante en la toma de conciencia de la corresponsabilidad del laicado en la vida y misión de la Iglesia.
En cuanto a la formación, estoy dedicando tiempo a releer y profundizar en algunos documentos clave del Magisterio sobre el laicado, la familia y la vida, como Apostolicam Actuositatem, Christifideles Laici o Amoris laetitia, así como en la Doctrina Social de la Iglesia. Todo ello, no de manera teórica, sino buscando cómo ilumina la realidad concreta que viven hoy los laicos y las familias en España.
Además, considero fundamental escuchar: a las familias, a los movimientos y asociaciones, a los agentes de pastoral y a quienes trabajan en ámbitos como la educación, la bioética o la acción social. Esta responsabilidad no se puede vivir de forma individual, sino en equipo y en actitud de aprendizaje continuo.
En definitiva, más que una preparación solo académica, estoy intentando vivir una preparación espiritual y eclesial, dejándome acompañar por la experiencia reciente de la Iglesia y por la realidad concreta de nuestro pueblo, para poder servir mejor a la misión que se me confía.
-Para fomentar una verdadera corresponsabilidad de los laicos es fundamental pasar de las ideas a procesos concretos. En primer lugar, seguir impulsando y animando para que en las diócesis existan espacios reales de participación y discernimiento compartido, en línea con el camino sinodal que la Iglesia está viviendo. No se trata solo de consultar, sino de integrar a los laicos en la planificación pastoral y en la toma de decisiones, reconociendo su vocación y sus carismas.
En segundo lugar, vemos clave la formación. Es necesario ofrecer itinerarios formativos accesibles y sólidos, que integren fe, vida y compromiso social, apoyándose también en la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia. En este sentido, documentos como Christifideles Laici o Evangelii gaudium siguen siendo una referencia para entender la misión de los laicos en el mundo.
Un tercer ámbito es el acompañamiento: necesitamos formar y sostener a laicos que ya están presentes en la vida pública —en la política, la cultura, la educación, la economía— para que vivan su fe con coherencia y espíritu de servicio. Aquí la Iglesia debe estar cerca, no para sustituirlos, sino para animarlos y sostenerlos.
Además, queremos favorecer la creación de redes y espacios de encuentro entre laicos de distintos ámbitos, que permitan compartir experiencias, generar iniciativas y tener una presencia pública más significativa en la sociedad.
Todo esto en continuidad con lo vivido en el Congreso de Laicos 2020 y con el impulso del Sínodo de la Sinodalidad, que nos han recordado que la comunión y la misión van siempre unidas.