Religión en Libertad

Así ayuda hoy santo Tomás a no rendirse al relativismo

Un libro que presenta a un santo Tomás cercano, contado en anécdotas, cuya libertad humilde y amor a la verdad pueden despertar también al lector de hoy. 

Santo Tomás de Aquino, visto por D. José Ángel García Cuadrado a través de las anécdotas que revelan su genio humilde y su modo cristiano de pensar.

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En estos años la Iglesia vive el triple jubileo de santo Tomás de Aquino: se cumplen 700 años de su canonización, 750 de su muerte y 800 de su nacimiento, una oportunidad providencial para redescubrir a un gigante de la fe y de la razón que sigue incomodando al relativismo dominante.

Con ese telón de fondo, el profesor José Ángel García Cuadrado, de la Universidad de Navarra, firma junto con Lucas Pablo Prieto el libro “Un genio atemporal. Santo Tomás de Aquino, una inspiración para remar contracorriente en la era del relativismo” (Ediciones Palabra), pensado para un público amplio que no se conforma con lo políticamente correcto y quiere aprender a pensar con libertad.

Lejos de ser un tratado técnico solo para especialistas, la obra recorre las anécdotas más significativas de la vida del Aquinate. Dibuja a un fraile manso y humilde, apasionado por la verdad, capaz de dialogar sin miedo con Aristóteles y con pensadores de otras religiones. Rompe prejuicios y se adelanta, siglos atrás, a muchas discusiones actuales sobre libertad y dignidad humanas.

En esta entrevista, García Cuadrado explica por qué aquel “buey mudo” del que habló san Alberto Magno sigue “mugiendo” con fuerza ocho siglos después. Además, explica cómo el realismo de santo Tomás, su equilibrio entre tradición y novedad y su búsqueda incansable de la verdad pueden ayudar hoy a cristianos y no creyentes a bracear en la confusión relativista sin rendirse a ella.

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El sacerdote y profesor José Ángel García Cuadrado, coautor de "Un genio atemporal. Santo Tomás de Aquino, una inspiración para remar contracorriente en la era del relativismo".

-¿Qué les llevó a escribir un libro sobre santo Tomás de Aquino precisamente desde su dimensión más humana y no solo desde su grandeza intelectual?

-Los autores de este pequeño libro queríamos sumarnos a las celebraciones del triple jubileo de santo Tomás de Aquino (2023-2026), que conmemora los 700 años de su canonización (1323), 750 de su muerte (1274) y 800 de su nacimiento (1225). Las publicaciones sobre el pensamiento del Doctor Angélico son muy numerosas y hay ya buenas biografías muy bien documentadas. Por eso nos propusimos presentar una obra dirigida a un público muy amplio, a mitad de camino entre la biografía y la doctrina. Nos propusimos que, a partir de las anécdotas, lograr esbozar los rasgos más sobresalientes de una figura ciertamente genial que ha influido decisivamente en el pensamiento y en la historia.

-En el subtítulo se habla de “remar contracorriente en la era del relativismo”. ¿En qué sentido santo Tomás puede seguir siendo hoy un referente para quien quiere pensar con libertad y no limitarse a lo políticamente correcto?

-En nuestros días hay un gran interés por “estar al día” en las noticias, libros, ideas, etc. Es lógico este interés, pues la vida humana, como toda existencia, supone crecer y seguir conociendo: el estancamiento vital supone la muerte. Pero cuando el anhelo de estar al día sucumbe al deseo de pensar por sí mismo para opinar como opina la mayoría según lo políticamente correcto, la vida intelectual se vuelve irrelevante. Si Tomás de Aquino ha pasado a la historia es precisamente por no repetir mecánicamente las ideas del momento, por atreverse a pensar libremente y mantener con persuasión sus ideales. No fue un revolucionario violento ni un rebelde sin causa frente a la sociedad de entonces, pero rompió con viejos prejuicios, como el paganismo de Aristóteles: él se atrevió a leerlo con profundidad, sin obviar los desafíos que planteaba a la cultura cristiana. Amaba la verdad hasta las últimas consecuencias y, por eso, siendo un hombre manso y humilde, con un pensamiento proyectado a largo plazo, ha logrado influir en lo mejor de la tradición occidental. Por otro lado, su humildad intelectual le llevaba a no considerarse como el único poseedor de la verdad, como un depósito ya cerrado: siempre dispuesto a acoger la verdad, viniera de donde viniera, porque siempre es fruto del Espíritu Santo.

-San Alberto Magno dijo de él que era un “buey mudo” que acabaría haciendo resonar su doctrina en todo el mundo. Ocho siglos después, ¿qué tiene Tomás que sigue interpelando con tanta fuerza a un hombre rodeado de escepticismo y relativismo?

-Un filósofo contemporáneo afirmaba que las grandes cuestiones filosóficas (Dios, la verdad, la justicia, la libertad) pueden ser echadas por la puerta con una patada, pero vuelven a entrar por la ventana. No nos podemos desembarazar tan fácilmente de Dios o de la verdad. El pensamiento no sujeto a modas vuelve a presentarse de manera tozuda al hombre. Por ejemplo, quizás nunca se ha exaltado tanto la libertad como ahora, cuando el agnosticismo, el escepticismo o el relativismo campan a sus anchas. Pero ya san Juan Pablo II advertía: «Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente» (Fides et ratio, 90). Santo Tomás buscaba y amaba la verdad, sin detenerse en su búsqueda, porque solo ella es capaz de orientar auténticamente la libertad: y esto sigue siendo actual. Otra idea que ha calado en la cultura moderna es el valor y dignidad del hombre: la tradición tomista de la Escuela de Salamanca, con Francisco de Vitoria a la cabeza, sacó todas las consecuencias a esta verdad, antes incluso que la modernidad ilustrada. ¿Por qué seguir ignorando la influencia de la tradición cristiana (y tomista) en la doctrina de los derechos humanos? En última instancia, sin Dios, la misma idea de dignidad se acaba convirtiendo en un mecanismo de autoexaltación de la especie humana, como denunció a principios del siglo XXI un filósofo postilustrado.

-En el libro aparecen anécdotas de su vida que ayudan a entender mejor su personalidad. ¿Cuál le parece la más reveladora para descubrir al hombre que hay detrás del ilustre teólogo y Doctor de la Iglesia?

-En el libro se narran las anécdotas más conocidas de la vida de santo Tomás: a unos lectores les “resonarán” en su interior unas más que otras. He de reconocer que cada una de esas escenas recogidas en el libro nos ha interpelado con fuerza de una u otra forma. Las reacciones de Tomás de Aquino rompen con los moldes establecidos en la Edad Media y también en la actualidad: en ese sentido, siguen siendo inspiradoras la tozudez para defender su vocación religiosa, su inocencia para creer en la palabra de un hermano dominico (en la anécdota del buey volador), o su aparente distracción de la cháchara insustancial mientras encara con toda su potencia intelectual los argumentos contra los maniqueos durante la cena que le ofrece el rey de Francia.

-Santo Tomás no fue un pensador acomodado a las modas de su tiempo. ¿Qué puede enseñar hoy a los cristianos –y también a los no creyentes– sobre la valentía intelectual y el amor a la verdad, incluso cuando va a contracorriente?

-Un seguidor del pensamiento de Tomás de Aquino es considerado hoy en día como un “conservador” o “tradicional”, defensor a ultranza del orden establecido. Pero la vida de Santo Tomás no fue así: sin la frivolidad de quien busca la novedad por la novedad ni la ingenua prepotencia del que “yo sé más” que los que me han precedido, Tomás nunca tuvo miedo a la verdad, al debate, a buscar la pizca de verdad que pudiera hallarse en los paganos, musulmanes o judíos. Cultivó un estudio riguroso de la tradición patrística, respetándola con reverencia, pero con humildad supo llegar mucho más lejos que los Padres. En su pensamiento se encuentra una admirable armonía entre tradición y novedad, un equilibrio muy difícil de encontrar entre lo viejo y lo nuevo. Por eso, también para los no creyentes es una referencia imprescindible para buscar la verdad incansablemente. En este sentido, la conversión (filosófica) del filósofo Anthony Flew (el ateo más famoso del mundo) es paradigmática: su desembarco en el deísmo fue un proceso dilatado en el tiempo, honesto y comprometido con la verdad.

-¿Cree que el tomismo puede volver a ser una herramienta fecunda en la universidad, en la cultura y en el debate público actual, y qué esfuerzos habría que hacer para que se entienda su propuesta ocho siglos después?

-Chesterton publicó un ensayo biográfico sobre Santo Tomás, una de las mejores obras sobre el tomismo. Para este autor, la propuesta de Tomás es profundamente “realista”, pegada al terreno de lo humano. Ese realismo le llevará a estudiar a todo tipo de filósofos y dialogar con ellos para hallar una verdad que nos trasciende, pero que es capaz de sostener una convivencia pacífica. La verdad siempre tiene futuro y siempre es actual. Ciertamente, los tomistas actuales debemos hacer un esfuerzo para hacer comprensible a Tomás ocho siglos después, sin traicionar el núcleo de su doctrina metafísica, antropológica o moral. Sencillamente, el tema de la verdad siempre está de moda: sin verdad, la cultura deja de ser creativa para encerrarse en relatos de ciencia ficción; sin verdad, el debate público se convierte en un diálogo de sordos en donde impera la ley del más fuerte, que muchas veces se mueve por intereses inconfesados; sin verdad, la historia se acaba convirtiendo en el relato demagógico para denigrar a los que no piensan como yo.

-Si tuviera que resumir en una sola idea por qué merece la pena volver a Santo Tomás hoy, en medio de tanta confusión cultural, ¿cuál sería esa idea que usted no querría que el lector olvidara?

-Como afirmaba el cardenal Ratzinger, Dios es lo más real; lo demás es contingente, prescindible, efímero. Por eso, la pregunta sobre Dios que Tomás de Aquino comenzó a hacerse desde muy pequeño apunta al núcleo del sentido de la vida. Podemos estudiar muchos aspectos de la doctrina de Santo Tomás: su metafísica, su teoría del conocimiento, su concepción del hombre, su doctrina sobre la ley moral natural, etc. Pero antes o después, de una manera u otra, nos hallaremos ante la pregunta sobre Dios: no una idea más o menos abstracta, sino una realidad totalmente personal que, con su sabiduría infinita, se halla presente en la historia humana de manera misteriosa, pero providente.

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