Religión en Libertad

Jesús revela a Nicodemo el misterio del nuevo nacimiento bajo la luz cuaresmal del Corazón Sagrado

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Es preciso nacer de nuevo, como Jesús le dice insistentemente a Nicodemo en el Evangelio de Juan (Jn 3,1-21), y esto solo se consigue dando a Dios toda la prioridad absoluta, porque solo Él posee la compasión y misericordia suficientes —equiparables a su justicia perfecta— para renovar por entero nuestra vida. Dios nos llama con paciencia inagotable desde su misericordia, siendo el primero que respeta nuestra libertad, aunque tantas veces nos esclavicemos con dependencias, búsquedas vanas o distracciones que no llevan a ninguna parte, ni a nuestro desarrollo íntegro y cabal como personas. La Cuaresma 2026 nos invita a prepararnos de la mano de la ascética y la mística, recorriendo estos cuarenta días no de forma teórica, sino limando las asperezas y aristas de nuestra mezquindad, falta de entrega total a la causa del Evangelio, para que el rostro de Jesucristo se configure más en nosotros mediante la cristificación por su gracia.

Es mucho más fácil estar atentos a la pantalla del móvil, del ordenador o de la televisión que pendientes de lo que Dios quiere de nosotros en el hermano, en la oración, en los sacramentos y en la adoración eucarística. Este es el momento de despertar, de conocernos mejor para entregarnos sin doblez en el corazón, de decidirnos a ser ayudados por la Gracia de Dios para caminar en la luz y no en las sombras, sin encender dos velas —una a Dios, Verdad y Bien, y otra al diablo o a nuestro propio yo, donde habitan la limitación, la insatisfacción, la mentira, la apariencia y el mal—.

San Agustín nos exhorta en su Sermón 218A: «Despojaos del hombre viejo y revestíos del nuevo», no despojándonos del cuerpo, sino cambiando a una vida más santa mediante el ayuno, la oración y la limosna que vencen la pereza espiritual y la soberbia. Santa Teresa de Ávila añade con claridad en sus "Dichos de Luz y Amor": «Darse del todo al Todo, sin hacernos partes», porque el amor verdadero a Dios exige una entrega total para contentarle en todo. ¿Por qué dejamos que algo ajeno a Dios conquiste nuestro corazón? ¿Es nuestro miedo a entregarnos por completo, conservando una falsa independencia y libertad? Pero la verdadera libertad es fruto de la verdad, y la Verdad es Jesucristo mismo.

¿Qué nos detiene para darnos a Él del todo? ¿Qué parte de nuestra humanidad, herida por el pecado, la incapacidad, la comodidad o la dejadez, no puede ser ese poco que Dios necesita para obrar una gran obra? San Juan Pablo II nos impulsa en su Mensaje para la Cuaresma 1999: «Iniciemos con confianza el itinerario cuaresmal, con oración más intensa, penitencia y atención a los necesitados».

El Papa León XIV, en su Mensaje para la Cuaresma 2026 «Escuchar y ayunar: tiempo de conversión», nos llama a afinar el oído hacia Dios y los pobres, a un ayuno que purifique la lengua de palabras hirientes y edifique la civilización del amor en comunidad. En medio de crisis globales como los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán —que han matado a su líder supremo y avivan el riesgo de guerra regional en Medio Oriente—, junto a tensiones en Europa del Este y Asia, estos hechos nos urgen a mirar desde la fe, orando por la paz verdadera y siendo testigos de esperanza en Cristo, como dice San Pablo: «Si no desfallecemos, cosecharemos a su tiempo» (Gál 6,9).

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