Chiara Curti: "Gaudí fue un hombre que aprendía cada día, un genio movido por el amor"
Autora de la biografía de Gaudí en Historia National Geographic.
Chiara Curti, la arquitecta que desvela al Gaudí del amor concreto y el aprendizaje continuo, frente al faro de fe que es la Sagrada Familia.
El papa León XIV recibió recientemente de manos del cardenal Juan José Omella la edición especial coleccionista de Historia National Geographic dedicada a Antoni Gaudí.
En sus 200 páginas —que celebran el Año Gaudí y el centenario de la muerte del arquitecto— se incluye una biografía inédita firmada por Chiara Curti, reconocida especialista en su vida y su obra. Aquella imagen del pontífice sosteniendo la revista, publicada por L’Osservatore Romano, fue mucho más que un gesto simbólico: un signo de cómo el genio de Gaudí sigue iluminando la Iglesia y dialogando con la sensibilidad espiritual de nuestro tiempo.
Arquitecta formada en el Politécnico de Milán y doctora por la Universidad CEU San Pablo, Chiara Curti lleva más de dos décadas consagrada al estudio del "arquitecto de Dios". Ha trabajado en la restauración de la cripta y del Portal de la Fe de la Sagrada Familia y es autora de varios libros y exposiciones internacionales sobre su legado. Su mirada, alejada del mito del genio solitario, revela a un Gaudí profundamente humano, unido a sus colaboradores por una trama de afectos y sostenido por una fe que encontraba su expresión natural en la belleza.
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En esta entrevista, Chiara Curti nos invita a redescubrir al Gaudí interior, al hombre que —como ella afirma— "no fue siempre el mismo, sino que creció escuchando, probando y corrigiendo". Habla de la Sagrada Familia como "un faro para el mundo" y del arquitecto como un aprendiz constante de Dios, capaz de transformar el asombro en arte y la caridad en piedra viva.
-Más que de su personalidad, ha llegado el momento de ir al fondo de su persona. Del Gaudí público se han contado muchos perfiles: el hombre de fe; el arquitecto; el patriota catalán; el investigador de la geometría reglada; el observador musical de la forma, y otros. Pero todo eso no son “Gaudís” distintos: es un solo hombre.
»Lo menos conocido, a mi juicio, es esa unidad interior en movimiento. Gaudí no fue siempre el mismo: creció. Y creció con método: escuchando, probando, corrigiendo. Tenía talentos y curiosidad; sobre todo, una capacidad poco celebrada hoy: aprender cada día. Su obra —también la más compleja— nace de ese aprendizaje continuo, humilde y concreto, en contacto con la realidad y con las personas.
-Quien decía de él que era un hombre solitario, sencillamente no le conocía. A menudo se le juzgaba por el aspecto o por alguna salida que había incomodado al interlocutor. Pero quienes convivieron con él hablan de un hombre cercano.
»Creo que la palabra de orden de Gaudí con las personas era la caridad, es decir, un amor concreto. Lo que más llama la atención es que su círculo no refleja la sociedad de la época: lo forman personas unidas por el afecto, sin distinciones decisivas de rango.
»Hoy vivimos en una sociedad polarizada, donde todo se clasifica y se juzga.
»También la época de Gaudí fue compleja y convulsa. En ese clima, él sostuvo una forma de convivencia basada en el amor; el amor del que habla san Pablo: “Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Gaudí, viviendo en ese amor, muestra algo esencial: las obras bellas no se levantan solo con talento o técnica, sino en una trama de afectos. Su genialidad se puede reconocer como una forma de amor.
Chiara Curti y Pere Vivas en la presentación de "Mi Gaudí. La biografía escrita por sus amigos", retrato coral del arquitecto unido por afectos y caridad.
-Un faro para la ciudad de Barcelona, que se iluminara en las noches de las grandes festividades. Gaudí imagina una catedral para el mundo entero. Un mundo que, ya en su época, empezaba a dar señales de pérdida de fe: la devoción se iba reduciendo a gestos, sin implicar la vida.
»Gaudí quiere devolver la cruz de Cristo al centro de la vida. Al centro del espacio y del tiempo. De un lado, la Sagrada Familia se sitúa en el centro geométrico de la ciudad y por otro, concibe que el templo se ilumina a lo largo del año en las noches de las grandes solemnidades. Como en la liturgia de la Noche de Navidad, o en la Vigilia Pascual, cuando en la oscuridad del templo la luz irrumpe y lo transforma: así Gaudí imagina que la ciudad entera pudiera hacerse templo y que fuera la Cruz a borrar las tinieblas.
'La Sagrada Família, Catedral de la Luz', de Chiara Curti: el templo que Gaudí concibió como faro de fe para el mundo entero.
-La delicadeza y la ternura. La delicadeza porque he hecho experiencia de la cantidad infinita de relaciones y detalles que Gaudí estudiaba para la más mínima parte que fuera y la ternura de permitir a cada persona, en el caso que me preguntas, a cada trabajador que conmigo realizó estas intervenciones. De ver cosas que tenían relación con sus propias vidas.
-Gaudí nunca quiso hacer una escuela “gaudinista”. Él mismo vio pasar de moda el Modernismo. Había estudiado a fondo la historia de la arquitectura y sabía que cualquier estilo pasaría de moda. Lo único que pidió a los jóvenes arquitectos que le ayudaban —los que después se declararon “discípulos de Gaudí”— fue que se asociaran a la Conferencia de San Vicente de Paúl. Su legado fue de vivir en la caridad.
-El asombro. Gaudí fue un hombre que vivió en el asombro y, con su obra, quiso devolver la maravilla a un mundo desencantado. “Vivo rodeado de maravillas de todo tipo”, habría contestado a una señora sorprendida al ver su cama en la Sagrada Familia.
»Su léxico tiene una raíz franciscana. Gaudí y san Francisco; la Sagrada Familia y el Cántico de las criaturas. Gaudí ama la naturaleza porque la entiende como imagen de Dios. Corregía a quien decía “naturaleza”, pidiendo que dijera “creación”, remitiendo así al Creador.
»Creo que el “bosque” interior de la Sagrada Familia transforma a cualquiera que entra con el corazón sincero.
-Algo más sencillo y más verdadero. Creo que nuestro arzobispo, mons. Omella quiso hacer un regalo al Santo Padre pensando en su posible viaje y pensó en la edición especial de National Geographic. De la revista, soy la autora de la biografía y mi mirada fue un acercamiento más íntimo a la persona de Gaudí.
»Pero la fotografía no se tiene que malinterpretar como un gesto simbólico. Al Santo Padre lo fotografían en cada encuentro que hace, y allí se estaba encontrando con nuestro cardenal, que le estaba haciendo un regalo. Dentro de esta historia soy la más pequeña y, como todas las “niñas pequeñas”, me he sentido muy mimada.
Descubre la vida y obra de Antoni Gaudí a través de los ojos de la arquitecta Chiara Curti, especialista en el genio catalán. Un número extraordinario de 200 páginas con imágenes inéditas y anécdotas personales que te llevarán a un viaje íntimo y único por la vida y la obra de Gaudí.
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