La palabra que sana
Acompañar en la enfermedad con corazón.
José Carlos Bermejo Higuera, religioso camilo y director del Centro San Camilo, experto en humanización de la salud y profesor universitario.
En un mundo que a menudo prioriza la eficiencia sobre la humanidad, José Carlos Bermejo nos recuerda la importancia de la escucha y la compasión en el cuidado de los enfermos. Con su libro, en su segunda edición, "Empalabrar la enfermedad. Para visitar al enfermo", Bermejo nos invita a reflexionar sobre la forma en que nos relacionamos con aquellos que sufren, y nos ofrece herramientas prácticas para humanizar el cuidado y el acompañamiento.
Como director del Centro de Humanización de la Salud y con una amplia experiencia en la enseñanza y el cuidado de pacientes, Bermejo nos muestra cómo la palabra y la escucha pueden ser poderosas herramientas para sanar y transformar la realidad.
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-La escucha es una de las caricias más importantes que nos podemos dar los seres humanos. Con ella nos regalamos interés, hospitalidad, acogida. Con la escucha permitimos que se acorten las distancias que nos separan a las personas. En situaciones de malestar y sufrimiento, la escucha nos permite provocar la narrativa y con ella nos liberamos y desahogamos, ponemos orden y buscamos un ancla de esperanza, un agarradero, una luz para superar, en lo posible, los males.
»La palabra es un regalo muy serio que nos podemos dispensar cuando escuchamos. La palabra prudente, la que hace eco de lo comprendido, la que ayuda a poner orden, la que no es hueca ni responde a frases hechas, sino humilde y creativa, construye un puente con el otro y nos permite caminar juntos. La palabra es medicina o, si no es sincera o está cargada de violencia, puede hacer mucho daño, herir, humillar, aumentar el malestar.
-La humildad es una virtud que humaniza el encuentro. Cuando la vivimos, experimentamos una relación horizontal que nos facilita el encuentro, que nos abre al otro, distinto, que tiene sus dificultades, pero también sus recursos. El orgullo es enemigo de la confianza en la comunicación. Visitar al enfermo y cuidarle requiere mucha sencillez en la relación, mucha horizontalidad. Para cultivar la humildad sencillamente hay que entrenarse y practicarla. Es muy útil tomar conciencia del modelo de comunicación que utilizamos, la cantidad de imperativos que usamos en nuestras frases, el tono de voz, el uso de la mirada. La humildad genera no solo confianza en aquel a quien deseamos ayudar, sino también satisfacción por compasión en el que escucha.
-La empatía es una actitud y, como tal, tiene un componente cognitivo, uno afectivo y uno conductual. Requiere voluntad, en primer lugar, deseo de comprender la experiencia ajena sin querer cambiarla necesariamente, sino con disposición a la hospitalidad. La conexión emocional nos facilita captar el mundo más subjetivo, de los sentimientos y significados que habitan al otro. Pero la empatía se tiene que traducir en palabras y gestos, en conducta, en atestiguación empática. A esto se puede aprender, utilizando técnicas de escucha activa, reformulación y personalización. Las acciones formativas en counselling o relación de ayuda son muy potentes en el aprendizaje de la actitud empática y su desarrollo. La empatía es el requisito de la compasión. Eso sí, ha de usarse para hacer el bien y regulando con tino la implicación emocional, manteniendo la justa distancia.
-Narrar la enfermedad, el sufrimiento, el dolor del duelo, ponerle palabras, empalabrarlo, ayuda al ser humano, porque nos permite empoderarnos, hacernos dueños de lo que nos pasa. La narrativa humaniza porque transforma la realidad de muda a dicha, y eso nos permite ser habitados, acogidos en el corazón de otra persona.
»Cuidar a un enfermo, visitarlo, ser profesional de la salud... requiere este ejercicio de fomento del uso de la palabra que sana, la que nombra la verdad, la que bautiza las emociones, la que tiene coraje de plantear preguntas y formular esperanzas dándoles nombre.
»Solo podemos "corazonar" a una persona si, poniéndonos en su lugar, usamos lo más específico que tenemos como seres humanos: la palabra para transformar la realidad, para hacerla nuestra, para expresar el modo personal como vivimos lo que nos pasa y los anhelos más hondos que nos habitan.
-El mensaje es este: poner el corazón en las manos cuando encontramos a alguien que sufre, cuando cuidamos a los enfermos o acompañamos a los dolientes. Preguntar por lo que necesitan y desaprender los modos de relación que suenen a juicio moralizante, a consuelo o tópico superficial, a retahíla de frases hechas o preguntas que convierten la relación en un interrogatorio y, con sencillez, con corazón, disponernos con toda la persona a caminar juntos en medio de la fragilidad y vulnerabilidad que nos caracteriza a todos.