La conversión de García Morente: un milagro de la gracia
El P. Montiu de Nuix desvela los secretos y misterios de la conversión del filósofo
El P. José Mª Montiu de Nuix quizás sea el mejor conocedor de la vida y pensamiento de Manuel García Morente.
La figura de Manuel García Morente es una de las más fascinantes de la intelectualidad española del siglo XX. Filósofo, educador y converso, su vida es un ejemplo de la búsqueda de la verdad y la fe. Miembro destacado de la Institución Libre de Enseñanza, un movimiento que buscaba renovar la educación en España bajo la influencia del krausismo y la masonería, García Morente experimentó un cambio radical en 1937 al convertirse al catolicismo, y posteriormente se ordenó sacerdote en 1940.
En su nuevo libro, "García Morente: secretos y misterios", el sacerdote y filósofo José María Montiu de Nuix nos invita a descubrir los entresijos de esta transformación, que llevó a García Morente de ser un crítico de la Iglesia católica a convertirse en un apasionado defensor de la fe.
A través de la vida de este pensador, el P. Montiu de Nuix nos muestra cómo la gracia puede transformar a un hombre y llevarlo a descubrir la verdad, y nos revela los detalles más íntimos de su conversión, un verdadero milagro de la gracia.
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-Me alegro mucho de que me haga esta pregunta, pues se trata de un tema apasionante, que puede aplicarse a muchas cuestiones de máximo interés y de vibrante actualidad.
»En 1908 Manuel García Morente se hizo de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Esta entidad fue fundada en 1876 por profesores krausistas, entre los que estaba Francisco Giner de los Ríos. La escuela krausista española, a su vez, había sido fundada por el krausista Julián Sanz del Río, autor del libro “El Ideal de la Humanidad. Especialmente para masones”, que la Iglesia católica incluyó en el índice de libros prohibidos. El filósofo Krause (1781-1832), que, como es sabido, en abril de 1805 se había iniciado en la logia masónica “Arquímedes de los tres Tableros”, fue expulsado de la masonería en 1810 por revelar secretos masónicos. Sin embargo, su corazón, siguió muy ligado a la masonería. Así se comprende que en 1881 su nombre fuera inscrito en el Libro de oro masónico. En 1931, la gran logia de Prusia calificó a Krause como “el pensador y configurador más grande de la filosofía masónica”. En este punto resulta muy importante retener dos cosas. Esto es, que la ILE tiene orígenes krausistas y que Krause tuvo una grandísima importancia en la masonería.
»Para Krause, la masonería es la gran educadora de la humanidad. Según él, la masonería es el arte de educar puramente, y polifacéticamente, al hombre como hombre y a la humanidad como humanidad. Dicho en otras palabras, se trata de excluir de la educación del ser humano toda sobrenaturalidad, toda acción de Dios. Pues, por la expresión “el hombre como hombre”, o el “puro hombre”, lo que entiende es el hombre sin que Dios intervenga en él. Es el naturalismo aplicado a la educación. En cambio, para la religión católica, la vida humana y, en particular, la educación, no ha de ser una autoconstrucción meramente humana, sino que ha de estar elevada por la actuación de Dios, por la gracia divina. Así pues, la Iglesia católica y el krausismo defienden cosmovisiones diametralmente opuestas.
»Nos hemos topado así con una problemática de grandísima importancia. Esto es, la construcción del hombre, independientemente de Dios, ¿lleva a la construcción ideal del hombre o bien a su destrucción? ¿No fue acaso la libertad humana independiente de Dios lo que llevó a la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué resultados se pueden esperar de una educación de la juventud sin la religión sobrenatural? ¿Qué ocurre cuando de las escuelas se arranca a Cristo? La descristianización, ¿qué efectos tiene sobre la sociedad?
»Además, recuérdese que la llamada “muerte de Dios” lleva a la “muerte del hombre”.
»Pero, volvamos a Manuel García Morente. Para este pensador, y educador, únicamente las personas enfermas, intelectualmente inmaduras, a diferencia de los sabios, pueden aceptar la existencia de un conocimiento sobrenatural, así como una actuación sobrenatural sobre el ser humano. Así, en 1934, el leitmotiv de su filosofía consistía en hacer de esta una herramienta de la razón para una construcción —de la que se excluía toda fe y actuación sobrenaturales— de la sociedad y del saber. Es una filosofía cerrada a la fe.
»En una tal antropología, construcción puramente naturalista del hombre, se encuentra una huella del krausismo y de la masonería. El tema no puede ser más actual.
La razón cerrada: García Morente ante el ideal krausista-masónico (1908-1934).
razón contra la fe?
-Ciertamente, García Morente, pasó del Kulturkampf español, representado por la ILE, o lucha entre razón y fe, a reconocer la verdad de la fe sobrenatural.
»Como García Morente ha relatado en su estupendo, y tan recomendable libro, que es un auténtico clásico de la espiritualidad cristiana, titulado “El Hecho extraordinario”, fue precisamente un golpe de gracia, fulminante, lo que le hizo caer del caballo, haciéndole reconocer la divinidad de Cristo. Poco después, tuvo una experiencia, llamada el Hecho extraordinario, de encuentro interpersonal con Cristo.
Este título ya va por su cuarta edición.
»Fue una vivencia mística. Se había topado con algo que era una realidad sobrenatural, Cristo, y, también, con la fe sobrenatural en la divinidad de Cristo. Ello estuvo acompañado de plena conciencia de que ¡eso era la verdad! Ahora bien, la razón no puede negar la verdad. Luego, la razón no puede negar la verdad de la fe, que se le ha hecho patente y con la que se ha encontrado.
»La realidad es más amplia que la razón. La razón ha de estar abierta a toda la realidad. Lo que no es del campo de la razón no puede ser negado por la razón. La razón no puede negar la posibilidad de que Dios pueda actuar en la historia y pueda comunicar una revelación sobrenatural. La razón, pues, no puede negar la posibilidad de la fe sobrenatural, ya que ella está más allá del dominio de la razón. Sería irracional que la razón negara la fe. La razón, en definitiva, ha de estar abierta a la fe. Una vez ha sabido que la fe católica es la verdad, sabe que la razón no puede negarla, pues una verdad no puede negar a otra verdad.
»Resulta muy significativo que uno, -García Morente-, que era, a la vez, uno de los grandes de la ILE, el mejor discípulo de José Ortega y Gasset, etc., se convirtiera, en 1937. Él mismo manifestó su rechazo a los errores intelectuales de su pasado: “He vivido sin Dios y ahora me parece que entonces estaba como muerto”. Siempre que vuelvo la mirada hacia mi vida, “me da un pellizco el corazón y se me nubla la vista. […]. Y […] ¡Qué horror! La fe perdida, la soberbia de un pensamiento autónomo construyendo sistemas del Universo sin Dios o, lo que es lo mismo, con un Dios que de Dios solo tiene el nombre”. Y, encima, por si fuera poco, haberse convertido a la religión cristiana, en 1940 fue ordenado sacerdote católico. Pero hay mucho más. Pues, fue un gran sacerdote católico, muy modélico, y muy enamorado de Cristo, tal podría ser beatificado. Falleció en 1942. Han dado un gran testimonio de su alta espiritualidad personalidades de la talla de Monseñor Leopoldo Eijo y Garay, Obispo de Madrid-Alcalá, y el arzobispo, cofundador de una congregación religiosa, hombre de dimensión mística, amigo de san Josemaría Escrivà de Balaguer, y Venerable, Monseñor José Mª García Lahiguera.
El Hecho extraordinario: García Morente iluminado por la gracia, del racionalismo krausista a la fe tomista (1937).
-Como es natural, la evolución intelectual del converso García Morente fue paulatina. La última fase de su vida fue la de un filósofo tomista en sentido amplio, no la de un filósofo de escuela. En el legado intelectual de este ilustre pensador está claramente marcada la dirección para aquellos que quieran seguir el camino iniciado por él. Esto es: id a Tomás.
»Resulta importante notar que parece increíble el hecho de que García Morente, uno de los filósofos españoles más importantes del siglo XX, que había estado tan alejado de la fe, y del pensamiento escolástico, llegara a ser seguidor sincero del pensador católico más grande de todos los siglos, el sabio de los sabios, santo Tomás de Aquino. Pero, aquí, lo increíble, se convirtió en realidad. Se trata de un milagro de la gracia, operado en una persona dotada de un grandísimo talento intelectual. En ello se muestra también lo profundísima que fue su conversión. Pues, además de cambiar fortísimamente su corazón, que devino el de un gran enamorado de Cristo, cambió también muchísimo su mente.
-García Morente, de la mano de Bergson y de los fenomenólogos Husserl y Scheler, superó el idealismo de Kant, que tanto le había influido. Lo realmente interesante no era quedar encerrado en el yo como en una prisión, sino la vuelta a las cosas, la verdad.
»Las cosas han de verse con profundidad metafísica. García Morente, con José Ortega y Gasset, trabajó en una metafísica de la vida, aunque tenía fuertes limitaciones. En efecto: estaba cerrada al conocimiento de Dios. Finalmente, con la metafísica tomista llegó el vuelo del águila, el conocimiento de la realidad más profunda, el saber sobre Dios.
-Esta obra, el libro más importante que he escrito sobre este pensador, contiene muchas e importantes novedades sobre García Morente y sobre los círculos intelectuales con los que estuvo relacionado. Se trata de una aventura realmente apasionante, muy interesante. Es imposible resumirlo en pocas palabras. Aquí, pues, solo aportaré algunas pinceladas sobre algún punto.
»Llama mucho la atención la impresionante evolución de García Morente. Cabe, pues, plantearse: ¿qué es lo que realmente le ocurrió?
»El no converso García Morente tuvo siempre algunos valores importantes que lo hacen, simpático a los ojos cristianos. Así, cuando su inteligencia le decía que no podía existir una providencia divina, su corazón quería abrazarla, y soñaba sentimentalmente con la maravilla de Dios. Cuando no creía en la divinidad de Cristo, admiraba la grandeza de Cristo hombre, el descubridor del amor. Cuando no creía en el mensaje de la Iglesia católica, estaba encantado de que su yerno, como buen católico, viviera la pureza. También estaba contento de tener en su claustro de profesores a sacerdotes como Xavier Zubiri y Zaragüeta, ya que los consideraba hombres sabios.
»Sin embargo, profundizar en García Morente y en sus ambientes intelectuales permite ver que, antes de su conversión, su distanciamiento “intelectual” de la religión católica fue mucho mayor de lo que pudiera parecer a primera vista, lo que hace que su conversión sea aún más admirable y que sea posible apreciar lo que ella realmente fue.
»También resulta interesante constatar que su trayectoria fue bastante diferente de la de algunas personalidades de sus círculos. Así, no fue republicano. Pero, Nicolás Salmerón y Manuel Azaña fueron presidentes de la República. No fue político. Pero, Segismundo Moret fue presidente del Consejo de Ministros de España. García Morente se dedicó mucho a las tareas de investigación y universitarias, incluyendo su labor como decano, en vez de descender a las arenas públicas. Se mantuvo pues en un ambiente más sereno que pasional. En cambio, Luis Simarro y Augusto Barcia fueron Grandes Maestres del Gran Oriente Español. La guerra española causó roturas; estas afectaron también a la ILE, la cual estaba concebida como una minoría coordinada, que se encontraba ordenada a influir mucho sobre la nación española. García Morente, al igual que José Ortega y Gasset, para salvar la piel, hubo de exiliarse del Madrid de Azaña.
»García Morente, al igual que Gregorio Marañón, en el exilio francés, apoyaron al bando opuesto al de Juan Ramón Jiménez. García Morente terminó convirtiéndose, como también lo hizo Manuel Azaña, en el símbolo de la Segunda República Española. Durante la postguerra, García Morente, a diferencia de Julián Besteiro, volvió a la cátedra universitaria madrileña. Y, así, sucesivamente. Estas pinceladas sugieren ya algo especialmente importante. Esto es, que, a pesar de haber pertenecido a ciertos círculos, su personalidad conservó cierta singularidad, que la hacen única.
-Manuel García Morente fue, ante todo, un converso, que fue rescatado por la Santísima Virgen María. Devino un gran converso, un gran intelectual, un importante seguidor de santo Tomás, un gran sacerdote, un hombre bueno. Estaba fascinado por Cristo, maravillado por el pensamiento de santo Tomás, vibraba fuertemente delante del misterio del sacerdocio ministerial y de la Sagrada Eucaristía. ¡Cada vez que comulgo me dan ganas de morir! Su brazo había temblado dando la Sagrada Comunión a su hija.
»Se había acercado a la Sagrada Eucaristía, para comulgar, llorando por sus pecados. Su vida, además, representa la caída de lo que fue en España la presunta alternativa intelectual al catolicismo. En definitiva, García Morente representa un cambio de época en el panorama intelectual español.
»En esta entrevista he mencionado a la masonería. Por razones de claridad quisiera, antes de terminarla, manifestar que catolicismo y masonería son incompatibles.
»No se puede ser masón católico, ni católico masón. No hay nada más grande que la religión católica, ella es la verdad.