4 claves frente a nuestras cruces
Escribo esto siendo todavía sábado santo y justamente a propósito de ello. En la vida todos enfrentamos horas bajas, difíciles, llenas de incertidumbre y de oscuridad; sin embargo, la fe, la certeza de que Dios no nos deja de lado, termina por llevarnos a una espiritualidad marcada por la confianza, como es la de la cruz; aquella que inspiró a la beata Concepción Cabrera de Armida (1862-1937); especialmente, a través de la visión de la Cruz del Apostolado en 1894 y que nos presenta cuatro claves o líneas de acción para vivir las dificultades de forma sana. Se las comento a continuación:
Primera. Nadie es probado más allá de sus fuerzas (1 Co 10,13). Existe, por decirlo de alguna manera, una cruz a medida, de modo que Dios, consciente de nuestros límites, se los ha puesto al propio sufrimiento.
Segunda. Cuando existe una forma ética de eliminar un dolor o tipo de sufrimiento, hay que hacerlo, pues no seguimos una espiritualidad dolorista.
Tercera. Clavar en la cruz nuestras dificultades y pecados. Por “clavar”, quiero decir asumir nuestra realidad.
Cuarta. No olvidar el valor de ofrecer nuestras cruces al Padre, en unión con Jesús, como acción sacerdotal en favor del mundo, de la realidad, de los demás.
Las cuatro claves anteriores nos permitirán vivir la Espiritualidad de la Cruz de forma realista y abrirnos a la acción del Espíritu Santo. Con él, cualquier dificultad, por pesada que sea, adquiere otro tono y amplía nuestra capacidad de ser felices en lo que llegamos a la felicidad definitiva.