FIDES ET RATIO
Ateismo y Edad de Plata: Victoria Díez y Bustos de Molina
Hace 90 años que esta maestra, formada y que ejerció su profesión durante la Edad de Plata, fue brutalmente asesinada por soldados ateos del Ejército del Frente Popular.

La beata Victoria Díez y Bustos de Molina, maestra de la Edad de Plata, fusilada confesando su fe con tan solo 33 años de edad, rodeada de alumnas
La Ley de Memoria Democrática 20/2022 indica que debe hablarse de las víctimas olvidadas de la Guerra Civil. Al definir las víctimas, se señala que:
«A los efectos de esta ley se considera víctima a toda persona, con independencia de su nacionalidad, que haya sufrido, individual o colectivamente, daño físico, moral o psicológico, daños patrimoniales, o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que constituyan violaciones de las normas internacionales de derechos humanos y del derecho internacional humanitario durante el periodo que abarca el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la posterior Guerra y la Dictadura, incluyendo el transcurrido hasta la entrada en vigor de la Constitución española de 1978».
Victoria Díez y Bustos de Molina nació en Sevilla el 11 de noviembre de 1903 y murió en Hornachuelos (Córdoba) el 12 de agosto de 1936, asesinada por soldados ateos del Ejército del Frente Popular, luego a los efectos de la mencionada ley es víctima olvidada que ha de ser recordada. Hija única de José Díez Moreno, de Cádiz, escribiente y apoderado de una casa comercial de Sevilla, y de Victoria Bustos de Molina, ama de casa, sus cualidades artísticas la llevaron a cursar seis años en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla. Pero su vocación principal era la docencia, por lo que entre 1919 y 1923 y apoyada firmemente por sus padres, devotos católicos, realizó los estudios de magisterio y obtuvo el título en la Escuela de Magisterio de Sevilla, todo durante la Edad de Plata.
Se quedó en Sevilla preparando oposiciones y dando clases en la Academia-Internado. Tras aprobarlas en 1927, fue destinada a Cheles (Badajoz), donde solo estuvo un curso. Allí colaboró en la reedificación de la escuela , organizó la biblioteca, luchó contra el absentismo escolar, trabajó con grupos de niñas e incorporó innovaciones pedagógicas: y continuó con su innovador sistema pedagógico: gimnasia rítmica, clases al aire libre, excursiones a Córdoba y Sevilla, enseñanza de canto y pintura, cursos nocturnos para mujeres trabajadoras y una biblioteca para antiguas alumnas…todas ellas innovaciones propias del Regeneracionismo, de origen católico por cierto, desarrollado durante la monarquía parlamentaria confesional católica de Alfonso XIII y en absoluto patrimonio exclusivo de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Además ayudó a las familias necesitadas del pueblo y fue nombrada presidenta del Consejo Local del Pueblo, colaborando tanto con el ayuntamiento de derechas como con el posterior de izquierdas, llegando a ser secretaria de la Junta de Enseñanza.
El 13 de junio de 1928 recibió su nombramiento para Hornachuelos (Córdoba), donde ejercería los últimos ocho años de su vida. El 11 de agosto de 1936 fue detenida por soldados ateos del Ejército del Frente Popular, que la encerraron en una casa en la plaza del pueblo. A pesar de diversas gestiones para lograr su liberación, alegando todo lo que había hecho por el pueblo, etc. no se consiguió. En la madrugada del 12 de agosto, fue conducida junto con 17 hombres – incluido el párroco- a las afueras del pueblo para iniciar una marcha de 12 kilómetros sin retorno. En un caserón de la finca fueron sometidos a un juicio sumarísimo y condenados a muerte. Victoria, la única mujer, presenció la ejecución de sus compañeros, fusilados uno a uno ante un pozo de la Mina del Rincón. Cuando llegó su turno, le ofrecieron salvar la vida si gritaba «¡Viva el comunismo!», pero se negó y fue asesinada. En noviembre su cuerpo fue recuperado y enterrado en el cementerio de Hornachuelos, donde permaneció durante casi 30 años, hasta recibir sepultura definitiva. Quienes perpetraron tal crimen nos pretenden hacer creer sus herederos ideológicos que lo hicieron por defender la democracia respetando la legalidad internacional…A Victoria no le dieron la oportunidad de exiliarse, ni tiempo para ello: la llevaron al exilio de tantos, el asesinato y la fosa común, ahora llamado subtierro.
Victoria Díez y Bustos de Molina, fue además de maestra, catequista y miembro de la Institución Teresiana, llegando a correr la misma suerte que su fundador, san Pedro Poveda mártir, insignísimo pedagogo del que he hablado aquí en ReL, o la de Rufino Blanco, o la de María Luisa Frías todos ellos excelentes pedagogos de la Edad de Plata. Colaboradora de la Acción Católica, de ella diría san Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación, en : “Esta beata es un ejemplo de apertura al Espíritu y de fecundidad apostólica. Supo santificarse en su trabajo como educadora en una comunidad rural, colaborando al mismo tiempo en las actividades parroquiales, particularmente en la catequesis. La alegría que transmitía a todos era fiel reflejo de aquella entrega incondicional a Jesús, que la llevó al testimonio supremo de ofrecer su vida por la salvación de muchos”.
De ella diría el Cardenal Carlos Amigo Vallejo OFM, en 1993: “No, no fueron simplemente unas circunstancias determinadas -afirma-. Cuando Victoria Díez sufría el martirio, en la madrugada del 12 de agosto de 1936, el ejemplo que daba en esos momentos no era sino el testimonio de esa fe, fuerte y humilde, que había manifestado durante toda su vida. Pudo decir con sus labios lo que llevaba en lo más profundo de su alma. Si durante su vida había mirado solamente a Jesucristo, ahora bien podía ratificar con el martirio el compromiso, una y otra vez repetido: no volveré la cara al Señor. Victoria Díez sabía del precio que Cristo exige a quienes desean ser sus amigos. Por eso, y siguiendo el espíritu de Pedro Poveda y de la Institución Teresiana, deseaba ser consecuente con lo que sería la norma de su vida: ´creer bien y enmudecer no es posible´”.
Victoria cumplía todos los requisitos y más, para ser respetada en vida y homenajeada como pionera de la enseñanza en la Edad de Plata, algo que ni hizo entonces el ateísmo supuestamente democrático, ni hace ahora su historiografía. Nos dejó un sencillo diario que se publicó con el título “Cristo en primera fila”.