Martes, 03 de agosto de 2021

Religión en Libertad

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Ha muerto don José Díaz Rincón

¡Al Cielo don José!, con los Rivera y Antonio Montero...

por Victor in vínculis

JOSÉ DÍAZ RINCÓN ha fallecido a los 91 años. Isaac Martín, delegado del Apostolado Seglar en la Archidiócesis de Toledo recuerda en un artículo que había nacido en el pueblo toledano de «El Romeral el 1 de julio de 1930 en el seno de una familia muy humilde, tuvo una infancia carente de grandes alegrías. La guerra civil y sus terribles consecuencias, el hecho de tener que trabajar desde muy pequeño, la débil salud de su madre y el ser el mayor de entre sus hermanos le obligaron a renunciar a una de sus grandes pasiones: estudiar. Ello no le impidió, sin embargo, hacerse a sí mismo de la mano de algunos de los mejores maestros de la vida. Aprobó simultáneamente tres oposiciones. Oírle hablar en público era una delicia: la fuerza de su voz, la combinación con los gestos de sus manos, el manejo del lenguaje, la precisión en la expresión, el profundo conocimiento de la Biblia y de los textos del Magisterio de la Iglesia eran propios de un erudito. Leer los artículos que publicaba periódicamente en diferentes revistas y sus cartas, que seguía escribiendo incansablemente, no dejaba indiferente... Presidente diocesano de los jóvenes de Acción Católica, Presidente Nacional del Movimiento Rural Cristiano, Vicepresidente de la Federación Internacional de Movimientos de Adultos Rurales Católicos, miembro del Pontificio Consejo para los Laicos durante 9 años con san Pablo VI y san Juan Pablo II, son solo algunos datos que permiten comprender su servicio a la Iglesia, reconocido con la medalla Pro Ecclesia e Pontifice.».

La última (aunque seguro que tendrá muchas cosas escritas): El mayor regalo pascual

PN-1614-18-de-abril.pdf (architoledo.org)

El artículo completo de Isaac Martín

Muere José Díaz Rincón, un referente laico en la iglesia toledana (abc.es)

ANTONIO MONTERO CEBEIRA

Uno de los 464 mártires de la causa que la provincia eclesiástica de Toledo lleva desde 2016 la del siervo de Dios Antonio Montero Cebeira, militante de la Juventud de la Acción Católica Española, en Torrijos (Toledo), que alcanzó la palma del martirio el 13 de agosto de 1936, a los 25 años. Sobre él escribió don José Díaz Rincón una breve semblanza y reflexión. Dice en la portada: Un joven seglar, responsable, evangelizador y mártir.

Lo publicó en 1996. Esto escribía en la INTRODUCCIÓN.

Tienes en tus manos una sencilla semblanza-reflexión sobre un mártir de Jesucristo, que vivió y murió en nuestro siglo: Antonio Montero Cebeira. Uno más del infinito número de católicos, seguidores de Jesús, que desde que Él “se hizo hombre y acampó entre nosotros” (Jn. 1,14) hace veinte siglos, han dado su vida por Él, lo que supone darla por los hermanos. El mismo Señor entregó su vida por todos nosotros y nos ha enseñado que no existe mayor amor que este. Los mártires son el testimonio más irrefutable y elocuente de la presencia real de Jesucristo por su Iglesia en el mundo. “¡Cristo vive! (Cf. Lc. 24,5), y es la Persona más adorable y bondadosa, más humilde y poderosa, más apasionante y atrayente… capaz de entusiasmar y hacer “enloquecer” de amor, de dicha y felicidad a cualquiera que decida seguirle.

Los verdugos y sus víctimas evidencian esta hermosa realidad que proclaman los apóstoles después de la Resurrección: ¡Dios no ha muerto! ¡Cristo vive! En toda la historia humana ha ocurrido igual que hoy: personas que tienen un odio atroz a Dios y, de una u otra manera, le persiguen hasta con saña y sadismo. Por el contrario hay otras personas que, conociéndole, dan la vida por Él, y está comprobado, por su entusiasmo y firmeza, ante la certeza de la fe, que si tuviesen mil oportunidades de vivir igual, lo harían. De hecho existen mártires que la ofrecieron más de una vez. Sus verdugos los dieron por muertos, por no haberlos rematado, y siguieron teniendo el escalofriante valor de seguir, con mayor ardor, confesando su fe hasta que los martirizaron nuevamente, y esto desde los primeros siglos. Por poner solo un ejemplo, un santo al que le tengo una especial devoción, el intrépido y popular san Sebastián, seglar luminoso, que sufre un doble martirio: la primera vez asaetado, lo dan por muerto y lo tiran a un muladar; recogido su cuerpo por los cristianos, se recupera y vuelve a evangelizar y a presentarse ante el emperador, quien vuelve a condenarlo a muerte, siendo apaleado salvajemente hasta morir.

¿Quién puede odiar y perseguir ferozmente, o amar apasionadamente hasta entregar la vida por un personaje histórico? Aunque haya tenido mucho relieve, como pudieron tenerlo Cesar Augusto, Napoleón, los Reyes Católicos… ¡nadie! Solo se persigue y se ama hasta el extremo a alguien que vive y actualmente irradia su influencia benefactora. Este personaje histórico solo es ¡Cristo!, Dios y Hombre verdadero.

Con los mártires ocurre igual que con los confesores y las vírgenes, que son millones y millones los que existen, por eso dije antes “infinito número”, porque Dios es así de grande y genial. Sin lugar a dudas, en el Cielo nos encontraremos con muchos de los que hemos conocido en la tierra que son santos. Aquí en la tierra, dentro del plan misterioso de la historia de la salvación, Dios va descubriendo a otros muchos que hay en el Cielo, para que, ante nosotros, reflejen su bondad, su ternura, su belleza, su grandeza y su poder, siendo para nosotros estímulo en su Iglesia, que es santa porque su fundador es santo, sus sacramentos son santos y, lógicamente, produce santos.

Insisto reiteradamente en la necesidad de recoger y publicar todo lo que sea posible sobre esa pléyade gloriosa de los 7.000 mártires, jóvenes seglares de Acción Católica, que dieron sus vidas aquí, en España, por Dios y los hermanos, en el año 1936. De este cortejo formidable y admirable forma parte Antonio Montero Cebeira. Parece que no es fácil, entre otras razones porque los laicos no tenemos instituciones propias y adecuadas, ni personas, ni medios, ni tiempo, etc., como pueden tenerlo las órdenes religiosas y el mismo clero. Por eso es tan desproporcionado en el santoral de la Iglesia, la cantidad de santos papas, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que existen canonizados, frente a los escasos seglares. Lógicamente es de suponer que en el Cielo hay muchos santos seglares, entre otras cosas porque somos mayoría en el Pueblo de Dios, y este concede a raudales su gracia a todos sus hijos, porque ante Él tenemos la misma dignidad.

El Señor, conjugando voluntades libres y causas segundas, ha querido confiarme esta semblanza-reflexión, como “un botón de muestra” de esa enorme e incontable cantera de seglares desconocidos aquí y que ha cuajado la Iglesia en este mismo siglo. No solo mártires, también confesores. Ahí está nuestro singular Antonio Rivera Ramírez, presidente diocesano de los Jóvenes de Acción Católica, cuyo proceso aún sigue en su fase diocesana, existiendo varias biografías y testimonios impresionantes. Este líder seglar fue amigo y compañero del mártir Antonio Montero Cebeira, que ahora nos ocupa.

“SERÉIS MIS TESTIGOS…” (Hch. 1,8).

Las razones más profundas de poner de relieve la vida de algunos creyentes ejemplares, son porque en la Biblia se nos repite en el Antiguo Testamento: “debemos proclamar las grandes proezas del Señor ante los demás” (Cfr. Salmos); y Cristo, hasta el momento de subir al Cielo, nos insiste: “Seréis mis testigos… hasta los confines de la tierra” (Hch. 1,8). Es lo que el papa Juan Pablo II nos recuerda en la Christi fideles laici: “¡El hombre es amado por Dios! Este es el simplicísimo y sorprendente anuncio del que la Iglesia es deudora respecto al hombre. La palabra y la vida de cada cristiano pueden y deben hacer resonar este anuncio: “¡Dios te ama, Cristo ha venido por ti; para ti Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida!” (nº 34).

Jesús nos dice que si la sal no sirve para sazonar y se desvirtúa, para nada vale ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres. Tampoco, dice Él, se enciende una lámpara para ocultarla sino que se pone en el candelero, para que alumbre a todos (Cf. Mt. 5). Por eso estamos obligados a difundir las vidas singulares de estos testigos del Señor, para que sigan siendo esa “sal, luz y fermento” que todos necesitamos para dar a nuestras vidas el auténtico sentido que deben tener y estimularnos para seguir a Jesucristo, con renovada ilusión y creciente generosidad, a pesar de las dificultades que puedan surgir, porque “solo Él tiene palabras de vida eterna”, porque “solo Dios es bueno”, porque “El es la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”, como nos afirma el Evangelio. Por esto tienes en tus manos esta semblanza reflexión, sobre un hijo de Dios, hermano nuestro, que supo “encontrar la perla preciosa”, la felicidad que nunca acaba, que fue esa sal, luz y fermento del Evangelio que recibió por la Iglesia, que enamorado hasta los huesos de Dios, único ser adorable, le dijo como el profeta:

Me sedujiste, Señor, / y me dejé seducir, / me has violentado y me / has podido (Jer. 20, 7).

Antonio Montero Cebeira dijo ¡sí! a Dios, como nuestra Madre María. Porque la santidad no consiste en hacer muchas cosas nosotros, sino en dejarnos que Dios haga lo que Él quiera en nosotros, lo cual es más fácil, apasionante y positivo. Él nos dará fuerzas para rechazar el pecado, los apegos, las manías, la mediocridad, el mal, es decir, esas cosas absurdas que nos esclavizan, nos impiden ser libres como Él nos ha hecho, y dejar actuar al Espíritu Santo en nosotros por la caridad. Es dejarse querer por nuestro Padre Dios. Así lo hacen Antonio y todos los bienaventurados.

Una última razón es que, cuando la Iglesia nos ofrece en la época histórica que vivimos unos medios, acreditados por ella, como es la Acción Católica, debemos propagarlo para que sean muchos los que se beneficien y hagan el bien. Esta organización, a la que dedicaremos un capítulo por ser en ella donde militó Antonio, en su corta historia ha dado frutos abundantes, admirables e indiscutibles en todos los aspectos.

En la página 125. Explica sobre le himno de la Acción Católica:

La impresionante belleza y profundo contenido de este Himno explica por sí solo el temple, el talante y la grandeza de espíritu de esos jóvenes valientes y generosos que han militado en las filas de la Acción Católica, dando frutos del ciento por uno.

En el programa de Testimonio, del 1 de julio de 2012, fue entrevistado cuando escribió un libro narrando su vida:

Testimonio - Me sedujiste, Señor - RTVE.es

El 18 de abril de 2016 podemos escuchar este vibrante testimonio de cómo influyó en su vida el venerable José Rivera:

 

El 26 de mayo de 2016, Jesús María García Hueto conversó con don José.

En las dos habla de Antonio Rivera, el Ángel del Alcázar.

DESCANSE EN PAZ.

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