Martes, 18 de junio de 2019

Religión en Libertad

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El diablo al habla

Tu crees, odiado amigo, que puedes escribir sobre mí impunemente. Te permites compararte, en tu soberbia, con Frossard y Lewis. Olvidas que ellos pagaron con sangre su atrevimiento, con la sangre de los suyos que es la que más os duele, miserables humanos. A Frossard le quemé a un hijo en ese paraíso de Auschwitz y a Lewis le maté al amor de su vida con esa maravilla del cáncer.

Te lo digo porque eres un vanidoso inconsciente que has sido rescatado de mi Abismo solo porque le caes simpático al desgraciado de Galilea. Te exijo, como te pidió uno de esos cuervos con sotana, que pongas mi nombre con mayúsculas, no porque sea una criatura del Otro, sino porque soy el Otro: soy Dios. El Otro no ejerce de Dios, simplemente juega y me saca de mis casillas: no entiende lo que es el PODER. Y entiende al revés lo que el poder ofrece de más placentero: la humillación. Entiende HUMILDAD, cuando es vejación.

Vosotros sí que lo entendéis porque os encanta vejar a las mujeres y a los niños y a los pobres y a los animales. Lo hacéis continuamente y os lo agradezco. Me tenéis entre las piernas y me adoráis sin pudor -el pudor, esa asquerosa virtud-. No consideráis a la mujer o al niño más que como el objeto de una vejación sin límites. Sometimiento, decís. Os esclavizáis por un cuerpo y por un miembro. Por un metal amarillo y por un ano. Sí, no mires hacia otro lado: os gusta. Y lo justificáis con esa estupidez que llamáis "intelectualidad". No os dais cuenta de que los inteligentes ya sois míos, tal es vuestro orgullo.

Los imbéciles me pueden. Ese de Ars, el de Cupertino, aquella idiota Bernardita, el baturro cabezota Escrivá o el vasco tozudo Loyola. No. No me hables del loco de Asís. Los locos son muy peligrosos para mí: no se entienden ni ellos, no me entienden, se admiran de todo y se ríen de todos; y, al final, dicen que son polvo y barro de la tierra y caen al barro de la tierra para llorar de amor por el hombre de Galilea. ¿No es absurdo? Yo, YO LOS MALTRATO y me responden que estoy purificando eso que llaman sus sucias almas. Yo tiento sus carnes y se revuelcan en espinos. Yo les presento el oro y les quema en los bolsillos.

YO NO PUEDO con los idiotas, ¿entiendes? Rezan esa basura terrible que es el Rosario: apesta como el incienso y no puedo acercarme al cretino que pasa cuentas y más cuentas en el nombre de Ella. María, tiemblo al escribirlo, me... me... ¡No! Escritor absurdo, mediocre, malo, engolado y traidor, no vuelvas a descubrirme o te pesará. No sé si el Otro te dejará en mi Abismo -solo él decide estas menudencias- pero YO no te dejaré en paz en este mundo, desgraciado.

Odiosamente tuyo, tu demonio personal, borracho exhibicionista, pedófilo.

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