Sábado, 24 de febrero de 2024

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El Valle de los Caídos, ¿que se puede hacer?

El Valle de los Caídos, ¿que se puede hacer?

por El Chascarrillo del Monaguillo

Tal y como recoge hoy este mismo portal de información socio-religiosa, el gobierno de la nación, ellos preferirían decir del gobierno del estado español, a través de Patrimonio Nacional pretende terminar con el que es el principal monumento en memoria de los que dieron su vida en nuestra contienda civil de 1936, ya que en su imaginario el Valle de los Caídos es el mausoleo faraónico que se erigió, sobre la sangre de miles de esclavos, a modo de perpetuación el dictador Franco, "bestia negra de la humanidad donde las haya".
Desde hace tiempo somos muchos los que seguimos con preocupación este intento. Con la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica parecía que la Abadía y Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos quedaban definitivamente a salvo, ya que quedaba reconocido su carácter de lugar sagrado considerándolo, al menos, como un cementerio, prohibiendo tan solo (¡¿tan solo?!) cualquier acto de recuerdo de la guerra civil y del régimen de Franco. Pero estaba claro que la cosa no quedaría así y que el objetivo final era hacer desaparecer el Valle de los Caídos, dinamitándolo como han propuesto algunos, y por cierto muy próximos a la coalición del actual gobierno, o convirtiéndolo en un “centro de interpretación de la dictadura”… alguno llegó a proponer que sería un lugar ideal para instalar un casino.
Pero el Valle de los Caídos, además de patrimonio nacional, el cual debería ser, como tal, respetado, es una abadía y basílica católicas y no queda muy bonito eso de cerrarlo sin más; por otra parte es uno de los monumentos más visitados y la tarea no es sencilla, así que parece que la intención (y si Patrimonio Nacional tiene otra que nos la aclare porque estoy deseoso de rectificar está opinión en sentido contrario) es la asfixia lenta del conjunto monumental. Desde hace mucho tiempo no funciona el funicular y se ha cerrado la base de la cruz, han dejado de funcionar las cafeterías con normalidad, se han desprendido trozos de la Piedad que está situada sobre la entrada y Patrimonio Nacional ha racaneado las ayudas necesarias para reparar zonas del la Abadía que finalmente han sido han sido arregladas gracias a donativos particulares. Ahora, tal como anuncia la pagina web de Patrimonio Nacional, la basílica se encuentra cerrada por “tareas de conservación”, he llamado personalmente a Patrimonio Nacional y les he dirigido un correo electrónico para recabar información sobre dichas obras y hasta ahora no me han informado de nada concreto, tan solo me han remitido a un teléfono para ir informándome acerca de la próxima, aunque sin fecha, reapertura.
 No es solo afán de revancha, ni un gesto para contentar a su electorado. El reducir a la Iglesia a su mínima expresión pasa por criminalizar a media España, y de rondón a la Iglesia Católica entera, como cómplice de un “golpe de estado militar fascista”, que trajo consigo una "fiera represión y dictadura". Por eso es tan importante la defensa de la verdad histórica, se que la guerra a muchos nos queda, generacionalmente hablando, muy lejos y queremos pasar página trabajando por una España mejor y para llevar, a nuestros hermanos sin importarnos su ascripción política, la buena nueva del Evangelio, pero es de vital importancia que sepamos defender que medía España no se resignó a morir, que la Iglesia no tomó partido político sino que fue perseguida, y casi exterminada, en la mitad de la piel de toro. La guerra civil, que ya se venía fraguando desde hacía mucho tiempo, fue preconizada en primer lugar desde las izquierdas y no fue el resultado del golpe militar de un general enajenado. Para entenderlo bien recomiendo la lectura serena, y libre de prejuicios, de la carta colectiva del episcopado español.
Esta pretensión sobre el Valle forma parte de la imposición totalitaria sobre la reinterpretación de nuestra reciente historia con que nos quieren uniformar.
Que es y que no es el Valle
El Valle de los Caídos es desde su fundación un lugar sagrado para el culto a Dios y la oración en sufragio por las almas de los que murieron en nuestra guerra civil, un monumento para el recuerdo de los que cayeron y el fomento la reconciliación de los españoles.
No es el mausoleo del dictador, no fue una obra faraónica construida sobre la sangre de miles de esclavos, no es un monumento exaltatorio de la guerra civil ni del régimen del 18 de julio.
Que podemos y debemos hacer
Digo que debemos porque como Cristianos debemos preocuparnos, en primer lugar, por la comunidad benedictina que allí se encuentra, por el mantenimiento de un lugar de culto tan importante como es una Basílica, santuario en el que se encuentran reliquias de mártires ya canonizados y de muchos españoles que, en uno y otro bando, lucharon por una España mejor,  y por último para que el Valle sea un lugar para la memoria común y la reconciliación verdadera que pasa por la mutua aceptación y no por la prohibición. Propongo, para todo aquel que quiera ayudar las siguientes acciones concretas:
1º Oración y sacrificios, ayunos, muchos rosarios y eucaristías para pedir al Señor por la definitiva reconciliación de los españoles, por la continuidad de la comunidad benedictina del Valle, que tanto bien nos hace, y para que la Abadía y Basílica sean respetados como lugar de oración, de culto a Dios y memoria de los que cayeron.
Fomentar todo lo que sea posible las visitas religiosas y culturales al Valle: acudiendo a la misa conventual de 11 de la mañana, los actos litúrgicos de semana santa, la misa por los caídos, la celebración de la fiesta de “la exaltación de la Santa Cruz”, los conciertos de canto gregoriano…. Es un lugar ideal para congresos, retiros espirituales, convivencias. Como dato practico recordar que media hora antes de las celebraciones no se cobra entrada. Recuerdo a todos que la Penitenciaria Apostólica concedió que con la visita al Valle de los Caídos se pueda ganar indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones habituales.  
Contactar con la abadía si se desea colaborar económicamente.
  Dejar hacer y apoyar al Abad del Valle, don Anselmo que con su preocupación, como pastor, padre y hermano vela por el bien de su comunidad benedictina y de todo lo que ha de ser el Valle.
No dejándose llevar por malas formas, odios, rencores y con toda caridad podemos mostrar nuestra preocupación contactando con Patrimonio Nacional
Termino este post con la letra, que cito de memoria, perdonen las imprecisiones, de una canción que salió por los años 80, si no recuerdo mal y que se titula “La canción del Valle”:
         “En el Valle la montaña
y en la montaña una cruz
con los brazos muy abiertos
para que no dudes tú.
Y en la montaña horadada
duermen su sueño de paz
los que en lucha sucumbieron por uno y otro ideal
la guerra los separaba
y la muerte les unió
ella borro las trincheras y se abrazaron los dos
y dicen que por las noches
se oye en el Valle cantar
no son canciones de guerra
son himnos de amor y paz.”
Así sea
Aclaración: la opinión mostrada en este blog es totalmente personal. Estoy a la total disposición del Abad del Valle de los Caídos, así como de Patrimonio Nacional a rectificar cualquier dato que sea erróneo o impreciso.

Datos tomados de la FNFF:

Es falso que las grandes obras del Valle de los Caídos fueran realizadas por “presos políticos”. Es cierto que entre los obreros profesionales figuraron, a partir de 1942, determinado número de condenados por graves delitos, castigados por los tribunales a penas de muerte, en muchos casos, conmutadas por 30 años de reclusión; pero a pocas personas se les escapará, por muy legas que sen en la materia, que alguien que no fuera especialista en la perforación de túneles mediante la utilización de dinamita, por ejemplo, pudiera intervenir en la ejecución de obra tan compleja. El arquitecto don Diego Méndez, que se encargó de la continuación de las obras y del proyecto y construcción de la Cruz, tras la renuncia, por enfermedad, de don Pedro Muguruza, afirma en su obra “El Valle de los Caídos. Idea. Proyecto. Construcción”, lo siguiente: “La maledicencia ha cargado las tintas a la hora de valorar el papel que en la realización de las obras desempeñó dicho personal. Lo rigurosamente cierto es que este pequeño grupo de obreros fue atendido, aunque con las naturales limitaciones derivadas de su situación, en pie de igualdad con el resto de los trabajadores libres. Su especial psicología impulsó a algunos de ellos a asumir voluntariamente las misiones más peligrosas, aquéllas en las que para vencer a la naturaleza, había de esgrimir las armas del coraje y la dinamita. Sobre alguno de estos hombres, más no sólo sobre ellos, recayó la ciclópea tarea de horadar el Risco de la Nava, para hacer sitio a la prodigiosa Basílica que hoy alberga. Ya, como personal libre, la casi totalidad continuó su tarea en el Valle hasta el fin de las obras, contratados por las diferentes empresas. Hubo, incluso, algunos que pasaron después a trabajar en la Fundación”.
Es falso, como se afirmó recientemente en Televisión Española, en la serie “Memoria de España”, que en las obras hubieran intervenido veinte mil presos políticos”. Es cierto, como afirma Diego Méndez, en el libro citado, que a lo largo de quince años, dos mil hombres (no quiere decir que todos a la vez, ni que todos fueran penados) aportaron su esfuerzo diario hasta dar cima a la obra”.
Es falso que los presos que trabajaron en el Valle de los Caídos lo hicieran obligatoriamente. Es cierto que todos y cada uno de los obreros penados se ofrecieron voluntariamente a las Empresas, por un lado, y, por otro, mediante instancia a la Dirección General de Prisiones. La razón era fácilmente compresible: Lo que comenzó siendo la manera de redimir tres días de la pena por uno trabajado, según Orden Ministerial de 7 de octubre de 1938, lo amplió el Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo, en 1943, hasta la redención de seis días por cada uno trabajado. El Código Penal lo estableció más tarde en tres días redimidos por dos trabajados. Con lo cual, a los penados que trabajaban en el Valle, que se beneficiaban también de los múltiples indultos decretados por el Jefe del Estado, se les concedió la libertad provisional no más tarde de cinco años después de su condena. Así que en 1950 no quedó ni un solo penado “político” en el Valle. En esa fecha comenzaron a trabajar reclusos comunes que querían redimir penas por el trabajo.
 Es falso que los trabajadores libres o penados sufrieran penalidades sin cuento, con un sistema de trabajo de campo de concentración. Es cierto, como declaró Damián Rabal, cuyo padre y él mismo trabajaron como obreros libres, contratados por la empresa San Román, a Daniel Sueiro, autor de “El Valle de los Caídos. Los secretos de la cripta franquista”, que la cripta se comenzó a perforar a finales de 1941 con diez o doce obreros a los que pronto se sumaron trabajadores procedentes de Peguerinos, El Escorial y Guadarrama, y que los “penados” llegaron a finales de 1942. Pronto se hicieron casas para los obreros, Iglesia, enfermería, economato y un campo de fútbol. Hay que resaltar que los penados cobraban un sueldo mínimo cifrado en siete pesetas, de la época, diarios, más la comida. Y que enseguida fueron subidos a diez pesetas diarias, más los pluses por trabajo a destajo, más o menos peligroso, etc. Gran parte de ellos llevaron allí a sus familias; allí hubo bodas y bautizos. Y allí quedaron la mayoría de ellos, trabajando como obreros libres tras obtener la remisión total de las penas, mientras sus hijos estudiaban en la Escuela organizada al efecto, escuela mixta, la única existente en la España de la época, siguiendo las enseñanzas de un maestro que redimía así su condena de muerte conmutada a treinta años. No debían ser tantos los “penados”, por lo menos al principio, por cuanto Paco Rabal, miembro del PCE, reconoció que en la vivienda que le habían concedido a sus padres vivían la mayoría de ellos. Ambos hermanos coinciden en que las condiciones de vida era allí mucho más suave que en las prisiones. Todos (los obreros profesionales) procurábamos echar una mano (...) porque los presos no eran útiles para aquella clase de trabajo; se lesionaban, no sabían ni podían. Muchos iban solos a El Escorial o a Guadarrama, y no se fugaban, sino que volvían. Además podían tener allí a sus mujeres. Ellas iban allí y ya se quedaban.... Según la prensa de la época, a finales de 1943 trabajaban en el Valle unos seiscientos obreros. La mayoría de ellos de dedicaban a construir la carretera actual.
Es falso que en la construcción de las instalaciones del Valle de los Caídos murieran “centenares, cuando no millares de presos políticos”, tal se afirma sin aportar prueba alguna. Es cierto, como declaró a Daniel Sueiro el médico don Ángel Lausín, que llegó a Cuelgamuros el año cuarenta, para redimir pena, que como médico del Consejo de Obras del Monumento me ocupé de todos los obreros de las diversas empresas que trabajaban allí. Allí hubo accidentes, enfermos, partos, en fin, de todo. Pero para los heridos graves se organizaba el traslado en ambulancias... Los traían a la Clínica del Trabajo, que está en la calle de Reina Victoria... Hubo catorce muertos en todo el tiempo de la obra, porque yo he estado allí prácticamente todo el tiempo. Don Ángel Lausín ganaba mucho dinero en el Valle, pero cuando la obra terminó le desaparecieron los ingresos del seguro de enfermedad de todos los trabajadores y del seguro de accidentes y sólo le quedó el sueldo de médico del Consejo de las Obras. Por ello pidió una plaza de médico, y se le concedió, en el Ambulatorio del Seguro de Enfermedad de San Blas, en Madrid, donde se jubiló.
Es falso que los penados “políticos” comenzaran a llegar al comienzo de las obras y continuaran hasta su terminación. Sí es cierto lo declarado por el médico citado: De los presos políticos que estuvieron allí hasta el año cincuenta, y yo he estado allí, la mayoría eran excelentes personas, estaban cumpliendo una condena por cosas políticas y estaban ganando unas pesetas para mantener a sus familias. Una vez liberados, muchos se quedaban allí trabajando. Alrededor de los años cincuenta ya quitaron los establecimientos penales y sólo quedó el personal libre. El practicante, don Luis Orejas, condenado a nueve años, quedó en libertad poco después de su llegada al Valle, pero prefirió quedarse allí donde empezó ganando quinientas pesetas mensuales. Llevó a su mujer y allí nacieron sus cuatro hijos. Tras la inauguración del Valle logró una plaza de practicante en el servicio de urgencias de La Paz. Don Gonzalo de Córdoba, el maestro, había sido condenado a la última pena, conmutada por treinta años. Cobraba, al llegar al Valle, en mayo de 1944, mil cien pesetas mensuales. Don Gregorio Peces-Barba del Brío, padre de don Gregorio Peces-Barba, condenado a muerte por hechos reflejados en la Causa General, también le fue conmutada la pena de muerte en 1942, llega al Valle a comienzos de 1944 y en abril recibió la libertad condicional, con lo que pudo abandonar el Valle. Durante esos tres o cuatro meses le acompañaron su mujer y su hijo. El señor Peces-Barba declaró a Daniel Sueiro: Por mi parte, tampoco puedo decir que haya estado arrancando piedras, sería estúpido decir eso; no hubiera sido demasiado útil arrancando piedras. Yo estuve en el trabajo de las oficinas". Así otros, cuyos nombres omitimos por no alargar esta nota.
Es falso que la construcción del Valle de los Caídos supusiera un dispendio que hizo peligrar las finanzas nacionales. Sí es cierta la liquidación final del Interventor General de la Administración del Estado y del Consejo de la Obras, rendida en mayo de 1961. La liquidación revela que el coste de las obras se elevó a 1.159.505.687,73 pesetas, similar a la deuda actual de Radio Televisión Española y muy inferior a los déficit de todas las televisiones autonómicas. Por lo demás, no se invirtió en la obras ni un solo céntimo del Presupuesto Nacional. El dinero, según advierte el Decreto-Ley de 29 de agosto de 1957, A fin de que la erección del magno Monumento no represente una carga para la Hacienda Pública, sus obras han sido costeadas con una parte del importe de la suscripción nacional abierta durante la guerra y, por lo tanto, con la aportación voluntaria de todos los españoles que contribuyeron a ella. Fueron 235.450.374,05 pesetas. El resto procedió de los recursos netos de los sorteos extraordinarios de la Lotería Nacional que se celebraban anualmente el día 5 de mayo, y que, hasta aquél momento se habían destinado a la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid. Según Diego Méndez a ello hay que sumar millares de donativos particulares, algunos de ellos de procedencia verdaderamente ejemplar y emocionante.
Es falso que en la Basílica del Valle de los Caídos solamente estén enterrados los muertos del lado nacional o que Franco la construyó para que le sirviera de Mausoleo. En el Valle de los Caídos están enterrados cuarenta mil españoles de uno y otro lado de las trincheras, por lo que constituye el monumento representativo de la reconciliación nacional. Allí se reza y se oficia por unos y otros, sin distinción de ideologías. Franco compró una tumba en el cementerio de El Pardo. Fue el gobierno de entonces, quien determinó que el enterramiento del Generalísimo fuera en el Valle, decisión ratificada por S.M. el Rey, quien pidió permiso al Abad de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos para enterrar allí a Franco.
Queremos terminar con palabras de un enemigo de Franco, detractor de la construcción del Valle de los Caídos, y padre de otro enemigo de Franco y así mismo detractor del monumento. Son palabras del citado don Gregorio Peces-Barba del Brío: ... teníamos que ir inculcando a nuestros hijos, lo que teníamos que ir inculcando a las generaciones que pudieran sucedernos, es que en España no podía volver a repetirse aquella tremenda catástrofe que supuso nuestra Guerra Civil. Por eso pienso que los vencidos de la guerra no hemos tenido nunca, no hemos tenido jamás deseos de venganza; no hemos querido ni hemos tenido presente más que el deseo de que entre las dos Españas no se siguiera ahondando. El ahondar entre las dos Españas no ha sido fruto de los vencidos. Yo quiero resaltar eso, que a los vencidos, que hemos hecho la Guerra Civil y somos supervivientes de la Guerra Civil, no se nos puede ni se nos debe tachar de revanchistas ni de marcados. Los que hemos hecho la Guerra Civil hemos sido desde el primer momento los más interesados en educar a nuestros hijos en el respeto y en el amor al prójimo; en educarles en el sentido de que su vida y su actividad y sus vivencias políticas vayan encaminadas a que de una vez para siempre vuelva a haber paz entre los españoles y aquello no vuelva a producirse.

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