Viernes, 12 de julio de 2024

Religión en Libertad

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Mi párroco, Mn. Jorge Boltá, me habría exigido defender su memoria. Así lo hago

Sacerdotes santos en mi vida: Mn. Mariné

por Victor in vínculis

Si mi párroco Mn. Boltá supiera que Mn. Mariné había sido difamado [y lo sabe desde la Vida Eterna] me habría exigido salir en su defensa. Así que no lo dudo ni un minuto.

[De izquierda a derecha: el padre Manuel Martínez Cano, mCR; don Jesús Álvarez, que fue maestro de ceremonias en el Pilar de Zaragoza; Mn. Jorge Boltá Cañellas; Mn. Joan Miralles y el benemérito padre José Mariné: ¡qué sacerdotes tenía Barcelona!].

Esta es parte de la biografía que el padre Cano, mCR -que en paz descanse- escribió, en 2010, al morir el P. Mariné. Para que nuestros lectores sepan de quién hablamos:

«El 9 de enero, a las 8,40 de la mañana entregó su alma a Dios mosén Mariné. Era sábado, día de la Virgen, y estaba rezando el santo Rosario. Hacemos nuestras las palabras de un seglar buen amigo de nuestro hermano: “Me honré con su amistad y no siento la menor pena. Más bien gran alegría. Ya ve a quien tanto amó. Ya está con Él para toda la eternidad”.

Mosén José Mariné Jorba nació el 12 de octubre de 1919 en el seno de una familia relativamente acomodada. Desde pequeño sintió la vocación sacerdotal. Ingresó en el seminario menor diocesano de Barcelona. Destacó por su inteligencia, su facilidad para los estudios y por su visión práctica de las cosas. El seminario fue saqueado por los rojos en 1936. Los seminaristas se dispersaron por los diversos lugares. Al terminar la guerra de Liberación reanudó sus estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en 1944 por el Dr. Gregorio Modrego Casaus, obispo de Barcelona. Fue párroco por oposiciones, lo que demuestra su valía intelectual […].

Durante 32 años fue párroco de san Félix el Africano, parroquia que edificó con la ayuda de muchos fieles de todos los rincones de España e incluso del extranjero. La vida pastoral de mosén Mariné fue muy fecunda, especialmente en el fomento de vocaciones para las que creó becas con su propio dinero. Siempre tuvo en torno suyo un grupo de monaguillos a los que formó perfectamente en la devoción y amor a la Santa Misa. Su parroquia era una de las pocas de Barcelona que tenía Adoración Nocturna y él permanecía durante toda la noche con los adoradores, adorando a Jesús vivo en la Eucaristía y atendiendo las confesiones de los adoradores. Cuando las parroquias de Barcelona suprimieron la procesión de Corpus Christi y la de la Catedral se hacía dentro del recinto sagrado, mosén Mariné siguió con la procesión por las calles de su parroquia. Ciertamente era un alma eucarística como se veía palpablemente cuando celebraba la Misa de San Pío V y la de Pablo VI.

La devoción a la Virgen era profundísima y tiernísima. En San Félix se rezaba el Rosario diariamente, se celebraban solemnemente todas las fiestas de la Virgen, las novenas de la Inmaculada, la Virgen del Carmen y el mes de María.

Su celo por los enfermos era proverbial, no tenía tiempo para él, pero sí para visitarlos en sus casas y en los hospitales, hasta atenderlos en la hora de la muerte con los santos sacramentos.

San Félix el Africano era la casa de todos. Los gitanos acudían a la iglesia continuamente; hoy tienen, junto al confesionario, la imagen del primer beato gitano, Ceferino Giménez Malla. Para la comunidad polaca de Barcelona levantó la capilla de la Virgen de Czestochowa y a la Asociación de antiguos legionarios les cedió la capilla para venerar al Cristo de la Buena Muerte. A la Unión Seglar de san Antonio Mª Claret la recibió en sus locales y de cualquier lugar de la diócesis venían a ser bautizados, recibir la primera comunión, casarse. El padre Mariné formó a varias generaciones de cristianos en un barrio de gentes sencillas y humildes. Y no sólo se preocupaba de la santificación y salvación de las almas de sus feligreses, sino también de su bienestar material; era un gran limosnero.

Al cumplir los 75 años, en la Pascua de 1995, pasó al retiro […]. Aunque atendió la capilla de la Adoración de la Santa Faz de la calle Junqueras; fue capellán del tanatorio de Sancho de Ávila y sabemos que, fruto de sus homilías en los funerales, hubo conversiones de personas alejadas de la religión. En 1988 pasó a ser responsable de la capilla de Nuestra Señora de la Merced y San Pablo Apóstol, oratorio de propiedad privada de la calle Laforja. Y aumentó sus horas de confesionario y visitas a los enfermos.

[…] Junto con otros muchos sacerdotes y religiosos de Cataluña, fundaron la Asociación de Sacerdotes y Religiosos de san Antonio Mª Claret para luchar contra los enemigos declarados de la Iglesia y contra lo que denunciaba el Papa: los traidores de dentro, que son mucho más perversos. Pocos meses después, también fue cofundador de la Hermandad Sacerdotal Española […].

Mosén Mariné era también muy valiente, muy piadoso, muy santo. Nunca faltó a los Ejercicios Espirituales anuales ni a la Asamblea General de la Hermandad sacerdotal Española. La última fue a finales de septiembre del año pasado. Un joven seminarista le hizo de buen samaritano, nunca lo dejó solo pues ya estaba bastante grave. En una ocasión le dijo: “Hace dos años que estuve muy grave, tenía que morirme, pero yo le pedí al Señor que me diera dos años de vida para prepararme para la muerte; ya estoy preparado”.

Estemos preparados siempre para nuestra entrada en la vida eterna».

P. Manuel M. Cano mCR

Y ahora, me uno, punto por punto, al artículo de MARCOS VERA publicado por:

Dudas razonables acerca de lo publicado sobre Mossèn José Mariné (germinansgerminabit.blogspot.com)

Marcos Vera defiende el honor del Padre Mariné, con fama de santo, ante gravísimas acusaciones contra él (infocatolica.com)

En los comentarios se lee:

«Fui monaguillo de Mn. Mariné, por lo menos durante 5 años. Me enseñó a amar a Dios, la delicada liturgia y el hacer bien de monaguillo. La última persona de la que se puede pensar algo así de malo era Mn Mariné. Un santo sacerdote, un apóstol en la ciudad de Barcelona. Trabajador incansable por la salvación de las almas y siempre unido a la Iglesia, a Roma y al Papa, San Juan Pablo II en la época de la que os hablo.
Acusaciones falsas claramente. Una búsqueda de hacerle mal incluso muerto de aquellos herederos de progres vagos que le odiaron por no serlo».

«Conocí a ese santo sacerdote. Es imposible. No solo es imposible, amén de inverosímil por las contradicciones, sino q ese hombre vivió hasta sus últimos días son sencillez, austeridad, y hasta su último suspiro en el altar. Vivía cerca de donde vive mi madre, a dos calles…, de veras q era un hombre bueno».

DUDAS RAZONABLES ACERCA DE LO PUBLICADO SOBRE Mn. JOSÉ MARINÉ

«El recuerdo de Mn. Mariné, sacerdote de la diócesis de Barcelona, párroco de San Félix Africano, fallecido en el año 2010, despierta en muchas personas sentimientos de gran cariño y devoción. Cariño y devoción hacia un presbítero que destacó por su amor a la Iglesia, por su dedicación a las almas, que murió pobre, a pesar de que por sus manos habían pasado importantes donacionesdonaciones que siempre usó para la ayuda a las vocaciones sacerdotales, la ayuda a las personas necesitadas y sus diversos apostolados. Entre estos grandes apostolados me gustaría destacar el que realizó en la misma parroquia de San Félix Africano durante muchos años; y desde el año 1996, la celebración de la Santa Misa Tradicional en la Capilla de la Calle Laforja. Desde ese año él ayudó a mantener vivo, junto a algunos otros, en la diócesis de Barcelona, ese legado de la Santa Misa del Vetus Ordo.

Sin embargo, en los últimos meses se ha acusado a mossen Mariné de pederastia. Aurelio Álvarez afirma que el sacerdote abusó sexualmente de él. El testimonio de Aurelio Álvarez es diametralmente opuesto a lo que, durante muchos años, hemos oído de personas diversas acerca del rector de San Félix Africano. Creo, por lo tanto, que es necesario hacer un análisis detallado de los hechos, que nos permita acceder a la verdad, sin mezclar el cariño y la devoción que muchos sentimos por este Mn. Mariné, simplemente basándonos en los muchos testimonios objetivos a los que he podido tener acceso que me permiten contrastar las palabras de Aurelio Álvarez, con la de aquellos que vivieron el día a día de la parroquia de San Félix Africano, durante el mismo periodo de tiempo en que Aurelio enmarca estos abusos sexuales.

En primer lugar, se dice que el padre Muñoz, fundador del Oasis de Jesús Sacerdote, antes de morir, confirmó al obispado de Barcelona todo el relato de Aurelio. El padre Muñoz falleció hace apenas un mes. El País afirma: “El vicario de una iglesia de Barcelona confirmó antes de morir la trama de abusos de José Mariné, ocultados durante décadas”.

Es, cuanto menos, curioso que se haya esperado a que muriera este sacerdote para decir que él afirmó que todas las acusaciones contra Mn. Mariné eran ciertas. Culpando indirectamente al mismo padre Muñoz de haber encubierto a un pederasta durante cuarenta años. Pero, ¿qué sabemos realmente de lo que pensaba el P. Muñoz de Mn. Mariné? Lo que sí sabemos seguro es que el padre Muñoz, el día del entierro de Mn. Mariné, pronunció palabras como estas: “Hoy enterramos a un santo”.

Mn. Muñoz, un hombre de 95 años, con un deterioro importante de sus facultades físicas, y lagunas mentales importantes declara unos hechos que supuestamente habrían ocurrido a finales de los años 70. ¿Es realmente un testigo digno de crédito un hombre en estas condiciones físicas? ¿Sería aceptado el testimonio de una persona así en un juicio civil? El día 10 de junio de 2024 el obispado de Barcelona publicaba una nota en la que afirma: “Pere Muñoz, de 95 años de edad, manifiesta expresamente en su declaración que nunca vio nada, pero sí sabía que, en las reuniones habituales del párroco con algunos de los niños de la parroquia, podía suceder algo irregular”. No pongo en duda la buena intención del obispado de Barcelona, ni siquiera del Tribunal Eclesiástico de Cartagena (Murcia) que tomó declaración a Mn. Muñoz, pero si pongo en duda, que, un hombre de 95 años, con un deterioro considerable de sus facultades físicas y un detrimento importante de su memoria, pueda ser tomado como testigo veraz. Es, cuanto menos, cuestionable que un hombre en estas condiciones físicas pueda estar en disposición de relatar la verdad de unos hechos que además “nunca vio”, según afirma la nota del obispado de Barcelona.

En segundo lugar, el País también afirma: “Aurelio Álvarez, lo denunció en 2023 en el arzobispado, que ahora le ha informado de que la investigación canónica abierta ha desvelado un escenario de horror que describe una red de pederastia organizada en torno a los niños de la parroquia”. He podido hablar con algunos de los compañeros de Aurelio Álvarez, que fueron monaguillos con él. El año en el que Aurelio Álvarez entró como monaguillo, también lo hicieron otros como Jorge Castelar, Antonio Rodríguez, Miguel Angel Barco, Juan Manuel Planas y Francisco Javier Rodríguez. Ellos eran los monaguillos más jóvenes de la parroquia, todos cursaban la EGB en la escuela “Antonio Brusi”. Según el testimonio de algunos de estos compañeros, Aurelio Álvarez duró muy poco tiempo en la escuela de monaguillos, aproximadamente ocho meses. Afirman que era un niño agresivo, y causaba muchos enfrentamientos y peleas. Por esta actitud violenta Mn. Muñoz, vicario de San Félix Africano y responsable de la formación de estos niños, lo expulsó como monaguillo de la parroquia. Sin embargo, Aurelio Álvarez insiste en afirmar que él fue monaguillo durante cuatro años, de 1976 a 1980. Alguno de sus compañeros asegura que, tanto Aurelio como el resto de los monaguillos, entraron como acólitos en la parroquia de San Félix Africano en el año 1979; y que, en el caso de Aurelio Álvarez, por las razones expuestas, fue expulsado en 1980. También me parece importante destacar que Aurelio Álvarez asegura que en el año 1976 iba a jugar al patio de la parroquia con los demás monaguillos, algo cuanto menos curioso, puesto que el mencionado patio no existía en 1976, y solo desde 1979 la parroquia de San Félix Africano dispone del excelente patio que hoy todos podemos conocer.

El artículo del País habla de “un escenario de horror”, sin embargo, no he encontrado a ningún testigo que sea capaz de corroborar esto, todo lo contrario. En estos días he podido hablar con personas cuyos recuerdos de San Félix Africano son totalmente ajenos a este sentimiento hacia el que nos pretende dirigir El País, se habla de un lugar alegre, se habla con mucho cariño de Mn. Mariné y estoy seguro que cientos de personas que pudieron tratar en San Félix Africano con Mariné podrán certificar esto que afirmo.

No deseo extenderme más por ahora, pero pienso que estos hechos que he compartido, cuanto menos pueden generar una duda razonable hacia las afirmaciones de Aurelio Álvarez y la veracidad de las declaraciones de Mn. Pedro Muñoz. Si realmente se quiere buscar la verdad del asunto, es necesario tomar declaración a todos esos niños que, junto Aurelio Álvarez, empezaron una escuela de monaguillos, al frente de la cual estaba Mn. Pedro Muñoz y no Mn. Mariné. Si no se lleva una investigación seria ante acusaciones tan graves, lo único que se estará haciendo será manchar culpablemente por falta de diligencia la memoria de dos personas, Mn. Mariné y Mn. Muñoz».

Marcos Vera Pérez

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