Miércoles, 24 de julio de 2019

Religión en Libertad

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Lluis Companys, el nefasto (1)

por Victor in vínculis

Hace un par de años un diario digital nos sorprendía con el siguiente titular: “Piden la beatificación de Lluís Companys. Católicos catalanes solicitan al Papa Benedicto XVI que sea reconocido como siervo de Dios”. Os pongo el enlace porque supongo que es como para no tomarme en serio:
            La noticia está fechada el 1 de noviembre de 2010. Enseguida he recordado, que meses antes, exactamente el 19 de agosto de 2010, Catalunya Cristiana apareció a toda página, pagada por Frances A. Picas, la siguiente carta al director que sólo pudo publicarse como espacio publicitario y que a continuación os transcribo:

 
SOBRE LLUÍS COMPANYS
Tengo en mis manos un artículo publicado en Catalunya Cristiana el pasado 15 de julio, donde se hace referencia a la muerte de Lluís Companys. Para un católico y catalán como yo, y también para miles de cristianos y catalanes que recuerdan el año 1936, la figura de Lluís Companys es la de un político nefasto y detestable.
El 6 de octubre de 1934, cuando se rebeló con las armas contra un gobierno legalmente constituido, sus colaboradores asesinaron la misma noche a Mn. Josep Morta, párroco de Navàs, incendiaron el templo parroquial, al igual que también quemaron y profanaron los templos de Vilafranca del Penedès, Morell, Vilanova i la Geltrú, Castellvell de la Marca y Sant Jaume dels Domenys.
El 20 de julio, Companys proclamó la revolución por radio y en el discurso del 20 de diciembre confirmó las estructuras anarcomarxistas. Durante sus treinta y dos últimos meses de gobierno hasta que huyó por la Vajol, todos los templos de Cataluña estaban cerrados al culto, profanados y quemados los altares y las imágenes. Las escuelas cristianas fueron usurpadas y muchos sacerdotes, religiosos y gente de bien fueron perseguidos a muerte. También se incautaron fábricas y bienes.
Los jueces que firmaron la sentencia de muerte de Companys siguieron la misma dureza de cuando Companys firmó el fusilamiento de 190 militares de graduación en Barcelona en 1936. Asimismo, Companys firmó un gran número de penas de muerte, entre otras, las de Sara Jordà, madre de nuestra amiga Rosa Maria Tutau, de Figueres.
Cataluña no fue vencida, como se afirma en el artículo. Lean, por favor, las memorias del beato Pedro Tarrés, vicepresidente de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña. Este santo catalán considera el día más feliz de su vida la derrota del ejército rojo en Barcelona con la esperanza de que se volvieran a abrir los templos clausurados y que Montserrat renaciera con todo el gozo bajo el canto del “Rosa d’abril”.

Comité Central de las Milicias Antifascistas de Cataluña, con el presidente de la Generalitat, Lluis Companys, Josep Tarradellas, Aurelio Fernández... de mayoría anarquista. La represión en Cataluña será brutal. Las milicias actuarán con una arbitrariedad inconcebible, como atestigua el caso de unos novios que fueron detenidos mientras contraían matrimonio; en el mismo acto fueron asesinados los novios y el sacerdote... El número de sacerdotes y religiosos asesinados en Cataluña, en las primeras semanas de guerra, suman 651; después habrá más.  

Pero quién es Francesc d’Assis Picas
Se trata de un profundo conocedor de la historia de la persecución religiosa de 1936 en Cataluña. La asociación Hispania Martyr le concedió el “Mèrit Martirial 2005”. Sobre este tema ha impartido diversas conferencias, y destacan las cuatro ediciones de su “Història de la persecució religiosa a Catalunya (19361939)”. Además tiene publicados libros de los más diversos temas: “Mossèn Jacint Verdaguer, poeta de Maria i de la Fe del Poble Català”; “Història de la industria tèxtil del segle XIX y XX”; una biografía del cardenal Francisco de Asís Vidal i Barraquer titulada “Les llàgrimes del Cardenal”; “La Flor del Nadal” (1954), pieza teatral navideña conocida en toda Cataluña como “Els Pastorets de l´Ametlla” que le valió en 2007 “La Creu de Sant Jordi”.


Leed este otro artículo publicado en la web de Hispania Martyr:
 
RECUERDO DEL 6 DE OCTUBRE DE 1934
La noche del 6 de octubre de 1934 las familias cristianas pasaron horas de angustia y de temor. En Cataluña los partidos anarcomarxistas se sumaron a la revuelta de Lluís Companys en Barcelona y de los mineros en Asturias. En Navàs (Bages) esa noche asesinaron al párroco mosén Morta e incendiaron la iglesia parroquial. Mosén Morta, detenido, fue asesinado en una calle céntrica de Navàs y antes de expirar sufrió crueles torturas e insultos. De madrugada, Ramón Serra, un leñador, pistola en mano, junto a otros valerosos navasenses, al conocer que Lluís Companys se había rendido, se dirigieron al ayuntamiento y expulsaron al Comité Revolucionario que se había apoderado de la alcaldía y era responsable de la muerte del sacerdote y del incendio de la iglesia parroquial.
También esa noche del 6 de octubre, incendiaron el templo de Vilafranca del Penedès, de Morell, de Vilanova i la Geltrú, de Castellví de la Marca y de Sant Jaume de Domenys. En Mataró obligaron, pistola en mano, al cura párroco Dr. Samsó, a entrar en el templo e incendiar los altares y la imaginería. El Dr. Samsó se negó con firmeza y a punto de asesinarlo, los incendiarios al conocer la rendición de Lluís Companys huyeron al mismo tiempo que entraban en el templo buenas personas de Mataró a apagar el fuego iniciado por los milicianos.
En el pueblo de Subirats, esa noche, los “rojos” condujeron detenido al párroco, mosén Miguel Cirés, a las afueras y le ataron a un árbol. Cuando los revolucionarios de Subirats conocieron la rendición de Lluís Companys huyeron y dejaron abandonado al sacerdote, atado, a punto de ser asesinado. Días después, un amigo de mosén Cirés le regaló una pistola para protegerse si alguien le atacaba cuando se encontrase en descampado para asistir a enfermos. Informado el obispo, Dr. Irurita, ordenó al sacerdote que se deshiciese de la pistola, y le dijo que prefería un sacerdote mártir que a un combatiente. El 19 de julio de 1936 mosén Cirés fue asesinado como tantos cientos de sacerdotes y el mismo obispo Dr. Irurita.
En Asturias, la revolución de 6 de octubre de 1934 duró más tiempo y fueron asesinados 34 eclesiásticos, totalmente indefensos, muchos de ellos docentes religiosos de los hijos de los mismos mineros que les persiguieron. El obispo de Oviedo, por suerte, se encontraba enfermo y hospitalizado en Pola de Gordón, pero al conocerse la tragedia perdió el habla y murió de angustia en Madrid, al cabo de un mes de haber estallado la revuelta.
Lluís Companys en octubre de 1934 fue detenido y condenado a muerte. El obispo de Barcelona, Dr. Manuel Irurita, fue el primero, entre centenares de firmas, que pidió clemencia y solicitó su indulto. A Lluís Companys le fue conmutada la pena capital. Pasaron dos años y el 20 de julio de 1936, al estallar la revolución anarcomarxista, Companys investido nuevamente presidente de la Generalitat, sabía que una patrulla de milicias dirigidas por García Oliver asaltaría el palacio del obispo de Barcelona y no movió ni un dedo para evitar que fuese detenido. El obispo se había refugiado en el domicilio de la familia Tort. En diciembre de 1936 fue descubierto y trasladado a una checa. Después fue conducido al cementerio de Montcada, donde, sin juicio ni piedad, fue asesinado por uno de los comités legalizados por Companys.

Los treinta y cuatro meses últimos del gobierno de Lluís Companys (del julio de 1936 al febrero de 1939) fueron una deshonra para Cataluña. Los años más siniestros de nuestra historia. Fueron derribados los más valiosos tesoros arquitectónicos religiosos herencia de la cultura pasada, fueron prohibidos el arte, la literatura y la música religiosa tan propia de Cataluña, y fueron perseguidos y asesinados los más grandes sabios, honrados y patriotas de nuestra tierra.
En 1939, Lluís Companys vencido en la guerra civil, se exilió, pero fue detenido en Francia, juzgado y fusilado en Barcelona el 17 de octubre de 1940. La historia nos indica que en julio de 1936 Companys había hecho fusilar 199 militares de los que se sublevaron en Barcelona, en el alzamiento de Franco y Mola.

El pueblo, hoy en día, tiene derecho a conocer la auténtica historia. No permitamos que se oculte ni que se tergiversen los hechos. Los hijos y los nietos de esa época siniestra queremos paz y concordia para todo el pueblo catalán, somos contrarios a la pena de muerte, ayer y hoy, y exigimos el derecho a divulgar nuestra memoria histórica, con libertad y con serenidad.
 
 
El Obispo de Barcelona, Siervo de Dios Manuel Irurita, votando en las elecciones de febrero de 1936.
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