El 29 de agosto cumple 80 años el padre Federico Lombardi, S.I., quien además celebrará el 2 de septiembre el cincuentenario de su primera misa. Jesuita, matemático de profesión y vinculado desde 1990 a la comunicación vaticana (radio y televisión), ha vivido desde dentro tres pontificados. Benedicto XVI le designó en 2006 director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, así que vivió muy de cerca todo su pontificado, así como los tres primeros años de Francisco, hasta su sustitución en 2016.

Actualmente acaricia uno de sus sueños más antiguos, al ser uno de los encargados de la Positio para la causa de beatificación del jesuita Matteo Ricci (1552-1610), apóstol de China, y preside la Fundación Joseph Ratzinger-Benedicto XVI.

En una entrevista concedida por todos estos motivos al Avvenire, periódico de la conferencia episcopal italiana, el padre Lombardi evoca su relación con el anterior Pontífice y su último encuentro.

Teólogo y humilde

"Tras una cierta capa de timidez, debida al hecho de ser un hombre de estudio, el Papa Ratzinger es un hombre no solo afable, sino que me ha hecho siempre sentir muy cómodo. Lo definiría como un Papa teólogo con las ideas muy claras", explica.

Su renuncia fue para él "inesperada", a pesar de que ya en 2010 había abierto esa posibilidad en su libro-entrevista con Peter Seewald. La atribuye a que había sentido, tras su viaje a Líbano en 2012, ya con 85 años, que le faltaban las fuerzas. "Lo que impactó a todos fue la serenidad y el desapego" con los que abandonó el papado.

Destaca la "humildad" como uno de sus rasgos característicos, y pone como ejemplo que despachaba siempre con él en italiano (a veces, incluso en presencia de su compatriota y secretario personal Georg Gänswein), a pesar de que Lombardi habla perfectamente el alemán, pues cursó en Frankfurt sus estudios de Teología.

"Preparado"

La última vez que Lombardi ha visto a Benedicto XVI fue el 7 de mayo, para informarle sobre los premios de la fundación que lleva su nombre. 

"Habla con un hilo de voz", afirma, y en ocasiones necesita la ayuda de Gänswein para expresar su pensamiento. Pero "conserva todavía una lucidez mental formidable. Tiene una memoria y una capacidad para relacionar las cosas verdaderamente notables para su edad. Todo esto se ve por la calidad de sus preguntas y de sus respuestas".

La impresión que se llevó tras ese encuentro, concluye, es "la de un hombre que, a pesar de su fragilidad, transmite serenidad, gracias -creo- a una intensa vida hecha de oración. Se despide siempre regalándote una bellísimas sonrisa y se siente preparado para el encuentro definitivo con el Señor".