Dice la Biblia que Santa María Magdalena es una mujer de la que Jesús expulsó siete demonios, que la acompañaba en sus viajes y que ella fue la primera en ver a Cristo resucitado y en ir a anunciarlo a los demás. Es la primera proclamadora de la Buena Noticia: Cristo vive y es Señor.

Pero en la Edad Media el arte cristiano la confundió con la mujer sorprendida en adulterio o con la pecadora que lloraba secando con su cabello los pies de Jesús, extendiéndose la idea de que la Magdalena era una prostituta arrepentida.

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Este pasado viernes la Santa Sede anunció que la fiesta de Santa María Magdalena se celebrará en un rango superior al que se celebraba hasta ahora, colocándola en el Calendario Romano en la categoría "fiestas", junto con grandes santas como las patronas de Europa (Santa Brígida, Santa Catalina de Siena...). 

Lo explica en La Razón Álvaro de Juana.

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Si hay una mujer en el Evangelio que encarna el haber estado alejada de Dios, ser pecadora y haber flirteado con el lado oscuro es, sin duda, María Magdalena. La misma que al encontrar a Jesús y su misericordia se convirtió en una de sus seguidores más fieles y decidió dejar sus actividades públicas para predicar el amor de Dios junto a los discípulos.

Para la Iglesia es tan importante la figura de María de Magdala –llamada la Magdalena porque nació en esta pequeña localidad de Galilea– que el Papa Francisco ha decidido instituir una fiesta en su nombre, al igual que tienen otros grandes personajes de la historia de la Iglesia.

La decisión la dio a conocer este viernes el Vaticano, explicando que cada 22 de julio será el día de Santa María Magdalena. Por tanto, lo que hasta el momento se celebraba como «memoria obligatoria» ahora es elevada a «Fiesta» en el Calendario Romano, que es el que rige las festividades de los católicos.


Jesús, el apóstol Santiago y María Magdalena en un fotograma de la película Resucitado (Risen, 2016)... que no llegó a emitirse en la versión final del filme

La Iglesia clasifica en solemnidades, fiestas y memorias según el grado de importancia, las diferentes celebraciones. Las memorias corresponden a los santos que son mundialmente conocidos y de gran culto y devoción, como por ejemplo San Francisco de Asís, San Benito abad, San Antonio de Padua o Santa Catalina de Siena. Las solemnidades y fiestas son las de mayor importancia y corresponden a dogmas o a figuras de gran relevancia en la historia del cristianismo, como la fiesta de San José que se celebra cada 19 de marzo.

«El Santo Padre ha tomado esta decisión precisamente en el contexto del Jubileo de la Misericordia para significar la importancia de esta mujer que mostró un gran amor a Cristo y fue por Cristo muy amada», señaló el comunicado enviado ayer por la Santa Sede.

El Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, responsable de llevar a cabo el cambio, Artur Roche, explicó que «la decisión se enmarca en el actual contexto eclesial, que pide reflexionar más profundamente sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina».

El prelado recuerda que Juan Pablo II dedicó «una gran atención no sólo a la importancia de las mujeres en la misión misma de Cristo y de la Iglesia, sino también, y de manera especial, a la peculiar función de María de Magdala que fue la primera testigo que vio a Cristo Resucitado y la primera ‘mensajera’ que anunció a los apóstoles la resurrección del Señor».

Roche también rememoró cómo ya Tomás de Aquino la había denominado «apóstola entre los apóstoles».

Esta nueva iniciativa es una muestra más de la importancia de las mujeres en la Iglesia, algo que Francisco ha repetido en numerosas ocasiones en su Pontificado. De hecho, el secretario de este dicasterio asegura que «esta importancia continúa hoy», lo que se «manifiesta en el actual compromiso de una nueva evangelización» que «busca acoger, sin distinción alguna, a hombres y mujeres de cualquier raza, pueblo, lengua o nación para anunciar la buena noticia del Evangelio de Jesucristo».

En definitiva, «Santa María Magdalena es un ejemplo de verdadera y auténtica evangelización, es decir, de una evangelista que anuncia el gozoso mensaje central de la Pascua».


No obstante hay que aclarar que María Magdalena es asociada a tres personajes bíblicos, que algunos identifican en una sola persona: María Magdalena, María la hermana de Lázaro y Marta, y la pecadora anónima que unge los pies de Jesús, como indica el miembro de Culto Divino.

En el decreto del Papa Francisco para elevarla al grado de «Fiesta», Santa María Magdalena es reconocida por ser «testimonio de la resurrección, discípula de Jesús, presente en la crucifixión, la mujer que va al Sepulcro y dice sucesivamente a los apóstoles que el Señor los espera en Galilea y ha resucitado», explicó a su vez el portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi.

No se trata de la primera mujer celebrada como «Fiesta» en el Calendario Romano, puesto que también se encuentran, entre otras, «las protectoras de Europa, Santa Catalina, Santa Brígida, o también las protectoras nacionales, pero es interesante cómo emerge la figura de Magdalena en el contexto de la nueva Evangelización», detalló Lombardi.

La decisión de Bergoglio estaría más inclinada, por tanto, a exaltar a la mujer que fue la primera testigo en ver a Jesús resucitado que a la mujer pecadora identificada en la tradición como la prostituta.

En diferentes ocasiones, Francisco propuso como modelo a seguir para todos los cristianos la figura de María Magdalena. Según dijo en la homilía que pronunció en la misa en la residencia de la casa Santa Marta el 2 de abril de 2013, poco después de acceder al Papado, la Magdalena es la mujer «de la cual Jesús dijo que ha amado mucho y por eso sus muchos pecados han sido perdonados». Sin embargo, debió «enfrentar la pérdida de todas sus esperanzas».
«Todos nosotros en nuestra vida, hemos sentido la alegría, la tristeza, el dolor», pero «en los momentos más oscuros, ¿hemos llorado? ¿Hemos tenido esa bondad de las lágrimas que preparan los ojos para mirar, para ver al Señor?», señaló.
Como suele hacer, el Papa invitó también esta vez a los fieles a imitar la actitud de esta santa: «Podemos también pedir al Señor la gracia de las lágrimas. Es una bella gracia... Llorar pidiendo por todo, por el bien, por nuestros pecados, por las gracias, por la misma alegría», ya que «el llanto nos prepara para ver a Jesús».