En la segunda parte de su visita a la ciudad de Asís este 4 de octubre, al acabar la Santa Misa, el Papa acudió al Centro de primera acogida de Caritas, cerca de la estación de ferrocarril Santa María de los Ángeles. Allí almorzó con los pobres.

Es una residencia con 23 lugares para pernoctar, y un comedor abierto a quien lo necesita. El Papa almorzó con unas treinta personas, y le impartió una bendición a una mamá con un hijito de un mes de edad.


Acabado el almuerzo ha ido en visita privada al Eremitorio de las cárceles, dónde se narra que se retiraban los primeros franciscanos en meditación entre los bosques, grutas y pequeñas capillas, para rezar en la celda de San Francisco.

A las 15,30 el santo padre llegó a la la catedral de San Rufino. Allí tenía una cita con el clero, las personas de vida consagrada y los miembros del consejo pastoral de la diócesis.


Durante sus palabras realizó muchas improvisaciones en los que se reflejaba muy bien el lado pastoral del actual pontífice, como cuando a los presentes subrayó la necesidad de los consejos pastorales de laicos en las diócesis así como en las parroquias. “Esto es fundamental”, dijo.




Hablando del bautismo, les preguntó a los presentes si se acordaban la fecha del mismo, y les dio como ´tarea´ de saberlo, dado la importancia que significa ese día para el cristiano.


Recordó también cómo era lindo cuando los párrocos conocían a sus fieles, incluso uno que le contaba que conocía el nombre de los perros de sus fieles. ¡Qué bonito!, exclamó el papa.

También dijo: ¿Si los papás solamente escuchan en la casa el telediario, de qué otra cosa van a hablar con sus hijos?


Ironizó además sobre las prédicas que son muy largas, aburridas y no dicen nada, y mirándo a los sacerdotes, sonriendo les dijo "esto es para ustedes".


Sobre las familias y los matrimonios reconoció que muchos terminan demasiado temprano, quizás, dijo porque no se ha logrado pedir perdón a tiempo.

“Peléense cuanto quieran, pueden volar los platos, pero nunca terminar el día sin pedirse perdón” le recomendó a los matrimonios.


Recordó que cuando trabajaba en la ciudad de Buenos Aires encontró niños que no sabían hacerse la señal de la cruz, verdaderas periferias existenciales.

Y las periferias de la diócesis de Asís, podían ser personas que se encuentran cerca del centro pero lejos espiritualmente.

Al concluir, tras la bendición y oración, saludó a diversas personas presentes, incluyendo a un niño visiblemente en quimioterapia.

A la salida, en la plaza delanta de la catedral de San Rufino saludó diversos minutos a las personas que allí estaban, antes de subir al jeep abierto que le llevó a la basílica de Santa Clara