Durante tres días, el grupo “Santa Marta” creado por el Papa Francisco en 2014 y compuesto por expertos de todo el mundo para combatir la trata de personas, se ha reunido en el Vaticano para analizar la situación internacional y acordar nuevas vías de lucha contra este mal denunciado en varias ocasiones por el Pontífice, explica Alvaro de Juana de la agencia ACI
 
Entre los asistentes había miembros de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y de la Archidiócesis de Madrid, como José Luis Segovia, Vicario de Pastoral Social; o María Teresa Compte, de la Fundación Pablo VI.
 
María Francisca Sánchez, directora de la Sección de Trata de la Comisión Episcopal de Migraciones de la CEE, explicó que desde 2010 están comprometidos “en la lucha contra la trata y la atención a las víctimas y trabajamos sobre todo en la visualización y en la atención a las víctimas”. “Trabajamos también con adolescentes y jóvenes para la prevención”, añade.
 
“Hemos estado reunidos en un encuentro de personas de los cinco continentes que trabajan contra la trata y en atención a las víctimas, también cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, y hemos compartido nuestras experiencias: cómo se está trabajando, qué líneas se están siguiendo”. Por ejemplo, “se constata que es similar lo que se está haciendo en todos los lugares”.
 
Por otro lado, recuerda que existen “muchas campañas de sensibilización, de trabajo con jóvenes de prevención, porque es un fenómeno global, muy complejo, con muchas vertientes”.
 
Sobre la lucha del tráfico humano en España, cree que “al menos la policía está haciendo muy buen trabajo en la persecución del delito y la liberación de las víctimas de las redes”. A esto se une que “entidades y congregaciones de la Iglesia están dando respuesta con la atención a las víctimas”.
 
A su parecer, “la Iglesia tiene que estar en primera línea. Son personas que ven vulnerados constantemente sus derechos y cuya dignidad ha sido pisoteada”.
 
María Francisca Sánchez y Ana Almarza, asistentes al grupo “Santa Marta” reunido esta semana en el Vaticano

Ana Almarza Cuadrado, de la Congregación de las Adoratrices, trabaja de lleno en un proyecto en la capital de España con el que acogen a las víctimas. “Lo que hacemos es acoger a mujeres víctimas, desarrollamos un proceso de liberación y de recuperación y también sensibilizamos a la sociedad”.
 
Cuadrado asegura que las mujeres que llegan hasta ellas “han sufrido grandes violencias”. “Han sido mujeres compradas, trasladadas, engañadas. Muchas veces bajo amenaza o presión, y han sufrido violencia y agresión”. Y aunque el proceso de recuperación suele durar en algunas mujeres de dos a tres años, y pasa por distintas fases, subraya que muchas “consiguen salir adelante”.
 
“Las adoratrices llevamos desde el siglo XIX trabajando con mujeres que han sufrido este delito, que ahora quizás es más conocido, y muchas después logran llevar una vida normal. Son mujeres con mucha fuerza, capaces de superar la situación de dolor que han sufrido”.
 
Relató que “cuando he saludado al Papa le he dicho que era adoratriz y que trabajo en la diócesis de Madrid y él es conocedor no solo del trabajo de la diócesis, sino también de personas concretas”.
 
“El tema el tráfico de personas tiene que ver con las mafias, con los traficantes que hacen daño. Que la Iglesia sea capaz, junto con las fuerzas de seguridad, de crear una red positiva que lucha contra este delito muestra que está comprometida con los más necesitados y los que más sufren”, destaca.