“Hazte vegetariano, deja el coche y ten menos hijos si quieres luchar contra el cambio climático”. Este es el titular que ofrece este miércoles El País. Cabe recordar que este diario se edita en España, que tiene una tasa de fecundidad de 1,33 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo, donde ya se está perdiendo población debido a que hay más fallecimientos que nacimientos. La pirámide poblacional ya no existe como tal.

El reportaje se convierte en propaganda pura y dura del cambio climático hecho ideología, cuyas raíces se hunden en su tradicional imposición del control poblacional y su desprecio al ser humano, convirtiendo en dogma preceptos que se han demostrado fallidos durante las últimas décadas pero que siguen siendo aceptados como validos por el establishment. No tienen intención de cuidar la creación sino en convertirse en los dueños de lo que se debe o no crear.

El texto asegura que “los ciudadanos podrían hacer mucho contra el cambio climático” aunque ello exija “grandes cambios en el estilo de vida occidental”. Y cita el pasar a tener una dieta vegetariana, prescindir del coche y tener un hijo menos. Tal cual.


Si a las cifras que ya de por sí no cubren el relevo generacional en Occidente se le quita un hijo, Occidente irremediablemente moriría porque no habría hijos. Se pasaría en España, por ejemplo, a 0,33 hijos por mujer. No implicaría un cambio en el estilo de vida sino el fin de esta forma de vida.

Seth Wynes, investigador de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) y coautor del autor del estudio en el que se basa la información de El País, asegura que “hay cuatro acciones que podrían rebajar de forma sustancial la huella de carbono de cada individuo: ‘comer una dieta basada en los vegetales, evitar los vuelos de avión, vivir sin coche y tener familias más pequeñas”.


España es un país donde los ancianos cada vez representan una mayor parte de la población, lo que podría multiplicarse si triunfaran tesis como las que publica El País


Además, insiste en que el tener menos hijos aún hay que hacerlo ya porque es la opción más útil y responsabiliza a la persona de que no hacerlo es atentar contra la humanidad. “El efecto de dejar de tener  un hijo casi se sale de la gráfica, reduciendo las emisiones casi 60 tCO2. Es la estimación más original y arriesgada ya que se basa en las emisiones futuras que habría provocado ese hijo, así como las de sus hijos y los hijos de estos”.

Los ‘apóstoles’ del cambio climático encuentran gran financiación y un enorme eco mediático para vender sus tesis.  Hace escasos meses en NPR, la radio pública de Estados Unidos, el investigador de la Universidad Johns Hopkins, defendía estas mismas tesis asegurando que debido al cambio climático “tal vez debamos proteger a los niños no teniéndolos”.


Desde los orígenes de esta ideología, que ha ido cambiando de nombre paulatinamente para encubrir sus errores, siempre ha habido una unión con el aborto, la anticoncepción y el feminismo radical. Han ido dados de la mano en este camino y el objetivo común siempre ha sido luchar contra la vida.

A finales de los 60 y primero de los 70, estos expertos, algunos de los cuales siguen hoy en primera línea, vaticinaban una glaciación de la Tierra de manera inminente. Igualmente, aseguraban el agotamiento del petróleo. De ahí pasaron al calentamiento global y a la capa de ozono y como tampoco se iban cumpliendo las expectativas del nombre al que habían puesto llegaron al concepto de cambio actual, y que es el utilizado en este momento.


Pero en medio de todo aquel proceso, tomó gran fuerza también la teoría de la “bomba de población” por la cual la cantidad ingente de seres humanos acabaría con los recursos naturales.

Uno de los padre de esta teoría es Paul Ehrlich, que prologó la novela de Make Room! Make Room! (Hagan sitio, hagan sitio) escrita por Harry Harrison en 1966 y que se llevó posteriormente al cine bajo el título de Cuando el futuro nos alcance.


Así sería el mundo en 1999 según Harrison y así quedó reflejado en la película "Cuando el futuro nos alcance"

Aunque era una novela, el autor confesó su intención adoctrinadora contra la familia y la fertilidad presentando un apocalipsis provocado por el hombre debido a la superpoblación. Según sus predicciones el mundo colapsaría en 1999 debido a la gran cantidad de población. Presenta un mundo sin electricidad, con racionamiento de comida, sin petróleo, ni árboles ni animales. "Cuantas más personas hay, más difícil resulta abastecerlas, cuanto más lejos hay que traer las algas, más caras", aseguraba.

Evidentemente, todas y cada una de sus predicciones fallaron. Eso sí, dejaba claro un aspecto que permite entender la situación actual. Los enemigos a batir eran los católicos y sus muchos hijos, causantes de que el mundo colapse y desaparezca. En la novela se llegaba a decir que "los católicos han impuesto sus creencias al resto de nosotros y ahora pagamos las consecuencias”.


La ideología del cambio climático surge, por tanto, en este contexto de la década de los 60 e inicios de los 70 como un coctel de movimientos elitistas antihumanistas con grupos de extrema izquierda política en el que la Iglesia es además un enemigo a batir.

Uno de los grandes apoyos de esta corriente ha sido el movimiento neomalthusiano, que gracias a millonarios como los Rockefeller o Bill Gates han defendido el “control de población”. Por ello no es de extrañar que muchos de estos supuestos filántropos dediquen muchos millones de dólares a expandir la anticoncepción y el aborto por el mundo, especialmente en los países pobres.

Otro de los cimientos de la corriente del cambio climático proviene de la extrema izquierda europea, que viendo su paulatino fracaso en política vieron aquí una oportunidad para tener más visibilidad e imponer sus políticas marxistas-leninistas. Este es el origen de los llamados “partidos verdes” que han tenido bastante influencia en muchos gobiernos europeos.