A sus 21 años Marcos Felipe, un joven de Picanya (Valencia), fue testigo en primera persona de cómo una simple invitación puede cambiar "toda una vida por completo". En su caso, nunca fue educado en la fe y no recibió los sacramentos, porque sus padres decidieron que eso era algo "que tendría que decidir al ser mayor de edad".

Ya adulto, no quería saber nada de la fe hasta que una amiga le invitó insistentemente a ir a una adoración. Fue el primer paso para llegar a este 8 de abril, Sábado Santo, cuando, al recibir los sacramentos de iniciación, pasó a ser "el día más importante" de su vida.

Entrevistado por El rosario de las 11 pm, el joven estudiante de Medicina recuerda que nunca vivió la fe en casa y, de hecho, su familia ni siquiera lo bautizó.

Su primer contacto fue con una amiga de la carrera, en la Universidad Católica de Valencia. "Siempre me invitaba a ir a horas santas de Hakuna pero yo ni sabía lo que era ni quería saberlo y como no era creyente le decía que no me apetecía", explica.

Pero la joven no se daba por vencida y cada vez que iba a rezar, a una misa o a una adoración, invitaba a Marcos.

Finalmente, él aceptó un lunes que habían quedado para estudiar.  "No sé por qué dije que sí, pero lo hice a ver qué pasaba, estaba con ella y no me apetecía dejarla ahí sin más", recuerda.

Un encuentro totalmente inesperado con Dios

Sus expectativas eran nulas, aunque estaba ciertamente intrigado por lo que se encontraría al llegar a la parroquia, cómo se iba a sentir, cuánto iba a durar…

Solo quería "que acabase pronto". En parte, le asustaba descubrir que algo allí pudiese gustarle. Al entrar, lo único que tenía claro era que debía seguir el consejo que su amiga le dio:  "La mejor forma de vivirlo es ponerse en primera fila".

"Cuando acabó, algo había cambiado. Terminó, salimos fuera y mi amiga y otra compañera me preguntaron. En ese momento no me salían las palabras. No sé que estaba sintiendo, pero me sentía diferente. Me sentía una persona al entrar y otra completamente distinta al salir", menciona.

Viviendo todo un shock espiritual, Marcos se despidió siendo consciente de que había tenido lugar "lo último que esperaba: un encuentro con Dios".

Marcos Felipe caminó durante dos años desde que se convirtió de forma inesperada hasta su bautismo el pasado sábado santo, que recuerda como"el día más importante" de  su  vida. 

Conforme pasaron los minutos y llegó a su casa, supo que aquel día había sido "un antes y un después" y tomó conciencia de que aunque había estado tanto tiempo rechazándole, "Dios hizo todo lo posible para que estuviese ahí".

Bautizado en la vigilia pascual

Marcos no dejó pasar aquella oportunidad de saciar un vacío que no podía llenar. Empezó a formarse por su cuenta y a ir a cualquier iglesia que veía, simplemente a quedarse sentado, solo. Veía como su incipiente fe le hacía "más feliz que a nadie en el mundo" y que cada vez que acudía a una parroquia o capilla se sentía "tremendamente querido".

"Lo que me importaba era solo estar con Dios, muchas veces iba solo, era donde quería estar, [encontré] algo muy grande que me saciaba de verdad, lo que había estado anhelando sin saberlo", explica.

Tras una vida sin contacto con la fe, su familia y amigos restaron importancia a su cambio pensando que estaba pasando una mala etapa y se agarraba a Dios como una salvación, pero él sabía que lo que estaba viviendo era algo "real", "un encuentro con alguien que era más grande que todo y que estaba vivo".

Casi desde el primer momento de su conversión, Marcos comenzó a formarse por su cuenta, antes de hablar con sacerdotes. Buscaba entender lo que le sucedía. El 8 de septiembre, Marcos se sintió preparado para dar un paso más y pidió a los párrocos de su pueblo la catequesis para recibir los primeros sacramentos.

Junto al padre Gea, don Joaquín y su formadora, María Vicenta, Marcos completó una formación que le llevó a la Vigilia Pascual del 8 de abril, cuando recibió el bautismo, la comunión y la confirmación. Lo considera "el día más importante" de su vida.

Marcos ha contado también su testimonio, en 4 minutos, en este breve reportaje en la web de la diócesis de Valencia.

Una vida cambiada por completo: feliz y evangelizando

"Dios ha cambiado mi vida por completo. Soy una persona totalmente nueva, he aprendido a vivir valorando un montonazo las cosas, apreciando cada segundo que nos regala y siendo consciente de que soy abrazado por Él en casa momento", subrayó.

Es un camino que apenas ha empezado. "Tengo muy claro que quiero vivir siempre en compañía de Cristo, una vida de servicio, de amor y de oración. En mi familia y amigos ha tenido mucho impacto, pero todos me han apoyado o por lo menos respetado muchísimo", agrega.

Desde su conversión, Marcos es consciente de que muchos perciben la forma en que Dios ha cambiado su vida y sus rutinas. Hoy busca expresar su fe en en redes sociales, por ejemplo con @lavidaesunregalo, una cuenta de Instagram que Marcos quiere "llevar muy  lejos".

"Con este proyecto, mi idea es evangelizar, contagiar a tantos… cada experiencia de cada uno es bonita, los planes y tiempos de Dios son siempre perfectos. Empecé esta cuenta por redes sociales para evangelizar, ayudar, expresar la fe y dar testimonio de que Cristo vive y estará vivo, de lo que ha hecho conmigo y muchísimas otras personas", explica.

"Dios nos quiere siendo conscientes de que esta vida es un regalo, pero que la meta debe ser el Cielo", concluye.