El pasado 9 de mayo murieron en un trágico accidente de ascensor Belén y José, de 17 años. Su muerte conmocionó a sus familias, a sus amigos y al Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, en Madrid. Eran novios desde hacía dos años y la pareja estaba celebrando el final de los exámenes con su grupo de amigos. 

Dos meses después, María Paramés, la madre de José, ha compartido con Alfonso Basallo, del digital Actuall cómo vive esta tragedia desde la fe. Además de José, de 17 años, María y su marido tienen otros tres hijos: Diego, 16; Ignacio, 12; y María, 9. Su hogar, que fundaron hace 19 años es una piña, a la que la ausencia del hermano mayor ha unido aún más, a través de la fe en que Dios “cuida de José” como dice ella.


- A las ocho de la mañana de ese mismo día, el 9 de mayo. Le dí un gran abrazo, le dije que le quería mucho, y que confiaba plenamente en él, porque acababa de terminar los exámenes de 2º de Bachiller.


- Eso ha sido para mí un enorme consuelo, de los recuerdos a los que me aferro. Porque otras veces sales de casa corriendo, pero precisamente aquella mañana le dí a José ese gran abrazo.


- Aún no nos las han dado, pero seguro que son buenas, porque José tenía una media muy alta sobre todo en ciencias… quería ser ingeniero industrial.


- Tenía la ilusión de crear infraestructuras para ayudar a los demás. Era un chico muy inquieto, muy comprometido, y tenía esa ilusión de hacer máquinas para ayudar a los que más podían necesitarlo, en el Tercer Mundo. “Era” no, “es”, me gusta hablar de él en presente.


- Aquí en el despacho de Bankinter, donde trabajo. Me entró una llamada urgente de un padre del colegio que me dijo que había habido un accidente en un ascensor en la calle Hermanos Becquer.


- De mi hijo, no… pero sí que vi al padre muy angustiado. Le avisé a mi marido para que acudiera a Hermanos Becquer y yo cogí un taxi y me fui para allá. Cuando llegué vi ambulancias, el Samur, la policía, y entonces sí que se me pasó por la cabeza que algo malo le podía haber pasado a José.


- Me atendió una psicóloga del Samur y me preguntó que si me quería sedar pero dije que no, luego me confirmó que mi hijo había fallecido; enseguida llegaron mi marido y mi madre; y nuestra máxima preocupación era contárselo a nuestros otros 3 hijos. El segundo, Diego, de 16, estaba entonces en EEUU y no queríamos que se enteraran por las redes sociales.


- Fue una gran suerte, porque mi marido desde enero pasa muchas semanas en Hong Kong por razones de trabajo, pero entonces estaba aquí.


- No, y todavía no me he enfadado. Llevo algo más de un mes y lo que siento es una gran pena, porque echo de menos a José, porque tenía una vida maravillosa, e iba ser una gran persona en esta Tierra… pero no me he enfadado con Dios.


- Ante estas situaciones o te sale rabia o te sale dolor. A mí me sale dolor, pero confiando en que Dios cuide de José.


- Sé que ahora me toca llorar; que lo que nos ha pasado no es algo que se pueda suavizar… y el único camino es aceptarlo. Cada noche nos juntamos mi marido y mis hijos a rezar en el cuarto de José, le recordamos, hablamos con él, lloramos, nos reímos…


- Yo siempre me he considerado creyente, pero curiosamente ahora tengo más necesidad de rezar y de estar con Dios, porque cuando estoy con Dios pienso que estoy más cerca de José.


- Esa epístola fue la que leímos en nuestra boda y me parece grandiosa. Lo de rebelarme… no me sale, no me rebelo porque yo no creo que Dios haya querido hacerme daño. No soy capaz de comprenderlo pero me apoyo en la fe y en la esperanza.


- Diego ha vuelto de EEUU muy triste pero, muy maduro, con muchas ganas de apoyarnos, de ayudar…


- No; y yo le digo a él: Quiero que seas tú mismo, porque José sigue siendo el hermano mayor desde el Cielo. Le veo muy bien a Diego. Más afectado está Ignacio, de 12 años, porque admiraba mucho a José. Pero los jesuitas del colegio El Recuerdo nos están ayudando mucho, se están volcando, le hacen un seguimiento para ver qué tal está.


- Con 9 años lo vive de otra manera. El colegio nos planteó si queríamos retrasar su Primera Comunión, porque sólo habían pasado unos días desde la muerte de José, pero dijimos que no porque estaba prevista para ese día, y María llevaba dos años preparándose. La hicimos y pedí a los invitados que fueran todos, que tenía ser un día muy alegre, mis sobrinos llevaron guitarras. Yo puse fotos de José por la casa, porque quería que estuviera allí.


- No pienso mucho en el ascensor… Creo que Dios nos ha hecho libres y, por eso, tenemos un mundo imperfecto, porque podemos cometer errores y hay deficiencias… y accidentes. Y eso le pasó a José. Pero también creo que cuando cayó del ascensor, Dios lo recogió y se lo llevó al Cielo.


- No le dedico ni un minuto a pensarlo, lo cojo con normalidad. Da lo mismo lo del ascensor… para mí ha tenido un accidente y se ha ido al Cielo, pero el accidente podía haber sido en coche.


- Muchas. Destacaría su capacidad de rodearse de personas buenas que le querían mucho. Construyó un grupo de amigos fantástico, tenía una novia maravillosa. Y también destacaría su capacidad de disfrutar y sacarle partido a la vida. Era un chico que me ha dado mucha paz.


- A veces era un poco callado… yo le pedía que me contara más las cosas.


- A veces más bien fuera que dentro de casa. El colegio del Recuerdo le ha servido para tener relaciones de amistad, porque organizaba muchas cosas: excursiones, campamentos, la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud); y porque José se apuntaba a todo. Estoy profundamente agradecida al colegio, a los jesuitas, por cómo le han sabido transmitir unos valores, y por cómo se han volcado con nosotros tras su muerte.


   La familia Amián Paramés, con sus 4 hijos 


- Le querían mucho. Uno de sus amigos decía: “Como te imaginas a Dios, yo me imagino a Amián porque siempre estaba ayudando y siempre con una sonrisa”.


-Un jesuita, el padre Beni tenía otra: estaba en el banquillo con ganas de salir


- Estaba encantada con ella, aunque en principio no me gustaba que empezaran a salir tan jóvenes. Pero luego la he conocido, era una chica maravillosa, con una sonrisa inolvidable. Y puedo asegurar que en el año y medio que ha estado con ella José ha sido mejor persona.


- Ya habían hablado con un jesuita que era el que les iba a casar en el futuro, con el padrino… aunque yo le decía a él que no fuera tan rápido. Iban muy en serio. Y ella era una novia que no le aislaba sino que unía.


- Mi marido Pepe había estudiado en Icade y yo Psicología en Comillas –de los jesuitas; y estábamos vinculados a grupos comunitarios ignacianos… San Ignacio es una figura que nos atraía mucho. Nos hacía ilusión que fuera al Recuerdo


- Es un consuelo pensarlo. Tengo varios consuelos: primero que en sus 17 años y medio tuvo una vida muy plena; luego, que me pudiera despedir de él con un abrazo; luego, que no sufriera en su muerte; y, por supuesto, que muriera 15 días después de confirmarse. Estaba muy cerca de Dios.


- Es que mi marido es un apasionado de la tecnología, por eso lo del móvil… Decía ¿cómo vamos a hablar con José ahora, cuando ya no tenemos whatsapp con él? Y por eso estamos probando ese nuevo lenguaje que es la oración. Por eso nos juntamos todas las noches a rezar… la oración nos une a él.


- El mayor privilegio que tengo es educar a mis hijos… es una de las razones por las que me levanto todas las mañanas. Por eso pienso ¡qué pena con todo lo que hemos hecho por José!… Había estudiado francés, inglés, chino mandarín, había hecho cursos de robótica. Pero a la vez es una satisfacción, pensar que le hemos dado la mejor educación del mundo. Y se la volvería a dar.


- Al final educar a un hijo es quererle. Y una de las mayores satisfacciones es pensar que a José le he querido con toda mi alma.


- Me lo dice un sacerdote: todos tenemos como misión irnos al Cielo y José lo ha conseguido; y eso tiene que alegrarme. Pero me cortaría varias manos para poder seguir educándolo.


- La oración es una necesidad. La reacción de amigos de José, profesores, padres del colegio, amigos fue espontánea: durante varios días la capilla del Recuerdo estaba llena de gente rezando. Y sólo nos salía rezar, rezar… estar juntos y rezar. Cuando hay atentados, la gente pone velas, ositos etc, a los creyentes lo que nos sale es rezar. Y el colegio fue el lugar de encuentro para estar con José y con Dios.


- Yo respeto todas las creencias y opiniones, pero me siento una privilegiada por tener fe. Si no tuviera fe no podría soportar este dolor.


- No, porque la fe no te quita ni un ápice de dolor, pero pone esperanza a ese dolor. “Me ponen” esperanza, no me la pongo yo, porque no me creo lo fuerte que estoy. Me ayuda Dios, José. Si no estaría en la cama llorando todo el día.


- Con el dolor hay que tener cuidado para no regodearse en él. Hay una parte de ti que tiene la tentación de abandonarse: yo quiero estar todo el día llorando. Pero existe otro dolor –del que tú hablas- que te lleva hasta otro plano. Yo ahora es como si estuviera en ese otro plano.


- Vivo un dolor enorme pero tengo una relación con Dios mucho mayor. Tengo 47 años he tenido una vida bastante feliz pero mi vida ha cambiado, hay un antes y un después y ahora estoy en ese plano. Creemos que vamos a vivir siempre, pero esto no es más que un prólogo.


- Lo de José me hace acercarme a ella que perdió a su Hijo, y que sufrió infinitamente más que yo. El dolor me ha hecho acercarme a la Virgen. Te acerca a esas realidades, pero también a otras personas que han pasado por lo mismo: otras madres que han perdido hijos. El dolor une, te hace más comprensivo con los demás, te hace crecer, te hace mejor, te enseña mucho.


- Estoy profundamente triste, pero rodeada de mucho cariño; mi familia, mis amigos, toda la Comunidad del Colegio del Recuerdo y también he recibido un gran apoyo de mis compañeros de Bankinter y de mi jefa, Maria Dolores Dancausa. La vida se me puesto muy oscura pero estas personas me trasladan luz con su apoyo incondicional. Especialmente mi marido y mis hijos, con los que recuerdo constantemente a mi hijo José y trato de mantenerle presente cada día’


- Mi marido nunca había llorado, hasta ahora, y yo me alegro de que llore. Está desolado pero a la vez tirando adelante y apoyándose en Dios.


- De nuestros padres, familias católicas. Yo personalmente estuve con mi colegio Jesús María en Guinea en misiones; también con grupos de jesuitas en Camboya; y mi marido siempre ha tenido una religiosidad muy profunda.


- Una sobrina mía de 6 años me dice: Si Dios se lleva a los mejores, yo voy a ser malísima, porque yo no quiero morirme. Es verdad que Belén y José, e Ignacio eran estupendos, pero no son los únicos. Estamos rodeados de gente estupenda, lo que ocurre es que ponemos el foco en lo negativo y no siempre valoramos lo que nos rodea. Y cuando se van es cuando nos damos cuenta.


- Mi razón de ser. Desde que era pequeña yo quería ser madre. Y me gusta salir fuera a trabajar y tengo un proyecto profesional ilusionante, pero mi misión en la vida es la familia. Soy directora de recursos humanos en Bankinter, pero cuando la gente me pregunta yo siempre digo, la familia es mucho más importante que el trabajo.

Una canción que recoge el recuerdo y la esperanza de la familia