Laico de la Acción Católica, defensor de la España católica perseguida en la Guerra Civil, coqueteó con el fascismo intentando impregnarlo de los valores cristianos, luchó contra la URSS en la II Guerra Mundial, se enfrentó al nazismo y al fascismo como miembro de la resistencia católica, fue detenido y llevado a campos de concentración, escapó de varios de ellos, se erigió como el defensor de los más débiles en prisión y finalmente murió por odio a la fe en el campo alemán de Hersbruck, al recibir él la paliza que iba destinada a otro. La Iglesia reconoció oficialmente el pasado viernes su martirio y en enero será declarado beato.

La de Teresio Olivelli fue una vida de película. Intensa, apasionada y trepidante. Además murió joven, muy joven, a la edad de 29 años. Aún así experimentó que Cristo estaba en los más débiles y pobres. Era conocido en el campo de concentración como el “buen samaritano” e incluso le dio tiempo a dejar su ropa a otro preso antes de morir debido las graves secuelas de la paliza que recibió.




Olivelli es toda una institución en Italia como ejemplo de la resistencia católica y por su intento de desmontar el fascismo desde dentro. Su ejemplo de fe y de compromiso han hecho que colegios e institutos italianos lleven actualmente su nombre.

Teresio nació en el norte de Italia en 1918, estudió Derecho y ya desde adolescente era un católico inquieto y apasionado enrolado en la Acción Católica. Se distinguía por su amor a los pobres y a los débiles, gracias también a la influencia de su tío, que era sacerdote. Iba todos los días a misa y meditaba a diario los Evangelios y el conocido libro Imitación de Cristo, de Thomas de Kempis.


Al estallar la guerra civil en España y la furibunda persecución que se produjo contra la Iglesia y los católicos (4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y religiosos, 283 monjas y más de 3.000 seglares fueron asesinados, siendo ya cientos de ellos beatos y santos), Olivelli no podía quedarse de brazos cruzados y se preparó para acudir a España por su cuenta para defender a los católicos, pero al margen del régimen fascista italiano.


Teresio, en el centro de la imagen, junto a su familia. En la imagen también aparece su tío sacerdote y que tanta influencia tuvo en este joven mártir

Finalmente, su tío sacerdote logró disuadirle. Aún así en una carta, este joven italiano decía a su familiar sobre la situación española:

“La juventud o es heroica o es miserable. El hombre no puede darle a una idea la mitad de sí mismo, lo da todo. Así que cuando es Cristo el ideal que nos impulsa, creo que el deber se cumple con un amor totalitario a Él y que debe ser consumado hasta la última gota. O la fe se vive como conquista o bien se asemeja a la anemia de los invertebrados. En la católica España se está atacando a lo Divino en nosotros, se combate para vencer al anti-Cristo, negación del hombre y de Cristo. El futuro no pertenece a los blandos. La vida es perfecta cuando es perfecto amor”.


Ya como un joven profesor de Derecho en la Universidad de Turín se mostró muy activo en el ámbito cultural y mientras se hacía cargo de los pobres del Cottolengo turinés era cercano al régimen fascista intentando cambiarlo desde dentro con una corriente crítica. Rechazaba la violencia, las diferencias raciales e intentaba impregnar de cristianismo a la ideología que sustentaba el régimen italiano. Era un momento en el que un sector creía que todavía era posible aplicar los principios cristianos al fascismo.


Tras estallar la II Guerra Mundial se enroló como voluntario de los Alpinos para luchar en Rusia. Allí conoció el horror de la guerra y de las ideologías que habían llevado hasta esta situación y le cambió para siempre.  Sus compañeros estaban admirados por su asistencia espiritual y cómo confortaba a los heridos y moribundos. No dudó en arriesgar su vida en numerosas ocasiones para rescatar a los caídos en combate y así anduvo 2.000 kilómetros a píe.

Regresó a Italia en 1943 y lo primero que hizo fue informar ya fuera por carta o en persona de la suerte de los soldados con los que había estado. Sólo tenía 27 años pero sentía esa gran responsabilidad con el prójimo.


Tras el armisticio de ese año y la consiguiente invasión por parte de los nazis de toda la parte del país que no había sido recuperada por los aliados, Teresio Olivelli se negó a rendirse a las tropas de Hitler y a ser cómplice  de sus actuaciones y matanzas.


En Italia es toda una institución e incluso le dedicaron recientemente un sello


Fue así como fue detenido y enviado al campo de prisioneros de Innsbruck, del cual intentó escapar sin éxito. Más tarde fue trasladado a Ratisbona y más tarde a Markt Pongau, de donde logró escapar y huir andando a Italia.

Allí se unió a la resistencia católica pero rechazando la violencia. Para él, la reconstrucción de Italia no sería plena sin los valores cristianos por lo que estaba ansioso por difundir por todo el país la necesidad de una rebelión de conciencia  y del intelecto frente al poder de las armas.

Para llevar a cabo esa idea fundó en marzo de 1944 El Rebelde, una publicación clandestina que circulño en ámbitos de inspiración católica. En ella se publicaba el manifiesto “rebeldes” en el que se llamaba a una revuelta moral contra el fascismo así como la oración de los rebeldes.


En abril era detenido en Milán por la Policía fascista y encerrado en la prisión de San Vittore, donde recibió numerosas palizas. De ahí fue trasladado al campo de concentración de Fossoli y de ahí deportado al campo de Bolzano. Logró escapar de este campo y se ocultó en un almacén durante un mes hasta que fue descubierto.

Tras una brutal paliza fue trasladado a Alemania, al campo bávaro de Flossenbürg. Allí se enfrentó a las SS y frente al odio y la violencia él aplicaba la fe y la caridad. Para salvar a otros utilizaba su dominio del alemán, incluso cargando él con sus culpas.


Olivelli fue una ayuda espiritual para muchos prisioneros del campo de Flossenbürg


Por las noches organizaba el rezo del Rosario
y al igual que hizo en el frente ruso se convirtió en un asistente espiritual del resto de presos. Le llamaban el “sacerdote sustituto”. No dudaba en dar su comida y lo que necesitaran otros compañeros suyos.

Más tarde fue trasladado al campo de concentración de Hersbruck, donde coincidió y ayudó a su amigo, el ahora beato Odoardo Focherini.  Los prisioneros que sobrevivieron recuerdan de Olivelli su serenidad y coraje y su ayuda constante a los presos más vulnerables.


Y fue precisamente ayudando a los débiles como murió. En enero de 1945 hizo de escudo humano para proteger a un débil preso ucraniano por lo que los nazis le golpearon de manera más brutal aún. Llegó a la enfermería moribundo pero con la suficiente lucidez para rezar y pedir que su ropa fuera a parar a un amigo. Después, y con tan sólo 29 años, murió por "odio a la fe".

En enero de 2018, 73 años después de su muerte, la Iglesia le declarará beato.