Los pilotos militares que hayan vivido una desgracia similar pueden comprender el dolor que invadió a Marcus Allen. Para los demás, basta evocar la escena de Top Gun en la que Maverick (Tom Cruise) agarra desesperadamente en el agua el cuerpo sin vida de Goose (Anthony Edwards), a la espera del rescate y de un milagro que no llegará. [Ver abajo la escena.]

Como en el clásico dirigido por Tony Scott en 1986, en esta historia real el superviviente también abrigaba razones para sentirse culpable.

"Acaba de anochecer y estoy volviendo a mi habitación después de cenar cuando paso por delante de una puerta abierta", evoca Marcus: "Dentro está mi binomio Tom, tumbado en la cama, con la Biblia en las manos. Me hace una señal para que entre. Ambos éramos jóvenes oficiales de los Marines empeñados en entrenar y aprender a volar el AV8 Harrier. Este caza de despegue vertical se estaba ganando rápidamente la ignominiosa reputación de fabricante de viudas, por el número de pilotos que habían muerto pilotándolo. Acerqué una silla y charlamos un rato de esto y de lo otro".

"Finalmente Tom me pregunta:

"-¿Te has enterado de los problemas que tuve?

"Tom había tenido dificultades de estabilidad aquel día al planear. No pudo mantener firme el avión y se había puesto nervioso a los mandos.

"-Sí. Esas cosas pasan. ¿Cuándo vuelves a volar? -le dije.

"-Mañana por la mañana.

"-No estaríamos aquí si no fuésemos los mejores, ¿no es cierto? -sólo se me ocurrió esa banalidad.

"-Eso me han dicho -dijo. Comprendí que escondía algo más.

"Tom era un graduado en Annapolis [la Academia Naval], recién casado y con un niño en camino. Tan lejos como puedo recordar, siempre me dijo que quería ir a la Academia Naval y convertirse en piloto de los Marines. Y aquí estaba, feliz de vivir su sueño. El único problema, me dijo, era su mujer. Ella odiaba los Harrier, temía por su vida y quería que abandonase el programa. Él no sabía qué hacer. Dejarlo acabaría con su carrera, pero la verdad es que el avión se las traía.

"-Te confesaré -continuó- que temo a la muerte.

"No recuerdo exactamente qué dije, seguramente ´no le des vueltas´, ´tú puedes hacerlo´, etc. Estoy seguro de no haber despreciado sus miedos, pero también de no haber conversado al respecto. Yo también tenía que volar por la mañana, así que ya le llamaría alguna noche para salir a tomar algo cuando hubiese vuelto a volar".


A la mañana siguiente, Marcus se encontraba en la cabina de su avión. Hizo el chequeo antes de volar, abrió comunicación y pidió permiso para despegar. Pero se la negaron. Había una emergencia en curso.

"Contrariado por tener que sentarme y esperar, miré y vi humo saliendo al otro lado del hangar. Sentí un mazazo en el estómago y pensé en Tom", continúa Marcus: "Pregunté de qué emergencia se trataba. Me dijeron que un Harrier se había estrellado en medio del campo. Como el mío era el segundo vuelo del día y el de Tom el primero, me vino a la memoria la conversación de la noche anterior. Salté frenéticamente del avión y corrí a esperar noticias".

Tom se había matado. El día era ventoso, y había cometido un error garrafal al no tenerlo en cuenta en una maniobra de transición tras el despegue vertical. El avión se hallaba a unos cien metros de altura cuando empezó a voltear.  Cuando Tom eyectó su asiento, el Harrier estaba en posición invertida, y el joven piloto se estrelló contra el suelo.

"He pensado a menudo en su última noche en la tierra, en lo que compartió conmigo, en su joven esposa envejeciendo sin él, en la vida de su hijo sin un padre, y he imaginado las cosas que debería haberle dicho. Cuando abandoné su habitación, ¿me inquietaba lo más mínimo? Cuando relajé mi cabeza sobre la almohada, ¿me preocupaba algo que no fuese yo mismo? ¿Era mi corazón tan frío que no podía impulsarme a consolar a Tom?", lamenta ahora Marcus: "Tom, por favor, perdóname. Recibí tus temores con una actitud insensible y arrogante. Tal vez querías hablar de Dios, pero hice oídos sordos. Tal vez querías rezar, pero yo estaba demasiado pagado de mí mismo. Si hubiese sido entonces un hombre de Cristo, podría haber hecho algo. Podría haber salvado tu vida".


Marcus Allen dejó años después de ser un piloto de guerra y abandonó el Cuerpo de Marines. Hoy es directivo de empresa, se ha convertido al catolicismo y desde su blog comenta la actualidad y, entre otras cosas, ofrece el testimonio de la dramática experiencia vivida, así como el de su propia conversión.

Un itinerario de fe de corte principalmente intelectual, pues se trata de una búsqueda consciente de la verdad. Marcus se situaba ante las diversas religiones y se planteaba cómo "muchas personas no profundizaban en la teología de su fe", bastándoles con "un cierto nivel de satisfacción y con estar espiritual y socialmente vinculados a una comunidad". Para él, por el contrario, esa falta de interés suponía "una fácil transición hacia el ateísmo", habida cuenta sobre todo de "un simple hecho de lógica" ante la variedad de religiones: "Las religiones, y más específicamente las denominaciones cristianas, no pueden ser todas verdaderas, pues enseñan cosas distintas que en ocasiones están en conflicto unas con otras. Para mi forma de pensar, estos contrastes eran una fascinante invitación a investigar".

Y lo hizo mediante dos caminos: investigar quién fundó cada religión, y si sus enseñanzas se sostenían sobre el fundamento moral "que todos llevamos en nuestro interior": "La ley natural, que yo veía como un cimiento de mi fe y refuerza la objetividad el bien y el mal contra todo relativismo".

Considerando falso ese relativismo, patente en los debates "sobre el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o la anticoncepción", y partiendo de la base de la existencia de la ley natural en el hombre, Marcus concluyó que su autor es Dios, en cuanto Creador. Y comprendió también que fue Dios, Jesucristo, quien había fundado la primera Iglesia.


Otras religiones y filosofías creadas por "profetas, revolucionarios o visionarios" podrían ser "laudables, pero no era Dios su origen", señala Marcus: "No me interesan los credos creados por hombres, sea cual sea el carisma del fundador o la buena articulación de sus creencias. No quiero jugarme mi alma con una invención humana"

Así que había que enfrentarse ahora a la pléyade de denominaciones cristianas: "Inicialmente fui escéptico en mi incursión en el catolicismo. Mis prejuicios, notablemente inexactos, provenían de fuentes laicistas y de cristianos poco caritativos. Consideraba las enseñanzas católicas inspiradas por el miedo".

Marcus no ofrece muchos detalles de cómo disipó esos recelos, aunque se deduce que fue el estudio de la historia de la Iglesia, al comprobar que "muchos de los cismas cristianos eran atribuibles al orgullo y no a la caridad, y por tanto las motivaciones  de los disidentes debían ser seriamente cuestionadas".


Él encontró un guía en San Agustín de Hipona (354-430): "Durante bastante tiempo, mi vida se pareció en muchos aspectos a la vida inicial de Agustín, lujuriosa y falta de modestia. Sus Confesiones, sobrecogedoramente similares a muchas de mis experiencias, me inspiraron misteriosamente a buscar la Verdad. Como Agustín, sucumbí por completo a los pecados del mundo y rechacé a Dios".

"Te amé demasiado tarde", le dice Marcus a Él siguiendo las palabras del santo: "Ahora lo comprendo. Aunque he desperdiciado una vida plena de promesas, ahora comprendo. Dios es mi tesoro. Me ama y me hizo una señal para que me acercase a Él".

"Lo sé en la parte de mi alma que ha sido tocada por Él, allí donde las dudas no existen", concluye: "Lo sé por la fe y por la aprehensión espiritual. Lo sé porque, aunque Dios está en todas partes, los latidos de mi corazón apuntan al cielo".

A ese cielo donde espera encontrarse un día con Tom, y donde ya no hace falta decir las cosas que quedaron sin decir aquella noche en que Marcus no era aún "un hombre de Cristo".