Cerramos un año más el denominado Tiempo de la Creación, efeméride instituida por el Papa Francisco y que el movimiento Laudato Si’ ha definido como “un tiempo de gracia que la Iglesia, en diálogo ecuménico, ofrece a la humanidad para que renueve la relación con el Creador y con la creación, a través de la celebración, la conversión y el compromiso juntos. En otras palabras, el Tiempo de la Creación es la celebración ecuménica anual de oración y acción por nuestra casa común”.

A raíz de la encíclica Laudato Si ́ de Francisco, publicada el año 2015, se ha generado entre ciertos grupos católicos un movimiento muy activo por la justicia ecológica. El miércoles 4 de octubre de 2023, festividad de San Francisco de Asís, el Papa Francisco ha publicado una exhortación apostólica incidiendo sobre  los aspectos ya expresados anteriormente respecto a la ecología integral.

La exhortación,  que se centra extensamente en la denominada “crisis climática”, resulta ser una continuación y profundización de la anterior encíclica Laudato Si’.  En esta ocasión, la exhortación se denomina Laudate Deum.

En este documento dirigido a todas las personas de buena voluntad, Francisco nos advierte sobre lo siguiente:

"20. En Laudato si’ ofrecí un breve desarrollo acerca del paradigma tecnocrático que está detrás del proceso actual de degradación del ambiente. Es «un modo de entender la vida y la acción humana que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla». En el fondo consiste en pensar «como si la realidad, el bien y la verdad brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico». Como lógica consecuencia, «de aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos».
 
»21. Durante los últimos años hemos podido confirmar este diagnóstico al mismo tiempo que hemos asistido a un nuevo avance de dicho paradigma. La inteligencia artificial y las últimas novedades tecnológicas parten de la idea de un ser humano sin límite alguno, cuyas capacidades y posibilidades podrían ser ampliadas hasta el infinito gracias a la tecnología. Así, el paradigma tecnocrático se retroalimenta monstruosamente”.

Más adelante, en la exhortación apostólica, tras un extenso discurso de análisis de la situación actual del mundo tal y como se ve desde determinados círculos del Vaticano, Francisco nos ofrece a los católicos motivos para la esperanza, porque no debemos olvidar que estamos en manos de la Providencia del Creador.

La exhortación finaliza con esta frase, a mi entender, resumen y colofón de lo redactado en los 73 apartados del documento: "«Alaben a Dios» es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”.

Cultura del colapso civilizatorio

Contrasta la visión esperanzadora del cristianismo en relación a la custodia de la creación y la alabanza al Creador, respecto a la actual cultura secular catastrofista, que ve inevitable e inminente el colapso ecológico y de civilización. Muchos de los documentos de los científicos y expertos, así como de las voces más mediáticas que se alzan adoptando la ideología del colapsismo, nos presentan un futuro incierto, oscuro y sin esperanza.

Emilio Santiago, investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), especializado en antropología climática, ecologista de referencia, también estuvo convencido, durante más de una década, de los postulados de la cultura o ideología colapsista. Sin embargo, en una reciente entrevista, declara que "el colapso ecológico no es verosímil" e insiste en lo contraproducente que resultan las posiciones catastrofistas, que acaban convertida en profecías autocumplidas. 

Imaginario apocalíptico biotecnológico

Hemos de tener en cuenta que, desde finales del siglo XX y durante el siglo XXI, la imagen del "apocalipsis" como inicio de las narrativas de entretenimiento ha invadido con intensidad toda la cultura popular del cine, las series de televisión, los cómics, el internet, el streaming y, por supuesto, los videojuegos. Las catástrofes se han naturalizado como algo casi cotidiano. Los profesores Ángel Ferrero y Saúl Roas en su artículo de 2011 El “zombi” como metáfora (contra(cultural) (Nómadas), afirman que actualmente hay una disposición a tratar las crisis (políticas, económicas, climáticas, sanitarias, etc.) que ahora son fenómenos globales como crisis imposibles de evitar.

Por otro lado, como señala la profesora Gabriela Chavarría, "en el imaginario de la cultura popular el apocalipsis es un hecho. La imaginación acepta que estas crisis son interminables y que cuando una acaba viene la próxima, hasta que un día ocurrirá una de gran magnitud que acabará con nuestro mundo. Por tanto, este imaginario asume que el futuro siempre será postapocalíptico, es decir, postantropocéntrico, posthumano". Así lo destaca en su artículo El posthumanismo como imaginario social y los retos para la gobernanza y las políticas públicas del siglo XXI, incluido en el libro La marejada del posthumanismo (Universidad del Valle).

Aceptar esos imaginarios postapocalípticos implica renunciar a la esperanza del presente, pues ya lo damos por perdido y al imaginarnos el futuro distópico, nos situamos siempre en un futuro que no habitaremos ya como humanos sino como híbridos posthumanos.

Según los estudios de la profesora Chavarría, los escenarios comunes en los videojuegos -y próximamente en la realidad virtual y aumentada, así como en el metaverso- siempre enfrentan al jugador con un tiempo postapocalíptico. Estos escenarios, además de permitir que los jugadores experimenten en un mundo virtual la tecnología punta en la guerra, sincronización en el uso de armas no convencionales, robots militares, drones, etc., también les facilita experimentar el final del mundo humano, la finalización total del mundo antropocéntrico.

El final del mundo humano

Para la profesora Chavarría, "lo que queda por delante es la sobrevivencia, porque lo que en realidad explota es el contexto antropocéntrico, y se destruye el vínculo social entre los humanos, sus sociedades. A partir de ahí, cada jugador seguirá solo, aislado, en contacto casual con alguna máquina, animal, mutante o seres no humanos. El mundo tal como es conocido en nuestro presente ya ha sido destruido por virus, errores científicos, sucesos ecológicos, guerras devastadoras o escenarios biotecnológicos distópicos".

Según diversos autores, como por ejemplo el filósofo Bruno Latour en su libro Reensamblar lo social. Una introducción a la teoria del actor-red (Manantial), en estos videojuegos, sucedáneos de lo real, el jugador queda reducido a un cerebro neuronal, explicable a través de puras reacciones bioquímicas, y junto con el dispositivo electrónico este sujeto jugador es un ejemplo modelo del funcionamiento de la biopolítica en las sociedades posthumanas.

Por otro lado, tal y como remarca Chavarría, la popularización de los avances biotecnológicos a través de los medios de comunicación y la cultura popular van minando los presupuestos de la historia natural, la naturaleza humana y las fronteras entre las especies, construyendo el imaginario de una naturaleza global y una cultura global que ha desembocado en una genetización e individualización de la patología, del comportamiento y de la identidad.

Según Sarah Franklin en Global nature. Global culture (Sage), estamos siendo testigos de una gubernamentalidad genómica que tiene como función "la regulación y vigilancia de la genealogía tecnológicamente asistida. Esto es necesario para la eliminación de los genomas de plantas, animales y humanos de la plantilla de la historia natural que en el pasado había asegurado sus fronteras y hoy se re-animan como formas de capital corporativo".

En el imaginario genético de estas sociedades posthumanas de los videojuegos, tal y como señala Chavarría, esa gubernamentalidad es algo que se ha llevado a sus últimas consecuencias y todo animal, vegetal, mineral y humano ha sido intervenido y modificado genéticamente. Podríamos decir que se ha dado un caos genético donde se han traspasado sin límites las fronteras entre las especies.

Según afirma la filósofa Mary Midgley en The myths we life by (Routledge), algunos famosos de la ingeniería genética han empezado a contar una historia diferente que afirma que la fuerte división entre las especies está pasada de moda: "Así como los alquimistas pensaban en todas las sustancias químicas como meras etapas en un continuum ininterrumpido, los biólogos deberían ver las especies vivientes como etapas en un continuo, a lo largo del cual, en principio, siempre pueden moverse e intercambiar sus propiedades".

Naturaleza maleable

Para la profesora Midgley, la nueva ideología que se propone removerá los conceptos tradicionales de naturaleza humana y especies, imaginando la naturaleza como algo infinitamente maleable. Esa nueva ideología -que podemos identificar plenamente con el transhumanismo y con el posthumanismo- es la que ya experimentan los jugadores en los entornos de los videojuegos, porque todas las especies biológicas son vistas como depositarios de genes que pueden ser transferidos e intercambiados entre unos y otros, generando entornos bizarros sin límites, donde cabe cualquier cosa híbrida que podamos imaginar.

Un escenario distópico y apocalíptico como el descrito anteriormente, en el que se simula la disolución del yo consciente y se empieza a vivir una identidad en transformación constante, como la denomina la filósofa Rosi Braidotti en Metamorfosis. Hacia una teoría materialista del devenir (Akal).

Las características analizadas por la profesora Chavarría en los videojuegos (a modo de "oráculos" de lo que puede llegar a ser en el futuro una distopía biotecnológica, como son el apocalipsis, el imaginario postmortem y la genetización de la biología, producto de la ingeniería genética y de una biología molecular) proponen un posthumanismo destructivo, es decir, un posthumanismo que arrasa con todas las conquistas positivas de la historia humana y del mundo antropocéntrico: los derechos humanos, la dignidad de la vida, las normas éticas y el respeto por las diferentes especies y su diversidad.

Posthumanos: ¿herederos de los nefilim?

En relación a la disolución de las fronteras biológicas entre las diferentes especies, cabe recordar lo que nos narra la Biblia respecto a la hibridación en tiempos de Noé: 

"Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la haz de la tierra y les nacieron hijas, vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien, y tomaron por mujeres a las que preferían de entre todas ellas. Entonces dijo Yahveh: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean 120 años. Los nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos. Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, le pesó a Yahveh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. Y dijo Yahveh: «Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado -desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo-, porque me pesa haberlos hecho». Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahveh. Esta es la historia de Noé; Noé fue el varón justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios" (Gén 6, 1-9).

Una versión plausible avalada tanto por el apóstol Pedro como por Judas, es que los denominados "hijos de Dios" en este texto del Génesis sobre los tiempos de Noé, se refieren a ángeles caídos o "espíritus malignos encarcelados".

Según la Biblia, en la Antigüedad existía un pueblo de muy elevada estatura que habría nacido como fruto de una unión antinatural entre ángeles caídos (o demonios) y seres humanos. Se trata de una cuestión poco mencionada en las Sagradas Escrituras, pero que, de tanto en tanto, aflora de manera explícita en los textos, desde el Génesis hasta el Libro de Baruc, el profeta. Resulta particularmente interesante la conexión con un antiguo texto, el Libro de Enoc, un texto no estrictamente bíblico pero del cual figuran algunas citas en el Nuevo Testamento. Así lo ha analizado el sacerdote católico José Antonio Fortea en su libro Enoc y los Nefilim (Sekotia).

Aquella hibridación antinatural entre seres espirituales caídos y seres humanos, junto a una humanidad que estaba cayendo cada vez más profundamente en el pecado y corriendo cada vez más lejos de Dios, desencadenaron la reacción del Creador enviando a la Tierra el Diluvio Universal.

Finalmente, vemos como en los tiempos contemporáneos, de nuevo se plantea esa corrupción del ser humano por el pecado, a través de la hibridación entre el hombre y la inteligencia artificial, las máquinas y otras especies, así como el intento de superación de la naturaleza humana por una condición posthumana. Es por ello que resulta interesante y beneficioso en estos tiempos estudiar y contemplar profundamente el Apocalipsis de San Juan, el gran libro de carácter profético del Nuevo Testamento con el que concluye la gran Revelación de Dios al hombre que es toda la Biblia. Porque, en realidad, el Apocalipsis es una magnífica guía profética que nos transmite un bello mensaje de esperanza y de confianza absoluta en el poder y la misericordia de Dios para el ser humano y para el resto de su creación.