Los artistas de los siglos pasados han destacado el carácter de España como tierra de contrastes, de secas estepas alternando con extraordinarios vergeles, de mesetas y montañas rodeadas de mares.... Esa contraposición geográfica parece que se ha trasladado al ámbito de las actitudes. Somos la tierra natal de las corridas de toros y de los más furibundos antitaurinos. Somos un país que se ha construido alrededor de la Cruz y del catolicismo, en una lucha secular contra el arrianismo, el Islam o la Reforma y también la patria de los más violentos anticlericales y de las más rentables clínicas abortistas. Hay más misioneros españoles en el mundo que de cualquier otra nacionalidad (ya muy viejos, la mayoría) y en España se han asesinado más sacerdotes, religiosas y obispos en la Guerra Civil que en cualquier otra persecución, incluidas las de los países comunistas.


Si España es, como hemos visto, una tierra de ángeles y demonios, no resulta extraño que Madrid ofrezca al turista monumentos dedicados a Juan Pablo II en el Paseo de la Castellana y una estatua de Lucifer en el Retiro. Bueno, debiera decir ofrecía. Desde hace poco, la estatua elevada en honor del santo polaco por iniciativa del grupo Intereconomía, ha sido retirada y regalada al Ayuntamiento de Madrid. En el excelente blog Madrid Foto a Foto pueden apreciarse buenas fotos del monumento en su emplazamiento original


Los laicistas y anticlericales habituales sólo pueden imaginarla fundida, ni siquiera pueden decir que prefieren verla dentro de una iglesia porque quieren también quedarse con las iglesias, como pretenden hacer con la catedral de Córdoba. Por otra parte, una estatua donada al Ayuntamiento de Madrid, ¿tiene su lugar en un espacio reservado al culto?

Otra solución sería sustituir el monumento del Ángel Caído en el Retiro por la estatua de Juan Pablo II.

Se puede leer en la Wikipedia un buen resumen de la historia de la fuente del Ángel Caído, con algún error de fechas (véase aquí). Pero quien quiera de verdad conocer a fondo la historia de ese monumento debe acudir a la espléndida tesis doctoral de doña Alejandra Hernández Clemente sobre la figura de Ricardo Bellver (ver aquí).
La estatua concebida por Ricardo Bellver es sin duda una original y bella muestra de arte. Precisemos que la estatua del Ángel Caído no es un monumento al Ángel Caído, como tampoco podemos considerar que los diablos y gárgolas que adornan las catedrales sean monumentos al Mal. De hecho, en un artículo anterior a su tesis, doña Alejandra describía la estatua como una interpretación cristiana del Laocoonte y recordaba que su autor quiso que se exhibiera en un lugar cerrado (puede leerse ese artículo en la misma tesis).


Aunque la estatua del Demonio no sea un monumento al Demonio no deja de ser una figura espeluznante en mitad del apacible Retiro madrileño. Y las noches de San Juan personajes oscuros, -esto sí, muy reales- acuden a las inmediaciones del monumento. Una estatua no es culpable de la locura humana, pero no debemos extrañarnos de que un monumento que representa a Satán atraiga a satanistas. Y esa peña está muy loca, tiene predilección por los sacrificios y las misas negras. No me apetece leer algún día en el periódico que descubren un cadáver de niño en el Retiro, en las inmediaciones del Ángel Caído...

Por otro lado es imposible no asociar ese monumento al satanismo artístico de finales del siglo XIX. Recordemos el himno A Satana de Carducci, las Fleurs du Mal de Baudelaire, el Là-bas de Huysmans... Nada menos que Anatole France con La révolte des anges -de la que se cumple este año el centenario- presenta al Rebelde como un liberador de la humanidad, un equivalente a Prometeo... Para los intelectuales de aquel tiempo que conocían a fondo la cultura clásica y la bíblica, resultaba tentador hacer una aproximación entre el relato de Prometeo y el de la caída del ángel que relatan Ezequiel e Isaías y que luego se refleja en los Evangelios y el Apocalipsis de San Juan. Sobre todo si se ponen en paralelo esos textos bíblicos con la Caída de Adán y Eva: Dios sería el malo de verdad, que no quiere que los hombres coman del Árbol de la Ciencia mientras que la Serpiente les propone conocer, es decir, librarse de las tinieblas, al igual que Prometeo...


Puestos a cambiar un monumento por otro, no salimos del ámbito religioso. El monumento al Ángel rebelde evoca a quien cristaliza lo maligno nada menos que en las tres religiones del Libro. El monumento al santo polaco honra a una figura católica que fue respetada por muchos laicos. ¿Por qué no cambiar una estatua por otra? Y, además, ¿por qué no repetar la voluntad de Ricardo Bellver?

El Ángel Caído se diseñó para ser expuesto en un museo, y esa era la voluntad de su escultor. Existe una buena reproducción del Ángel Caído en la Academia de Bellas Artes, que ofrece la ventaja de que se puede apreciar mejor. Siempre se podría cambiar la copia por el original.
Por otro lado, si se desea poner en algún lugar ese bello monumento estoy seguro de que habrá bofetadas para acogerlo. Lo ideal sería una clínica abortista pero como son privadas no hay que regalarles, además, un monumento público. Bastante pasta ganan ya nuestros adoradores de Moloc.

(Extractos del artículo que apareció en el blog del autor, Opinión Publicada.)