Con una de las participaciones más altas en los últimos años el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, arrasó este domingo en las elecciones al conseguir más del 49% de los votos por lo que afrontará así su tercer mandato consecutivo, y el cuarto en total.

Orbán, que ha tenido durante todo este tiempo en contra al establishment europeo, ha convencido a los húngaros con un discurso en el que defiende las raíces cristianas de Europa, apelando a su restauración y no a su olvido tal y como denuncia que está pasando en la Unión Europea.

El segundo partido más votado es el ultraderechista partido Jobbik, con el 20%, mientras que la coalición de izquierdas liderada por los socialdemócratas ha obtenido un 12 % de los votos.

Otros partidos que superaron el umbral del 5% de los votos para entrar en el Parlamento serían los ecologistas del LMP con el 6,5%, así como la izquierdista Coalición Democrática (5,3%). La participación ha sido muy elevada. Concretamente un 70%, la mayor desde 2002.


El político húngaro defiende un discurso nacionalista pero en el que prevalece lo que une a los europeos, su historia común bajo el cristianismo. Y de hecho ha creado, entre otras muchas cosas, una secretaría de Estado para los cristianos perseguidos, con la que pretende auxiliar a los perseguidos en distintas partes del mundo.

Esta pasada Navidad defendía la cultura y la civilización cristiana y aseguraba que “el cristianismo es una cultura y una civilización. Vivimos en ella. No se trata de cuánta gente va a la iglesia o reza con devoción. La cultura es la realidad de la vida cotidiana. La cultura cristiana define nuestra moral, nuestra ética, diaria”.

Hungría cuenta con algo menos de 10 millones de habitantes (el equivalente a la población conjunta de Andalucía y la región murciana). Tras años de dictadura atea comunista hasta la Caída del Muro de Berlín, su población incluye un 58% de católicos y un 13% de protestantes, confesión a la que pertenece Orbán. El resto de los habitantes se declaran "no creyentes/agnósticos" según el Eurobarómetro 2012.

Tradicionalmente, Hungría fue un muro cristiano contra la expansión del Imperio Otomano, y después formó parte del Imperio Austro-Húngaro, una monarquía católica multiétnica y multicultural.