La última investigación del experto Dominiek Oversteyns desmonta los mitos sobre Pío XII y su supuesta falta de compromiso con los judíos de Roma, según recoge Andrea Gagliarducci en ACI Stampa y Catholic News Agency (CNA):

El Papa Pío XII no guardó silencio ante la Shoah ni estuvo inactivo. Por el contrario, estuvo muy comprometido con la salvación de las familias judías, se pronunció constantemente contra el régimen nazi y puso en marcha una serie de iniciativas formales e informales que demuestran que fue todo menos "el Papa de Hitler".

Intensa actividad protectora

Estas son las conclusiones de una serie de investigaciones llevadas a cabo sobre material de archivo por el diácono Dominiek Oversteyns, de la Familia Espiritual The Work.

Las investigaciones de Oversteyns incluyen El libro de la memoria de Liliana Picciotto, una investigadora judía, que recoge los nombres de todos los judíos italianos deportados y asesinados; La historia de los judíos italianos bajo el fascismo de Renzo De Felice, que esboza la historia de 148 conventos que salvaron a muchos judíos; y los archivos del Vaticano sobre Pío XII, ahora abiertos al público.

Antiguo ingeniero, Oversteyns ha cruzado los datos y utilizado la técnica matemática de la extrapolación para analizar las cifras de judíos italianos asesinados y deportados. Sus estudios, presentados en una serie de conferencias que ha querido compartir con CNA, arrojan luz sobre la intervención de Pío XII antes y después de la redada nazi en el gueto judío de Roma.

Los datos concretos

Según su estudio, había 8.207 judíos en Roma antes de la incursión nazi en el gueto judío el 16 de octubre de 1943. De ellos, 1.323 (el 16%) encontraron refugio antes de la redada. Dieciocho fueron a las propiedades extraterritoriales del Vaticano, 393 a pueblos en las montañas alrededor de Roma, 368 a casas particulares de amigos, 500 a 49 conventos romanos diferentes y 44 a parroquias y colegios pontificios en Roma.

Pío XII también ayudó a 152 judíos escondidos en casas particulares bajo la protección de Delasem, la Delegación de Ayuda a los Emigrantes Judíos. En total, Pío XII prestó ayuda a unos 714 judíos.

El estudio también señala que Pío XII acogió en el Vaticano a por lo menos 30 eruditos judíos, que trabajaron y realizaron sus investigaciones en los Museos y Archivos Vaticanos después de haber sido despedidos de sus instituciones debido a las leyes raciales. Entre ellos estaban Hermine Speier, que empezó a trabajar en el Vaticano en 1934; Fritz Volbach, contratado en el Vaticano en 1939, y Erwin Stuckold [médico].

Oversteyns también revela que, según ocho testimonios diferentes, Pío XII solicitó a por lo menos 49 conventos que escondieran y albergaran a los judíos, y declaró a esos conventos zonas extraterritoriales bajo la autoridad del Vaticano.

Según Oversteyns, estas cifras demuestran que Pío XII estaba activamente a favor de los judíos mucho antes de la redada nazi de 1943 en el gueto. Ese sábado, al amanecer, 365 soldados nazis acorralaron a 1.351 judíos. De ellos, 61 fueron liberados inmediatamente, y otros 258 fueron liberados después de ser retenidos en un colegio militar. Y antes de que el tren partiera de la estación Tiburtina de Roma hacia Auschwitz, otros dos judíos fueron liberados. Un hecho poco conocido es que Pío XII y sus colaboradores fueron responsables de la liberación de 249 judíos romanos ese día, aproximadamente una quinta parte de los detenidos.

Vías oficiales y extraoficiales

Según los documentos estudiados por Oversteyns, a primera hora de la mañana del día de la redada, Pío XII se puso en contacto con el embajador alemán Ernst von Weizsäcker para convencerle de que llamara a Berlín y detuviera la redada, pero el embajador no lo hizo. Entonces, a través del padre Pancratius Pfeiffer, un apreciado sacerdote alemán y superior de los salvatorianos, Pío XII se puso en contacto con el general Reiner Stahel, jefe del ejército alemán en Roma en ese momento, quien telefoneó directamente a Himmler y le convenció de que detuviera la redada a las 12 del mediodía. Al mismo tiempo, el comandante de las SS Dannecker recibió instrucciones de Berlín para liberar a todos los judíos de matrimonios mixtos y al servicio de los "arios".

La redada en la zona central de la ciudad terminó entre las 11 y las 11:20 de la mañana, mientras que en las afueras de Roma terminó a las 13:20. Según Oversteyns, de los 1.030 judíos deportados a Auschwitz el 18 de octubre, solo 16 regresarían después de la guerra.
Los alemanes mantuvieron su actividad de búsqueda, detención y deportación de judíos incluso después de la redada. Desde el 18 de octubre de 1943 hasta enero de 1944, 96 judíos fueron arrestados. Y a partir del 2 de febrero de 1944, fueron detenidos 29 judíos en cinco colegios católicos y 19 judíos en la abadía de San Pablo Extramuros, que era un territorio extraterritorial del Vaticano.

En marzo de 1944, la situación se agravó aún más. Del 21 de marzo al 17 de abril, unos 10 judíos fueron arrestados y deportados diariamente. Y del 28 de abril al 18 de mayo, cinco judíos fueron arrestados y deportados diariamente. Finalmente, los judíos no tuvieron más remedio que huir o pasar a la clandestinidad.

Según Oversteyns, Pío XII escondió a 336 judíos en parroquias y hospitales diocesanos; al mismo tiempo, siguió enviando alimentos y ayuda financiera a Delasem.

Las fuentes demuestran que solo había 160 judíos en el Vaticano y en sus 26 sedes extraterritoriales. Esto se debe a que la estrategia de Pío XII fue ocultar a los judíos romanos en pequeños grupos en los conventos de Roma.

Desde el 10 de septiembre de 1943 hasta el 4 de junio de 1944, Pío XII llevó a cabo 236 intervenciones en favor de los judíos arrestados en Roma y que iban a ser deportados. Tras sus intervenciones, 42 judíos arrestados fueron liberados.

Además del canal oficial de la Secretaría de Estado (a través del entonces sustituto Giovanni Battista Montini, que luego se convertiría en el Papa Pablo VI), Pío XII utilizó ampliamente el canal informal establecido por el padre Pfeiffer.

Según los documentos, el padre Pfeiffer visitó la Secretaría de Estado cada dos días durante los ocho meses de intensa persecución nazi en Roma. En esas reuniones, daba información sobre los detenidos y recibía peticiones de liberación.

Oversteyns dice que ahora que los Archivos Vaticanos han abierto sus puertas a los investigadores para que estudien el pontificado de Pío XII, saldrá a la luz con más claridad el compromiso de este pontífice con los judíos romanos.

Traducción de Elena Faccia Serrano.