Uno de los grandes hitos de la ciencia en España, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), centro de investigación hoy integrado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), cumple 250 años este 2021.

Sus orígenes van ligados a personalidades católicas en el entorno de la conocida como Ilustración católica española en el siglo XVIII, y son un ejemplo de cómo en la cultura católica ciencia y fe colaboran con plena compatibilidad.

Fray Enrique Flórez: el erudito que respaldó el proyecto

El precedente de lo que será el Museo nace en plena monarquía católica de Carlos III. La ocurrencia de poner en marcha un museo natural no fue sólo del rey, sino también del sacerdote y fraile agustino Enrique Flórez (1702-1773).

Fray Enrique Flórez, sacerdote, erudito y un fundador del Museo Nacional de Ciencias Naturales

Flórez fue célebre como historiador, pero también se le valora como traductor, geógrafo, cronologista, epigrafista, numismático, paleógrafo, bibliógrafo y arqueólogo, además de doctor en Teología y catedrático por la Universidad de Alcalá. Se recuerda por muchas obras, como su monumental 'España sagrada', que empezó a publicar en 1747, de la que compuso 29 volúmenes.

En Madrid se trató con muchas personalidades cultas de la Ilustración que también eran católicos practicantes como el erudito Gregorio Mayáns y Siscar, el sacerdote benedictino Martín Sarmiento (lingüista e impulsor del Real Jardín Botánico), el sacerdote y académico Blas Nasarre y los literatos y gramáticos Juan y Tomás de Iriarte (tío y sobrino). Era también la época de sacerdotes científicos como Celestino Mutis y, más adelante, de Antonio José de Cavanilles, expertos en botánica.

El agustino Enrique Flórez era también preceptor de los hijos del rey Carlos III. El rey le pidió informes sobre Pedro Franco Dávila (Guayaquil, 1711 – Madrid, 1786), un afincado en París que ofrecía al monarca español sus impresionantes colecciones de ejemplares naturales.

Fray Enrique informó así al rey, animándole a crear un "gabinete público": “Hallo ser una colección muy cumplida y preciosa de los tres reinos de la naturaleza; pues aunque se deshizo de varias piezas, en la mayor parte duplicadas, para ocurrir a urgencias, le obligó el genio y proporción a recoger otras muchas, que forman un gabinete enriquecido de lo más precioso y exquisito de la naturaleza, superior en algunas clases a los más celebrados... Dávila manifiesta celo de buen vasallo en ofrecer a los pies de S. M. lo que otros se alegrarían poseer, cuya falta en ningún reino es más notable que en España, por única nación que pudiendo ser la más rica, es la menos apreciada en este estudio... pues siendo el único reino que carece de gabinete público, deberemos a nuestro católico Monarca el honor de librarle de esta nota y ponerle en estado de exceder a los demás..."

La propuesta del fraile erudito animó al Rey, aunque fray Enrique no presumiría nunca de protagonismo en esta iniciativa y escribiría a un amigo: “el Rey ha comprado ya y pondrá luego en público el Gabinete de Historia Natural, con lo que adelantaremos sobre todo en esta línea, por lo mucho que Dios nos ha dado”.

Según recuerda la web del MNCN, esta colección de Pedro Franco Dávila -rico comerciante y miembro de muchas instituciones científicas- era impresionante y el botánico francés Michel Adanson lo declaraba «el más rico que ningún particular haya formado». "En él destacaban, en lo relativo a historia natural, la parte de mineralogía, así como las colecciones malacológicas y de otros invertebrados marinos como corales y esponjas y equinodermos. También contaba con una extensa biblioteca de más de 1.230 volúmenes y magníficas colecciones de «curiosidades del arte»: más de 300 piezas de carácter etnográfico, unas 250 arqueológicas y entre 12.000 y 13.000 objetos de arte (grabados, medallas, cuadros, etc.)", cita la web del Museo.

Pedro Franco Dávila: naturalista, coleccionista y hombre devoto

Dávila sería nombrado director del gabinete y ocuparía el cargo hasta su muerte en 1786. El padre Flórez escribía de él al marqués de Grimaldi (entonces Ministro de Estado): «hasta hoy no conocemos en España otro de tal instrucción, práctica y experiencia» (refiriéndose al dominio de Dávila en el campo de la historia natural).



Retrato de Pedro Franco Dávila, católico devoto y apasionado naturalista

Se adquirió el Palacio Goyeneche, en la calle de Alcalá, para que en la planta primera estuviera la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y en la segunda la colección de Historia Natural de Dávila vendida al Estado. Dávila se quedó a vivir en parte de la planta superior. El gabinete se abrió al público el 4 de noviembre de 1776, con un éxito clamoroso y una masiva asistencia de público.

De Pedro Franco Dávila se viene escribiendo últimamente bastante, y ha pasado de ser considerado un diletante y compulsivo coleccionista de objetos y curiosidades a un personaje básico para entender la promoción de las ciencias naturales en la España ilustrada.

Pedro Franco Dávila era de familia numerosa, padres piadosísimos y tenía un tío clérigo. Hay fuentes que dicen que se aficionó a las ciencias naturales gracias al cuidado y enseñanzas de un cura católico que le recogió en uno de sus naufragios.

Sus cartas demuestran que era una persona religiosa. "Mi padre confesor en esta corte es el reverendo padre fray José Poveda de la Orden de Predicadores”, escribe en una carta. En otra cuenta que volviendo de un naufragio se apeó "de la mula en el mismo convento de santo Domingo para cumplir un voto que tenía hecho, antes de entrar en casa. La noticia de mi llegada sorprendió tanto a mi padre que estuvo mucho rato sobre la silla sin conocimiento hasta que, vuelto en sí, corrió a santo Domingo en donde se estaba diciendo una misa cantada a la Virgen del Rosario, a quien la tenía prometida”.

Cuando murió su madre, escribió: "Demos gracias a Dios por todo pues que Él solo es dueño de la vida y de la muerte y nosotros no podemos hacer otra cosa en este mundo que ofrecer pobres oraciones por ellos…les ruegue pidan a Dios por mí para que me dirija y me de acierto en todo…”.

Y en su Testamento declaró “que era católico cristiano y creía el altísimo misterio de la Stma. Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero y todo cuanto cree y confiesa ntra. Santa Madre la Iglesia en cuya fe quería vivir y morir" y entrega dinero al Oratorio del Caballero de Gracia "del que es congregante" y para limosna a los pobres.

Antonio de Ulloa (1716-1795), marino, militar y persona de fe

El marino militar y científico Antonio de Ulloa fue el creador del primer Gabinete de Metalurgia dentro del Gabinete de Historia Natural de España, y escribió las instrucciones para recoger materiales para el Real Gabinete de Historia Natural.

Ulloa se formó con los dominicos, tuvo dos hermanas monjas y un hermano fraile agustino. Fue un católico practicante e ilustrado, y un autodidacta en lo científico.

Con sólo 18 años ya participó en con el marino Jorge Juan en la expedición que buscaba medir el meridiano en el Ecuador. Fue académico de la Real Academia de Ciencias londinense, de la Real Academia de París, Estocolmo, Berlín y Bolonia. También fue el primer gobernador español de la Lousiana.

Le interesaban las matemáticas, la astronomía, las ciencias naturales... puede que fuera el primero, o uno de los primeros, en describir las auroras australes, y el primer europeo en escribir sobre el platino. Los fósiles marinos que encontró en la cordillera de los Andes los encajaba con la Biblia en un planteamiento gradualista como el del padre franciscano José Torrubia (1698-1761), considerado el primer paleontólogo español.

Breve reportaje de 2015 sobre Antonio de Ulloa y sus instrumentos científicos en Sevilla

En cuanto a su religiosidad, no parece haber duda de la misma. Según el profesor Antonio Domínguez, en las “Actas del II Centenario de Don Antonio Ulloa“ (M. Losada y C. Varela Eds.), “Ulloa, a pesar de sus contactos con personas y libros de naciones no católicas, fue un católico, no sólo sincero sino tranquilamente instalado en su fe, sin problemas íntimos, sin traumas”.

El monstruoso megaterio del Museo: lo encontró el dominico Manuel de Torres

Uno de los emblemas del MNCN son los restos fósiles de un megaterio, un mamífero herbívero de enorme tamaño (podía medir hasta 6 metros y pesar cerca de 5 toneladas) que vivió en América y se extinguió al final del Pleistoceno, hace entre 8.000 y 10.000 años. Su hallazgo, excavación, buena conservación y eficaz traslado son obra del sacerdote dominico Manuel de Torres, que descubrió los huesos en 1787 las barrancas del río Luján en Argentina.

Nacido en Luján y creador del Colegio de Santo Tomás en Buenos Aires, Manuel de Torres intuyó que excavar los huesos los ponía en peligro y que una vez extraídos se podía perder la forma del esqueleto, por lo que se volcó en asegurarse que las autoridades civiles aportaran un vigilante día y noche, caballos para el transporte y un dibujante para realizar un mapa de los huesos. El dominico los sacó con cuidado exquisito y los protegió guardándolos en bolsas de cuero rellenas de paja. Así llegaron 7 cajas enormes a España en 1788, al MNCN que presume de esta gran hazaña de la paleontología incipiente.

La primera historia del MNCN: el sacerdote Agustín Barreiro (1865-1937),

Agustín Jesús Barreiro Martínez fue un sacerdote agustino, misionero en Filipinas, antropólogo, naturalista y, sobre todo, apasionado historiador de la ciencia.

Tenía una tía monja y un tío canónigo. A los 15 años entró en los agustinos "filipinos" de Valladolid, a los 18 se ordenó sacerdote y a los 25 partió hacia Filipinas. Allí se enamoró de la naturaleza y la cultura de Pampanga, cuya lengua aprendió. Se convirtió en antropólogo y naturalista. Tras unos años, volvió a España donde se licenció en Ciencias Naturales en 1902. A partir de 1914 dejó la enseñanza y estuvo un tiempo estudiando invertebrados y antropología, pero a partir de los años veinte se volcó en conocer y difundir la Historia de las Ciencias Naturales, especialmente recuperando científicos y expediciones olvidadas de españoles en América, Extremo Oriente y África.

El científico, historiador y sacerdote misionero agustino Agustín Barreiro

Se convirtió en el gran especialista y divulgador de la historia de la Comisión Científica del Pacífico (1862 a 1865), con una obra editada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales. En ReL ya describimos aquí la importante participación católica en este hito de las ciencias naturales.

Barreiro también escribió la Historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que él llamaba “nuestra casa solariega”. Al hacerlo, estaba explorando la mayor parte de la historia de esta disciplina en España. El libro se publicó póstumamente en 1944, y se reeditó aumentado en 1992.

Cuando estalló la persecución antirreligiosa de 1936, Barreiro, que por ser religioso corría el peligro de ser asesinado por el Frente Popular, se refugió en la embajada de Chile, donde se protegió a más de mil personas amenazadas por la violencia de esa facción. Allí murió el 25 de marzo de 1937 con 72 años de edad.

Reportaje de 7 minutos en Telemadrid con "los tesoros" del Museo Nacional de Ciencias Naturales