Año del Señor 2018
12 de junio

Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              

¡¡QUÉ BUENO!! 

Hace ya unos meses, una hermana, sabiendo mi afición por la cocina, me prestó un libro sobre repostería. 

Pues bien, estaba yo ayer, en la oración, meditando lo que nos había comentado nuestro hermano dominico sobre lo mucho que nos ama Jesucristo. Mi mente volaba en altas contemplaciones... y aterrizó en la cocina. ¡De pronto me descubrí recordando recetas del libro de postres! 

¡Qué desastre! ¡Qué forma de despistarse! 

“En fin...”, pensé, “triste condición humana... ¿Por dónde íbamos, Señor?” 

De nuevo pensando en las bondades del Padre del Cielo y demás... y otra vez el libro dichoso en mi cabeza. 

“¿Será posible?”, exclamé comenzando a mosquearme con mi escasa capacidad de concentración. 

De pronto recordé algo que había leído en la introducción del libro de repostería: “Los postres no sirven para nada. Así como los demás alimentos buscan ante todo aportar nutrientes, vitaminas, etc., los postres no tienen esa función práctica. Su misión es, simplemente, hacer disfrutar a los comensales”.  

Y, en ese instante, ¡lo comprendí! 

¡Ahora sí que podía deshacerme en un mar de gratitud y alabanza! Realmente... ¡¡qué bueno es nuestro Padre Dios!! 

¿Lo habías pensado alguna vez? Él no solo hizo la comida necesaria y nutritiva, sino también agradable y deliciosa. Podría haber hecho que nos alimentáramos solo de hierbas o, simplemente, no regalarnos papilas gustativas, al fin y al cabo, igual que los postres en una comida, ¡no eran necesarias! 

Pero el Señor no solo hizo que el universo fuera funcional, ¡sino también hermoso! Al terminar la Creación, Dios vio que todo era “muy bueno”, ¡se deleitó en su obra! Y ahora nos la regala... ¡”para que la disfrutemos”! (1 Tm 6, 17). 

Realmente... ¡qué bueno es nuestro Dios! ¡Cómo nos ama! 

Hoy el reto del amor es saborear tu comida. Sí, tan fácil (y asombroso) como eso. Déjate sorprender por la maravilla de los diferentes sabores, colores, texturas... ¡cuántos regalos pueden entrar en un solo plato! Hoy aliña tu almuerzo con una enorme acción de gracias al Señor, que ha cuidado hasta esos pequeños detalles ¡para que puedas disfrutarlos! Si al comer hoy te surge un “¡Qué bueno!”, recuerda terminar la frase: “¡Qué bueno... es el Señor!” ¡Que aproveche! 

VIVE DE CRISTO 


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¡Feliz día!

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