Mi querido amigo sacerdote Alfonso Galdeano Alba vuelve de nuevo a ayudarme para rescatar la historia de los mártires de la ciudad de Toledo, y también de cómo su familia se ocupó de esconder y guardar, para que hoy en día pueda seguir venerándose, la popular Virgen de Alfileritos.

Como digo, ya me ayudó cuando lo publicamos en el libro del centenario de las Marías de los Sagrarios en la Archidiócesis de Toledo. Alfonso es nieto del famoso capitán Alba del Alcázar de Toledo, y nos dejó entonces el diario de su abuela, doña Emilia González (ver página 132 y sigs.), esposa del capitán Alba.

https://www.cardenaldonmarcelo.es/blog/sagrario_custodia_palma.pdf

Ahora nos favorece enviándonos este folio a máquina de escribir, y que narra los hechos, pero escritos por su bisabuelo, el padre de Emilia, protagonista de la historia.

Don Emilio González Orue era director de la Casa de Maternidad, médico del Asilo Provincial y trabajaba también en otros establecimientos. Además, era el médico de la Comunidad de Padres Carmelitas Descalzos. Su domicilio estaba cerca de los frailes y a la hora de abandonar ellos el convento les ofreció su propia casa. Su condición de médico hacía que pudiese moverse con cierta libertad por la ciudad.

NOTAS DE D. EMILIO GONZÁLEZ ORUE

En la temporada trágica del dominio marxista en nuestra capital, el odio de los revolucionarios se acentuó principalmente sobre el orden religioso, asesinando a todos los sacerdotes que pudieron hallar después de buscarlos repetidas veces en sus casas y escondrijos donde sospechaban podrían encontrarlos, y lo mismo a los religiosos aunque estos estuvieran fuera de los conventos. Al mismo tiempo que estos asesinatos cometidos con toda la alevosía y crueldad más refinada, asaltaron y profanaron las iglesias y conventos, robando todo lo que en ellos creían de algún valor, destruyendo la mayoría de las imágenes e incendiando a continuación algunos templos, donde tantas riquezas artísticas se atesoraban.

No podía escapar a tanto odio la venerada Imagen conocida por el nombre de la Virgen de los Alfileritos expulsada sacrílegamente de su hornacina, si bien hay que reconocerlo con cierto respeto y veneración, ya que lejos de destruirla, como con tantas otras Imágenes hicieron, la entregaron en depósito para que la guardara en su casa, el que estas líneas escribe.

Ocurrió el hecho el 23 de julio por la tarde, en que pasando casualmente por la calle de Alfileritos, vi cómo un grupo de milicianos se hallaba delante de la hornacina de la Stma. Virgen, y al pararme un momento para ver lo que hacían, dos de los que allí estaban sacando la Virgen, cuyas personas me eran conocidas pero no los nombres, dirigiéndose a mí me dijeron:

-Don Emilio, V. se va a llevar en depósito a su casa a esta Virgen.

-Vecinos hay más próximos que yo que pueden guardarla, les contesté.

-No, no, me replicaron. V. nos ofrece más garantía, y V. debe guardarla.

-Pues si es por eso, con el mayor gusto lo hago.

Y acompañado de los milicianos, la llevé a mi casa, calle de Carmelitas Descalzos, 3; y no es para describir la alegría que tan inesperada como grata visita produjo en mis familiares y personas amigas que en la misma se hallaban refugiadas: familia de Basarán; Vda. de la Fuente e hijos, esposas de los capitanes Agulla, Carvajal y Rodríguez Valero, estos tres señores asediados en el Alcázar. Todos lo consideramos como un rayo de claridad y de esperanza en aquellos luctuosos días y clamábamos: ¡La Virgen Santísima ha querido venir a esta casa y ya nada tenemos que temer puesto que ella nos defenderá de todos los peligros. Y a continuación se empezó por rezar el rosario  y otros actos de devoción como el trisagio, el vía crucis, la hora santa, algunos repetidos a diario delante de la Santa Imagen y siempre confiados en su santa protección. Transcurrieron los días en medio de amenazas y sobresaltos, sin que en la casa hubiera que lamentar desgracias, hasta que llegado el día 17 de septiembre, por la noche y obligados a salir de casa por los peligros de la mina en el Alcázar, mi hija llevó la Santa Imagen, que también en esa noche fue nuestra protectora regresando a casa a la mañana siguiente sin contratiempo alguno.

Después de la entrada de las tropas liberadoras vino a visitarme don Vicente Nandín y su esposa doña Elisa Ariz, camarera de la Stma. Virgen, para hablar de la conveniencia de reintegrarla a su hornacina, quedando en que esto se verificaría cuando la autoridad eclesiástica lo dispusiera y una vez que la Imagen Santísima fuera limpiada y restaurada, como así lo hizo habilísimamente el conocido artista don Bienvenido Villaverde.

El traslado se acordó fuera el día 19 de marzo, viernes de Dolores, para lo que se verificaría una procesión desde la casa nº 3 de la calle de Carmelitas Descalzos a la parroquia de San Nicolás y desde allí a su hornacina.

La Virgen fue sacada en andas llevada por los defensores del Alcázar, capitanes Agulla, Carvajal, Rodríguez Valero y Alba. Con toda solemnidad se cantó una salve mientras se la colocaba en su nueva hornacina.

Sucedió hace 85 años...