Sí señores, como lo ven escrito, el mismo que condenó a Jesús de Nazaret a la muerte de cruz... Bien que, justo es reconocerlo, no lo sea (santo) para la Iglesia Católica, y sólo lo sea para la Iglesia Abisinia, vale decir, la iglesia monofisita copta de Etiopía con unos 50 millones de fieles, para poner las cosas en su justo contexto geo-demográfico ().
 
            Poncio Pilato, así, por su sólo nombre, sin aditamento alguno referido a su especial situación canónica, es un personaje histórico sobradamente acreditado como tal. Los cuatro evangelios coinciden en mencionarlo y en hacerlo por su nombre, cosa que no se puede decir de todos los personajes evangélicos. Sólo a modo de ejemplo, ni del mismísimo San José, cuyo nombre aparece en Mateo, Lucas y Juan, pero no en Marcos. Poncio Pilato lo es, en cambio, y por su nombre, hasta diez veces en Mateo, otras diez en Marcos, doce veces en Lucas, y nada menos que veintidós en Juan. De todas las cuales, me voy a permitir entresacar una, sólo una, probablemente la menos conocida de todas y para muchos la más trivial, que le debemos a Lucas:
 
            ”En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”. (Lc. 3, 1-2).
 
            La cual sirve al tercero de los evangelistas, siempre preocupado del enmarque histórico de los hechos que narra, para emplazar temporalmente la predicación de San Juan Bautista, y a través de ella, la de Jesús de Nazaret.
 
            A mayor abundamiento, y sin salir del Nuevo Testamento, es citado también Poncio Pilato en los Hechos de los Apóstoles (ver Hch. 4, 27), y por Pablo, que lo hace en su Primera Carta a Timoteo (ver Tim. 6, 13).
 
            Amén de ello, se menciona al prefecto de Judea en la obra de muchos de los autores clásicos más cercanos a los hechos que narra el Evangelio: así, se refieren a su persona los historiadores romanos Tácito (55120), Suetonio (70126) y Dión Casio (155-235), y los historiadores judíos Filón de Alejandría (h.15 a.C.-h. 45 d.C.) y Flavio Josefo (37101), brindando entre todos un conjunto de datos que permite hacerse una idea cabal sobre su persona, su carácter y su figura. Una historicidad tan contrastable la del amigo Poncio, que la misma Iglesia Católica hace reposar en ella la de Jesús, cuando en el Credo recitamos aquello de “padeció bajo el poder de Poncio Pilato”.
 
            Y por si fuera poco, la literatura apócrifa cristiana convierte al Prefecto Pilato (también Pilatos en español) en uno de los personajes favoritos del género, con obras tales como las importantísimas “Actas de Pilato”, uno de los dos elementos que junto con el “Descenso de Cristo a los infiernos” componen el famoso “Evangelio de Nicodemo”; la “Carta de Pilato a Tiberio”; la “Carta de Tiberio a Pilato”; la “Relación de Pilato (Anaphora)”; la “Correspondencia entre Pilato y Herodes”; la “Tradición de Pilato (Paradosis)”, la “Muerte de Pilato”, o la “Sentencia de Pilato”, textos todos ellos cuyo contenido puede Vd. consultar en la obra de Aurelio de Santos Otero “Los evangelios apócrifos”, título de referencia en lengua española sobre el tema.
 
            Existen también algunas referencias en los autores de la patrística, y muy concretamente Orígenes, que lo menciona en sus “Homilías” y también en su “Comentario a Mateo”, siendo precisamente a través del autor egipcio que la Iglesia Abisinia entra en contacto con la hipotética conversión del prefecto romano al cristianismo, una conversión que, según creen nuestros hermanos abisinios, habría sido tan perfecta como para justificar que quien condenó nada menos que al Hijo de Dios a la muerte en la cruz, sea considerado, hoy día, santo: San Poncio Pilato. Y su fiesta tal día como hoy, 25 de junio.

            Felicidades pues, en este día, a todos mis lectores abisinios que se llamen “Poncio”... si es que tuviera la suerte de tener alguno.
 
 
            ©L.A.
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