Curiosamente, mientras de los abuelos maternos de Jesús existe en el cristianismo una tradición consolidada, a pesar de no figurar en los textos canónicos, con los abuelos de Jesús por parte de su padre “según la carne” en expresión de San Pablo (Ro. 1, 3), la tradición cristiana es mucho más cicatera. Y ello aún a pesar de que uno de ellos, sí aparece citado en dichos textos.
 
            Y es que efectivamente, por poco que se conozca, tanto Lucas como Mateo aportan el nombre del abuelo paterno de Jesús “según la carne”, cosa que hacen en el árbol genealógico  que cada uno ofrece en su evangelio (Mt. 1, 117; Lc. 3, 23-38). No así, en cambio, el de la madre y consecuentemente, abuela paterna de Jesús “según la carne”, cuyo nombre tampoco aparece en ninguno de los apócrifos de la infancia en los que se menciona a José (Protoevangelio de SantiagoPseudomateoEvangelio de la Natividad de Santa María). Pero tampoco, y sobre todo, el expresamente referido a él, la Historia de José el Carpintero, una obra en la que Jesús en persona cuenta a sus discípulos quién y cómo era su padre en la tierra.
 
            Sí de la madre de José no conocemos el nombre, lo que pasa con su padre es todavía más curioso. Y es que en los dos evangelios, el nombre que se le da al progenitor de San José es diferente: así, mientras en el árbol genealógico que recoge Mateo, el abuelo de Jesús se llamaría Jacob (Mt. 1, 17), en el que recoge Lucas (ver Lc. 3, 23-38), su nombre sería Helí. Una diferencia que, por ende, se transmite a todo el árbol genealógico que ofrece cada uno de ellos, absolutamente diferente salvo por lo que concierne a la figura del rey David, en la que confluyen ambos árboles. Lo que es particularmente extraño en el caso de los dos evangelios que, por lo demás, más se parecen, el de Mateo y el de Lucas.
 
            La primera explicación, no se le escapa a nadie, es la del simple y llano error de uno de los dos evangelistas. Pero como en los evangelios para casi todas las dificultades se acaba proponiendo una explicación, existen soluciones también para los relativos a la discrepancia entre Lucas y Mateo por lo que a la genealogía de José se refiere. Y no una, sino, por lo menos, dos.
 
            La primera explicación que se ha dado sería que, en realidad, la genealogía que ofrece Lucas no sería la de José, sino en realidad, la de María.
 
            Llegar a esta conclusión implica la aceptación de dos premisas. La primera que Helí es, en realidad, Joaquín, como sabemos, el padre de María. Helí no sería sino la abreviatura de Heli-achim, que significaría lo mismo que Jeho-achim (Joaquín), ya que “Eli” y “Jeho” tienen ambos el mismo significado, “Dios”. Por lo tanto, Heliachim, Jehoachim, “el que prepara a Dios”. La segunda es una traducción alternativa del texto griego original de Lucas, donde leemos:
 
            “Se creía que [Jesús] era hijo de José, hijo de Helí”.
 
            …que quedaría del siguiente modo:
 
            “Jesús era […] hijo de Helí (según se supuso, verdaderamente, de José)”.
 
            Con lo que el patronímico de Jesús sería “hijo de Helí”, recibido a través de su madre, cuyo padre sería Helí (o sea, Joaquín).
 
            La ventaja de esta exégesis escriturística es doble: primero, la inclusión del linaje de María en los textos canónicos, que de otra manera nos es desconocida; segundo, la atribución también a María de la estirpe davídica (presente en la genealogía lucana), que Jesús, consecuentemente, recibiría por ambas líneas, la paterna y la materna. Argumento a favor de la misma, la condición de ser "el más mariano de los evangelios” que cabe atribuir al de Lucas: no en balde, Lucas no sólo es el evangelista que más veces cita a la madre de Jesús, sino también aquél que reconoce que una de sus fuentes es precisamente María:
 
            “María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19, que repite en Lc. 2, 52).
 
            El primero que menciona la tesis de la genealogía lucana como de María es San Hilario (315-367), aunque sólo sea para afirmar que él no participa de ella.
 
            La segunda explicación es que José tendría una doble filiación por vía de levirato, institución netamente judía establecida por el Deuteronomio (ver Dt. 25, 510) por la que, muerto un varón judío, su hermano se hallaba obligado a proporcionar un hijo a la viuda, para que la paternidad de ese hijo le fuera imputada al hermano muerto. Según esta versión, el Helí de Lucas y el Jacob de Mateo, serían hermanos, uno de ellos, el muerto, el padre de José según la ley; y el otro, el vivo, el padre de José según la carne. Para resolver el problema de que no obstante ello el padre de Helí y el de Jacob deberían ser la misma persona puesto que eran hermanos, se aduce por último que, en realidad, Helí y Jacob sólo serían hermanos uterinos, es decir, con idéntica madre pero padre diferente. Con lo que Matán, padre de Jacob, habría estado casado con la misma mujer que Matat, padre de Helí. Tal es la tesis de Sexto Julio el Africano (160-240), probablemente el primer historiador cristiano, el cual incluso pone nombre a la mujer que casó con los dos hermanos, Matat y Matán: Estha, bisabuela de Jesús a la sazón. La tesis de Africano es también la que hace suya San Agustín.
 
            Aunque no conozco de ninguna autoridad de la patrística que la suscriba, esta segunda tesis admite una subtesis: la de que sin necesidad de incurrir en un levirato, José pudiera haber tenido un padre biológico y un padre adoptivo.
 
 
            ©L.A.
           
 
 
 
 
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