Martes, 04 de agosto de 2020

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Gulag: el rostro del comunismo real
Viernes, 13 de marzo de 2020

Gulag: una historia soviética es un documental en francés de 2017, realizado por Patrick Rotman, disponible ahora en la red. Gulag es un acrónimo en ruso, formado en 1930, para Administración Central de Campos, un universo comunista de campos de concentración para disidentes dispersos por toda la Unión Soviética, que nunca tuvo menos de dos millones de presos. Lenin diseñó el Gulag en 1918 y alcanzó su cénit en tiempos de Stalin, acogiendo además, a partir de 1945, miles de prisioneros de guerra. Durante décadas, la izquierda occidental ocultó, ignoró o justificó la existencia del Gulag, hasta que la obra del Premio Nobel de Literatura (1970) Alexander Solzhenitsyn Archipiélago Gulag, publicada en Francia en 1973, hizo insoslayable esa realidad. Esta primera parteLos orígenes (1917-1933), abarca los inicios leninistas hasta que en 1922 Stalin asume la dirección de la represión. Un periodo en el que las principales víctimas son los campesinos y pequeños propietarios odiados por los bolcheviques, hombres y mujeres enviados por millares a realizar trabajos forzados en obras públicas y alejados para siempre de su hogar en la helada Siberia. La segunda parte, La proliferación de campos (1934-1945), describe la conversión del Gulag en una auténtica industria penitenciaria a base de mano de obra esclava que ya no se nutre solo de personas real o supuestamente anticomunistas, sino también de víctimas de las purgas internas dentro del mismo partido. A raíz del pacto de Stalin con Hitler y de la invasión de Polonia por ambos, al Gulag llegaron polacos, ucranianos, estonios, letones, lituanos, moldavos..., y posteriormente, tras la Segunda Guerra Mundial, alemanes. La tercera parte, Apogeo y agonía (1945-1957), cuenta la expansión del Gulag con la Guerra Fría y su lento declive, más por falta de rentabilidad económica que por humanidad. Al morir Stalin en 1953 empezó a desinflarse, sin desaparecer del todo. La represión comunista solo cambió de forma, según el principio que un responsable del Gulag llegó a expresar a los deportados que llegaban a Siberia condenados a trabajos forzados hasta que reventasen: «Vuestro trabajo me es indiferente. Lo que me interesa es vuestro sufrimiento».