Lunes, 16 de mayo de 2022

Religión en Libertad

Carta del Papa emérito ante el informe de abusos sobre la Archidiócesis de Múnich

Benedicto XVI desmiente las acusaciones contra él y pide perdón a todas la víctimas de abusos

Benedicto XVI
Benedicto XVI ha pedido perdón a todas las víctimas de abusos producidas por miembros de la Iglesia / Vatican Media

J.Lozano / ReL

El Papa emérito Benedicto XVI ha escrito una extensa carta, publicada en la web de la Santa Sede, en relación al informe sobre los abusos producidos en la Archidiócesis de de Múnich y Freising, y de la cual fue arzobispo entre 1977 y 1981, momento en el cual fue nombrado por San Juan Pablo II prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

En dicho informe un bufete de abogados de Múnich analizó los casos de abusos que se habrían producido durante las últimas décadas, lo que incluía el breve periodo en el que el entonces arzobispo Ratzinger fue titular de la sede bávara. Cuatro posibles casos de su etapa en Múnich aparecían en el informe, y en un memorial de 82 páginas Benedicto contestó al bufete sobre su actuación y cómo no hizo dejación de funciones en aquel momento.

Pese a todo, el informe y la aparición de Benedicto XVI, como no podía ser de otro modo al haber sido arzobispo en Múnich, dio la vuelta al mundo. Por ello, además de la carta del Papa emérito se ha publicado un informe de los cuatro expertos en Derecho Canónico que le ayudaron a realizar el memorial  de 82 páginas enviado al bufete de abogados de la capital de Bavaria.

“En la gigantesca tarea de aquellos días ―la redacción del pronunciamiento― se produjo un error en cuanto a mi participación en la reunión del Ordinariato del 15 de enero de 1980. Este error, que lamentablemente se produjo, no fue intencionado y espero que sea disculpado.”, afirma Benedicto XVI.  El Papa emérito se refiere a una reunión en la que se trató la llegada de un sacerdote a la diócesis y que luego se descubrió que había sido un abusador.

Ratzinger, como arzobispo de Múnich

De este modo, afirma: “me afectó profundamente que el descuido se utilizara para dudar de mi veracidad, y presentarme incluso como mentiroso”.

A continuación, el Papa emérito realiza una “confesión”  que se centra en cómo cada día la Iglesia reconoce su culpa y pide perdón por sus errores en cualquier ámbito. “Cada vez me llama más la atención que, día tras día, la Iglesia ponga al principio de la celebración de la Santa Misa ―en la que el Señor nos entrega su palabra y a sí mismo― la confesión de nuestras culpas y la petición de perdón. Rogamos públicamente al Dios vivo que perdone nuestra culpa, nuestra grande, grandísima, culpa”, escribe el gran teólogo alemán.

Benedicto XVI recuerda que en los numerosos encuentros con víctimas de abusos sexuales que ha tenido como prefecto primero y como Papa después ha podido “percibir en sus ojos las consecuencias de una grandísima culpa”. Además asegura haber aprendido “a entender que nosotros mismos caemos dentro de esta grandísima culpa cuando la descuidamos o cuando no la afrontamos con la necesaria decisión y responsabilidad, como ha sucedido y sucede demasiadas veces”.

Por ello, añade que “hoy nuevamente puedo sólo expresar a todas las víctimas de abusos sexuales mi profunda vergüenza, mi gran dolor y mi sincera petición de perdón. Ya que he tenido importantes responsabilidades en la Iglesia Católica, mayor es mi dolor por los abusos y errores que se han producido durante el tiempo de mi misión en los respectivos lugares. Cada caso de abuso sexual es terrible e irreparable”.

Una respuesta de los expertos que ayudaron al Papa emérito

Como anexo a la carta del Papa emérito se ha publicado un breve informe de tres páginas realizado por los cuatro expertos en derecho que ayudaron a Benedicto XVI en la redacción de las respuestas a la investigación de Múnich. Son Stefan Mückl, Helmuth Pree, Stefan Korta y Carsten Brennecke.

En dichas respuestas se generó una gran polémica por un error de transcripción que daba a entender que el entonces arzobispo Ratzinger se había ausentado de la reunión de 1980 en la que se tomó la decisión de aceptar a un sacerdote que había participado en abusos, cuando en realidad sí había estado.

Los expertos en derecho reiteran que el Ratzinger cuando recibió a aquel sacerdote en Múnich no tenía conocimiento de que era un abusador. En la reunión de enero de 1980 no se mencionó el motivo por el que iba a ser tratado, ni se decidió emplearlo en labores pastorales. Los documentos confirman lo dicho por Ratzinger.

A continuación, tal y como recoge Vatican News, se explica detalladamente el motivo del error relativo acerca de la presencia inicialmente denegada de Ratzinger: sólo se permitió al profesor Mückl ver la versión electrónica de las actas, sin que se le permitiera guardar, imprimir o fotocopiar documentos. En la fase posterior del tratamiento, el Dr. Korta cometió involuntariamente un error de transcripción al suponer que Ratzinger estaba ausente el 15 de enero de 1980.

Por lo tanto, este error de transcripción no puede ser imputado a Benedicto XVI como una consciente declaración falsa o "mentira". De hecho, ya en 2010 varios artículos de prensa hablaban de la presencia de Ratzinger en esa reunión y el propio Papa emérito, en la biografía escrita por Peter Seewald y publicada en 2020, afirma haber estado presente.

Los expertos afirman que en ninguno de los casos analizados por el informe Joseph Ratzinger estaba al tanto de los abusos sexuales cometidos o sospechosos de ser cometidos por sacerdotes.

La documentación no aporta ninguna prueba de lo contrario y, de hecho, en respuesta a preguntas concretas sobre este punto durante la rueda de prensa, los mismos abogados que redactaron el informe afirmaron que presumían con probabilidad que Ratzinger lo sabía, pero sin que esta afirmación fuera corroborada por testimonios o documentos.

Benedicto XVI

Por último, los expertos niegan que las respuestas que redactaron en nombre del Papa emérito minimizaran la gravedad del comportamiento exhibicionista del sacerdote. "En las memorias, Benedicto XVI no minimizó el comportamiento exhibicionista, sino que lo condenó expresamente. La frase utilizada como supuesta prueba de la minimización del exhibicionismo está sacada de contexto".

En su respuesta, Benedicto XVI dijo que los abusos, incluido el exhibicionismo, son "terribles", "pecaminosos", "moralmente reprobables" e "irreparables". En la valoración del derecho canónico, "se limitó a decir que según el derecho entonces vigente, en opinión de los consejeros de derecho canónico, el exhibicionismo no era un delito de derecho canónico, porque la norma penal correspondiente no incluía un comportamiento de ese tipo en el caso en cuestión".

A continuación ofrecemos de manera íntegra la carta publicada por Benedicto XVI en la web de la Santa Sede:

Carta del Papa emérito Benedicto XVI acerca del informe sobre los abusos en la Arquidiócesis di Múnich y Freising

 

Ciudad del Vaticano, 6 de febrero de 2022

 Queridas hermanas y queridos hermanos:

Tras la presentación del informe sobre los abusos en la arquidiócesis de Múnich y Freising el 20 de enero de 2022, quisiera dirigiros a todos vosotros unas palabras personales. En efecto, aunque fui arzobispo de Múnich y Freising menos de cinco años, sigo teniendo un profundo sentimiento de pertenencia a la arquidiócesis de Múnich como mi patria.

En primer lugar, me gustaría expresar unas palabras de sincero agradecimiento. En estos días de examen de conciencia y reflexión he experimentado tanto apoyo, tanta amistad y tantas muestras de confianza como no hubiera imaginado. Quisiera agradecer especialmente al pequeño grupo de amigos que redactó, con abnegación, mi memorial de 82 páginas para el bufete de abogados de Múnich, que no podría haber escrito solo. Además de las respuestas a las preguntas que me planteó el bufete, también se añadían la lectura y el análisis de casi 8.000 páginas de documentos en formato digital. Estos colaboradores me ayudaron después a estudiar y analizar el informe pericial de casi 2.000 páginas. El resultado se publicará más adelante, como suplemento a esta carta.

En la gigantesca tarea de aquellos días ―la redacción del pronunciamiento― se produjo un error en cuanto a mi participación a la reunión del Ordinariato del 15 de enero de 1980. Este error, que lamentablemente se produjo, no fue intencionado y espero que sea disculpado. Decidí, en su momento, que el arzobispo Gänswein lo hiciera presente en el comunicado de prensa del 24 de enero de 2022. Esto no disminuye en absoluto el cuidado y la dedicación que era y sigue siendo un imperativo evidente para esos amigos. Me afectó profundamente que el descuido se utilizara para dudar de mi veracidad, y presentarme incluso como mentiroso. Pero me han conmovido aún más las numerosas expresiones de confianza, los cordiales testimonios y las conmovedoras cartas de aliento que he recibido de tantas personas. Estoy especialmente agradecido al Papa Francisco por la confianza, el apoyo y las oraciones que me ha manifestado personalmente. Por último, quisiera agradecer a la pequeña familia del Monasterio “Mater Ecclesiae”, cuya comunión de vida en los momentos felices y en los difíciles me da esa solidez interior que me sostiene.

A las palabras de agradecimiento es necesario que siga ahora una confesión. Cada vez me llama más la atención que, día tras día, la Iglesia ponga al principio de la celebración de la Santa Misa ―en la que el Señor nos entrega su palabra y a sí mismo― la confesión de nuestras culpas y la petición de perdón. Rogamos públicamente al Dios vivo que perdone nuestra culpa, nuestra grande, grandísima, culpa. Está claro que la palabra “grandísima” no se aplica de la misma manera a cada día, a cada día en particular. Pero cada día me interpela si también hoy no deba hablar de grandísima culpa. Y me dice de forma consoladora que por muy grande que hoy sea mi culpa, el Señor me perdona, si me dejo examinar sinceramente por él y si estoy realmente dispuesto al cambio de mí mismo.

En todos mis encuentros con víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, especialmente durante mis numerosos viajes apostólicos, he percibido en sus ojos las consecuencias de una grandísima culpa y he aprendido a entender que nosotros mismos caemos dentro de esta grandísima culpa cuando la descuidamos o cuando no la afrontamos con la necesaria decisión y responsabilidad, como ha sucedido y sucede demasiadas veces. Como en aquellos encuentros, hoy nuevamente puedo sólo expresar a todas las víctimas de abusos sexuales mi profunda vergüenza, mi gran dolor y mi sincera petición de perdón. Ya que he tenido importantes responsabilidades en la Iglesia Católica, mayor es mi dolor por los abusos y errores que se han producido durante el tiempo de mi misión en los respectivos lugares. Cada caso de abuso sexual es terrible e irreparable. Me siento consternado por cada uno de ellos en particular, y a las víctimas de esos abusos quisiera hacerles llegar mi más profunda compasión. Comprendo cada vez más la repugnancia y el miedo que Cristo experimentó en el Monte de los Olivos cuando vio todas las cosas terribles que debía superar interiormente. El hecho de que los discípulos estuvieran dormidos en ese momento representa, por desgracia, una situación que se repite incluso hoy y por la que también me siento interpelado. Por eso, sólo puedo elevar mis oraciones al Señor y suplicar a todos los ángeles y a los santos, y a vosotros, queridas hermanas y queridos hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

Muy pronto me presentaré ante al juez definitivo de mi vida. Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo cuando miro hacia atrás en mi larga vida, me siento sin embargo feliz porque creo firmemente que el Señor no sólo es el juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya padeció Él mismo mis deficiencias y por eso, como juez, es también mi abogado (Paráclito). En vista de la hora del juicio, la gracia de ser cristiano se hace evidente para mí. Ser cristiano me da el conocimiento y, más aún, la amistad con el juez de mi vida y me permite atravesar con confianza la oscura puerta de la muerte. A este respecto, recuerdo constantemente lo que dice Juan al principio del Apocalipsis: ve al Hijo del Hombre en toda su grandeza y cae a sus pies como muerto. Pero el Señor, poniendo su mano derecha sobre él, le dice: «No temas: Soy yo...». (cf. Ap 1,12-17).

Queridos amigos, con estos sentimientos os bendigo a todos.

Benedicto XVI

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