Religión en Libertad

El asombro de León XIV con el horario español: tres agustinos hablan de los viajes del Papa a España

Los frailes Tomás Marcos, Marcelino Esteban y Jesús Álvarez hablan con ReL de sus encuentros en nuestro país con el Papa León XIV. 

Prevost (a la izquierda) junto al agustino Tomás Marcos en unas vacaciones.

Prevost (a la izquierda) junto al agustino Tomás Marcos en unas vacaciones.archivo

Juan Cadarso
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El vínculo entre el Papa León XIV y el sacerdote agustino Tomás Marcos Martínez, vicario provincial, se remonta a los años 1982‑1984, cuando ambos coincidieron como estudiantes en el Colegio Internacional de los Agustinos en Roma. El primero cursaba Derecho Canónico; el segundo, Dogmática. 

Ya entonces, recuerda Tomás, "era muy responsable en los estudios y un excelente compañero". Una anécdota de aquellos años lo retrata bien: ante un grave problema interno en el grupo de seminaristas —un robo que solo podía resolverse desde dentro— los formadores eligieron a un joven capaz de actuar con madurez, integridad y amor por la institución. "El elegido fue Robert Prevost", cuenta. 

"No soy Supermán"

Antes de despedirse de Roma, los compañeros españoles lo invitaron a pasar parte del verano en España. "Se asombraba de nuestras cenas tardías y del trasnoche en las terrazas veraniegas", recuerda entre risas.

Quince años después volvieron a encontrarse, esta vez en Trujillo (Perú), donde Prevost ejercía como superior delegado de los agustinos. Allí acumulaba responsabilidades que hoy parecen premonitorias: juez eclesiástico, párroco de dos comunidades, director de estudios del seminario mayor, profesor de Derecho y Dogmática, ecónomo vicarial y formador de seminaristas. 

"No soy superman —me dijo—, es tierra de misión y aquí hay que hacer de todo". A partir de entonces su trayectoria se aceleró: prior provincial en Chicago, prior general de la Orden durante doce años, obispo de Chiclayo, prefecto del Dicasterio de los Obispos… hasta convertirse en Papa. "Ha ido quemando etapas a toda velocidad", resume Tomás, destacando su capacidad conciliadora, su orden mental y su habilidad para comprender las situaciones "a la primera".

Ese carácter explica por qué muchos lo consideran el hombre adecuado para un tiempo polarizado. "Sabe escuchar y encontrar vías medias de entendimiento", afirma Tomás. Su inteligencia práctica —"no solo listo, sino capaz de captar la segunda visión de las cosas"— lo convierte en un líder capaz de sostener una institución tan vasta y diversa como la Iglesia. 

"Ha ido quemando etapas a toda velocidad", resume Tomás.Elisabetta Trevisan

Cuando Tomás lo vio ya como Papa, en una audiencia privada, esperaba encontrar a alguien abrumado por el peso del cargo. Pero lo halló "sonriente y relajado". Al saludarlo, le dijo espontáneamente: "Roberto, los del curso estamos emocionados, no nos creemos que seas el Papa". Él respondió riendo: "Yo tampoco".

Sobre su decisión de elegir España como primera visita larga en Occidente, Tomás reconoce que es difícil saberlo, pero intuye razones afectivas y culturales: raíces españolas, cercanía a los agustinos de nuestro país, años de vida en Hispanoamérica. Su espiritualidad, sencilla y profunda, lo llevará a insistir en la paz, la atención a los necesitados y el cuidado de la creación.

Para los agustinos, la visita tendrá un momento especialmente emotivo: el encuentro privado del 7 de junio. "Será como una celebración familiar", dice Tomás. "Tener un Papa agustino es como si hubiéramos ganado el mundial". Y concluye con una mezcla de orgullo y responsabilidad: "Rezamos por él. Su tarea es tan difícil como podamos imaginar: líder del mundo y de la Iglesia, referencia para los humildes y sus problemas concretos".

Minucioso y buen chófer

El Papa León XIV y el agustino Marcelino Esteban, Delegado Provincial de Comunicación, coincidieron en Perú en los años ochenta. Él vivía en Chulucanas y el entonces joven Robert Prevost en Iquitos. "Tuvo la amabilidad de darme un paseo en moto por la zona pastoral", recuerda, una imagen que hoy sorprende al pensar en el hombre que acabaría sentado en la cátedra de Pedro. 

Años después, entre 2002 y 2013, sus caminos volvieron a cruzarse: Prevost era Prior General de la Orden y él, secretario provincial de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas. La relación se volvió entonces constante, tejida entre correos, llamadas y visitas oficiales a las casas agustinianas en España.

Prevost y Marcelino (a la derecha de la imagen).

Prevost y Marcelino (a la derecha de la imagen).archivo

De aquellos años conserva una anécdota que revela el rigor del futuro Papa. Como Prior General, Prevost debía revisar los libros oficiales de cada comunidad. Él le entregó el libro de Actas del Consejo Provincial y, al devolvérselo, el superior le señaló un punto mal recogido en una de las reuniones. "Me llamó la atención: significaba que se había leído todas las actas, una por una". 

En un mundo donde las revisiones suelen hacerse por encima, aquel gesto mostraba su precisión, su responsabilidad y su respeto por la vida interna de la Orden. Esa misma seriedad convivía con una libertad muy suya: cuando viajaba por España, bastaba con ponerle un coche a disposición. "Le encantaba conducir, de día o de noche, sin necesidad de que nadie lo acompañara".

Su relación con España es larga y natural. De joven, cuando estudiaba en Roma, viajó con compañeros españoles y descubrió el país con curiosidad y simpatía. Más tarde, como Prior General, recorrió todas las casas agustinianas del territorio, y ya como obispo y cardenal regresó en numerosas ocasiones para actos y encuentros

Esa familiaridad explica en parte la sintonía que muchos perciben hoy entre el Papa y la cultura española. Su espiritualidad, profundamente agustiniana, marcará también esta visita: "Influye en todo —explica—: en los temas que trate, en los mensajes que dé, en su manera de acercarse a la gente". Su devoción mariana, discreta y sin aspavientos, se hará visible en su paso por la Almudena.

De esta visita, el mensaje que espera escuchar es claro: unidad, comunión, búsqueda del bien común, encuentro con Cristo. Personalmente, confiesa que lo que más ilusión le hace es el encuentro del Papa con los agustinos en Madrid y Barcelona: "Será como una celebración familiar". Para la Orden, tener un Papa agustino es motivo de alegría y de identidad compartida: "Nos confirma en la fe y nos anima en la misión". 

Y para la sociedad española, desea que esta visita despierte "la inquietud de seguir buscando a Dios, de vivir en comunidad y trabajar por el Reino”. Porque, más allá del protocolo, lo que late en el fondo es la esperanza de que la espiritualidad de San Agustín —"un alma sola y un solo corazón hacia Dios"— vuelva a resonar con fuerza en un país que el Papa conoce, aprecia y recorre ahora como pastor universal.

Su aprecio por la historia

La relación entre el Papa León XIV y el religioso agustino Jesús Álvarez, prior en Bilbao, nació en el Colegio Internacional Santa Mónica de Roma, donde convivieron como estudiantes en el curso 1981‑82: él cursaba Derecho Canónico y su compañero Historia de la Iglesia. "Era sencillo, disponible y cercano con todos", recuerda. 

A lo largo de los doce años en que Prevost ejerció como Prior General, volvieron a encontrarse en visitas oficiales a las casas agustinianas o en los congresos del Instituto Histórico Agustiniano. Con el tiempo, aquel compañero de estudios se reveló como un superior responsable y profundamente interior: "Una persona orante, comprometida con lo contemplado y con lo que ocurría en el mundo".

Prevost y Jesús fueron compañeros de pupitres en la universidad.

Prevost y Jesús fueron compañeros de pupitres en la universidad.archivo

Jesús recuerda su carácter afable y curioso, como en la excursión a Sicilia en 1982, cuando una broma sobre "llevar una escoba para juntar tanta piedra" lo sorprendió: para un estadounidense, el valor del pasado era casi sagrado. "En Estados Unidos aprecian más el pasado que en la vieja Europa", comentó entonces, dejando entrever su sensibilidad histórica.

Su relación con España es larga y afectiva. De joven viajó con compañeros agustinos para "conocernos más de cerca", recorriendo los Picos de Europa, León, Ávila o Toledo. Más tarde, como Prior General, visitó todas las casas de la Orden en España, incluida la de Bilbao, y regresó en 2011 para la ordenación episcopal de Miguel Olaortua, con quien compartió ministerio en Perú. También estuvo presente en su funeral en 2019. 

Ese vínculo se explica por su amor a lo hispano, alimentado por sus años misioneros en Perú y por su propio mestizaje familiar. Su espiritualidad agustiniana —hospitalidad, búsqueda de unidad, corazón abierto— marcará inevitablemente esta visita, siempre bajo su lema In illo uno, unum.

De su devoción mariana, discreta y profunda, destaca la influencia de su madre Mildred y su contacto con la religiosidad popular latinoamericana. Tras ser elegido Papa, visitó el santuario de Nuestra Señora de la Consolación y Madre del Buen Consejo en Genazzano, una advocación muy agustiniana. Sobre el mensaje que traerá a España, su compañero lo resume así: "Nos invitará a mirar hacia lo alto, a cultivar la interioridad y a buscar la unidad sin uniformidad". 

Personalmente, confiesa que lo que más ilusión le hace es el encuentro del Papa con los agustinos en Madrid, Barcelona y Canarias: "Es un tiempo de gracia y para agradecer". Para la familia agustiniana, su visita es un regalo que fortalece la vocación común: "Un alma sola y un solo corazón hacia Dios".

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