El singular misionero que filmó reducciones de cabezas en Ecuador y exploró una cueva misteriosa
El salesiano, italiano y venerable Carlos Crespi es muy querido en la ciudad de Cuenca.
Tras años de estudio, en marzo de 2023 el Papa Francisco lo declaró venerable.
En las calles empedradas de la bella ciudad de Cuenca (Ecuador) todavía resuenan las historias del padre Carlo Crespi, aquel salesiano que llegó desde Italia en 1923 y se convirtió en figura legendaria.
Porque, la vida de Crespi fue un cruce de caminos entre la fe, la ciencia y el arte: misionero incansable, investigador curioso y benefactor de los más pobres. En su pequeña parroquia de María Auxiliadora de Cuenca, no solo celebraba misa, también repartía alimentos, confesaba durante horas, organizaba conciertos y abría las puertas a quienes buscaban consuelo.
La imagen que muchos recuerdan de él es la de un hombre rodeado de niños y campesinos, con la sotana negra gastada y una sonrisa que parecía inagotable. Su pasión por la cultura ecuatoriana lo llevó a recopilar objetos arqueológicos, tejidos y piezas de arte popular, creando un museo único que mezclaba la devoción con la investigación.
Precisamente, la ciudad de Cuenca (Ecuador) vivió el pasado 31 de enero una jornada histórica con la bendición de la capilla en memoria del Venerable Carlos Crespi Croci, SDB, y el traslado definitivo de sus restos mortales, que desde ahora reposan en la que fue su casa: el Santuario María Auxiliadora.
Durante seis décadas, el sacerdote salesiano desarrolló su misión en Ecuador. Nacido en 1891 en Legnano, al norte de Italia, se convirtió en una figura clave para la cultura ecuatoriana: pionero del cine nacional, investigador de la enigmática Cueva de los Tayos y un referente educativo en la ciudad de Cuenca, donde vivió la mayor parte de su vida.
Doctor en Ciencias Naturales
Crespi fue el tercero de los trece hijos de Daniele y Luisa. A los 16 años ingresó al noviciado salesiano en Foglizzo, y diez años más tarde recibió la ordenación sacerdotal. Su formación académica fue extraordinaria: obtuvo un doctorado en Ciencias Naturales en la Universidad de Padua, se tituló como ingeniero hidráulico y completó los estudios musicales en el conservatorio.
Se cree que tenía en posesión varias piezas que se encontraron en la misteriosa cueva amazónica.
Crespi solicitó en 1922 ser enviado a las misiones y sus superiores lo destinaron al Ecuador. El Gobierno italiano, por su parte, lo apoyó con un amplio equipo técnico: cámaras fotográficas, un cinematógrafo, instrumentos científicos, herramientas de labranza, medicinas y materiales para trabajar con los indios shuar.
En marzo de 1923 partió hacia Sudamérica; un mes después desembarcó en Guayaquil y desde allí inició su camino hacia la Amazonía.
Entre sus múltiples facetas, Crespi destacó como cineasta. Durante sus misiones amazónicas filmó material que fue presentado en la exposición salesiana de Turín en 1924. En 1926 dirigió Los invencibles shuaras del Alto Amazonas, considerado el primer documental etnográfico del Ecuador y uno de los pioneros de la región.
Se le recuerda como un hombre entregado a los niños más vulnerables.
Lamentablemente, la película original se perdió casi por completo en un incendio en 1962, aunque en 1995 la Cinemateca del Ecuador reconstruyó la obra a partir del guión, de fotografías y de archivos salesianos.
El documental mostraba cuatro momentos clave: el viaje desde Génova hasta la Amazonía, escenas de la vida cotidiana de los pueblos amazónicos, la ceremonia de la tzantza (reducción de cabezas) y, finalmente, la labor de los misioneros salesianos.
Crespi ha sido comparado en Ecuador con San Juan Bosco.
Crespi fue uno de los primeros en explorar la Cueva de los Tayos, en la Amazonía, gracias a su relación con los shuar. De esta formación natural de difícil acceso, reunió numerosas piezas metálicas y objetos misteriosos que guardaba en un museo salesiano de Cuenca. Tras su muerte, el paradero de estas piezas se volvió incierto, lo que alimentó mitos y especulaciones.
La fama de la cueva llegó tan lejos que incluso el astronauta Neil Armstrong participó en una expedición para conocerla, atraído por su misterio.
Los testimonios sobre Crespi lo describen como un sacerdote polifacético: educador, antropólogo, músico, naturalista, científico y gestor cultural. En la ciudad de Cuenca se le recuerda como un hombre entregado a los niños y jóvenes más vulnerables. Algunos lo comparan incluso con san Juan Bosco, el fundador de los salesianos.
El nuevo lugar donde descansan sus restos mortales.
Su labor fue reconocida en vida y después de su muerte: en 1956 fue nombrado Hijo adoptivo y benemérito de Cuenca, en 1981 recibió la distinción de Comendador de la Orden al Mérito de la República Italiana, y en 2001 la Universidad Politécnica Salesiana le otorgó un Doctorado Honoris Causa póstumo.
La causa de beatificación de Crespi se abrió en 2006. Tras años de estudio, en marzo de 2023 el Papa Francisco lo declaró venerable.