Alberto, cofrade en la Semana Santa de Ferrol: «Un encuentro con Dios me marcó para siempre»
Hoy, con 27 años, Alberto es delegado de Juventud en la Diócesis de Mondoñedo‑Ferrol.
"Una vez tienes esa experiencia de Dios es algo que te cambia la vida", asegura Alberto.
Alberto vivió durante su adolescencia un acontecimiento que transformó radicalmente su manera de entender la vida. Según él mismo explica, tuvo un encuentro profundo con Dios que "me dejó marcado para siempre". Hoy, con 27 años, es delegado de Juventud en la Diócesis de Mondoñedo‑Ferrol. El Español cuenta su testimonio.
"Mi círculo más cercano es creyente, pero no practicante. Vengo de una familia católica muy de cofradía y de fe puntual, pero no de fe de cada domingo", explica. "Mi proceso de despertar fue progresivo", añade.
Solo quería ver a la Virgen
El momento que cambió todo ocurrió durante la adolescencia, alrededor de los 13 años. A raíz de su participación en la Semana Santa de Ferrol. "Me disgusté mucho porque había estado rezando para que hiciera buen tiempo en los días grandes", explica.
Alberto empezó a frecuentar la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, en la plaza de Amboage. "Era algo totalmente intrascendente en aquel momento. Simplemente quería ir a ver a la Virgen, no es que me interesase la eucaristía, ni la fe, ni nada", confiesa.
Alberto junto al obispo Fernando García Cardiñanos.
Hasta que por culpa de una lesión empezó a preguntarse si valía la pena estar debajo de un paso. "Me pregunté si existía dentro de mí un pozo más espiritual y fue a partir de ese momento cuando empecé a frecuentar la iglesia los domingos", comenta.
Alberto recuerda que, en el Viernes Santo de 2017, mientras realizaba la estación de penitencia con la Virgen de los Dolores, experimentó algo distinto. "Sentí un verdadero encuentro con Dios que me marcó de por vida". "Noté cómo se podía remover mi corazón y todas mis entrañas", añade.
Este hecho marcó la vida de Alberto y tuvo la certeza de que su acercamiento a Dios era sincero. "Un par de años más tarde, cuando tomaba unas cañas con unos amigos, conocí a un chico que estaba preparándose para ser sacerdote, era siete u ocho años mayor que yo", cuenta. Así descubrió la delegación de Juventud de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, de la que ahora es delegado.
Alberto compagina su vida como opositor con la pastoral juvenil. "A mi amigo Jorge le salió trabajo en Navarra y el obispo pensó en mí para tomar el relevo", comenta.
"Temía que la fe fuese a seguir siendo algo residual, algo que se fuese haciendo cada vez más de nicho y que iba a ir apagándose", indica. "Una vez tienes esa experiencia de Dios y puedes sentirlo de verdad, es algo que te cambia la vida", asegura.
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El joven de 27 años forma parte de una comunidad en la que puede vivir su fe de manera compartida. "Es algo muy bonito y heredado de las primeras comunidades cristianas que se escondían en las catacumbas. Es un refuerzo maravilloso y una experiencia vital increíble".