El sacerdote de Mallorca que acompaña a morir: «Hay una 'conspiración de silencio' sobre la muerte»
Pere Ribot lleva décadas acompañando a la gente en sus últimos momentos: «La muerte no puede ser el final. Es el paso a otra dimensión».

"El mayor miedo no suele ser la muerte, sino el dolor y la soledad", asegura el franciscano.
El sacerdote mallorquín Pere Ribot (Ariany, 1945) lleva décadas acompañando a enfermos y familias en el momento final de la vida. Fraile franciscano, estudió Filosofía y Teología y fue misionero en Perú y Brasil antes de regresar a Mallorca. Ultima Hora cuenta su historia.
"Como franciscano no decimos morir, decimos transitar. La muerte no puede ser el final. Es el paso a otra dimensión", comenta el sacerdote de 80 años. Ribot sostiene que uno de los grandes errores de la sociedad actual es esconder la muerte. "Se evita el tema, se disfraza, se silencia. Pero yo pienso que tenemos derecho a protagonizar nuestros últimos días", defiende.
No es de este mundo
"Existe lo que yo llamo la conspiración de silencio. La familia no habla para no hacer sufrir, y el enfermo calla para proteger a los suyos. Todo nace del amor, pero impide despedirse con verdad", argumenta.
El sacerdote insiste en la importancia de la sinceridad en esos momentos cruciales: "Si a mí me quedan cuatro meses, quiero saberlo. No me engañen. Quiero despedirme, dar gracias, pedir perdón si hace falta y marcharme en paz".

"Si me quedan cuatro meses, quiero saberlo, no me engañen", reclama.
Sobre la muerte, asegura: "Hay personas que han vivido la muerte de cerca y hablan de una paz que no es de este mundo". "He vivido celebraciones en las que el enfermo, rodeado de su familia, ha podido decir lo que sentía. Se agradece la vida compartida, se pide perdón, se expresan palabras que quizá nunca se habían dicho. Son momentos muy duros, pero también muy hermosos".
Su dedicación al acompañamiento del duelo se intensificó tras la muerte de una joven cercana. "Una cosa es predicar y otra encontrarte con el sufrimiento real. Ver el dolor de unos padres que pierden a una hija te cambia", asegura.
Aquella experiencia lo llevó a formarse en duelo en Barcelona y Madrid y a abrir un servicio de acompañamiento. "Era mi sobrina, y recuerdo cuando la vi con sus ojitos cerrados que se me cayó el mundo encima, ella tenía unos ojos verdes preciosos y nunca más se iban a abrir".
Desde entonces ha acompañado a innumerables personas en hospitales. "El mayor miedo no suele ser la muerte, sino el dolor y la soledad. Hoy el dolor físico puede paliarse. Lo que no podemos permitir es que alguien muera sin haber sido escuchado", comenta.
La manera de afrontar la muerte depende de cómo se haya vivido. "Si has vivido buscando el bien, el amor, la verdad, ya tienes un poco de cielo aquí. No nos llevamos nada material. No he visto nunca detrás de un coche fúnebre un camión de mudanzas", explica.
Ribot apuesta por normalizar la muerte como parte de la vida y devolverle su dimensión humana y espiritual. "Morir es transitar hacia ese encuentro definitivo con el Amor. Por eso no lo veo como una derrota, sino como plenitud".
Desde su experiencia, el sacerdote invita a perder el miedo y a hablar del final con naturalidad. "La muerte forma parte de la vida. Y, bien acompañada, puede ser un acto profundamente humano".