Nguema, capellán en el Hospital de Torrejón: «Tenemos que ir alegres, con entrega y paz interior»
El sacerdote lleva desde 2007 sirviendo como capellán en hospitales y residencias.
"Vamos en nombre de Cristo y sabemos que es Cristo quien actúa", reconoce Nguema.
Antimo Nguema lleva desde su ordenación sacerdotal, en mayo de 2007, sirviendo como capellán en residencias y hospitales. Hoy es capellán en el Hospital Universitario de Torrejón. El portal de la Diócesis de Alcalá de Henares cuenta con detalle su historia.
"Celebro la Misa a las doce en punto y ya después voy a las habitaciones porque algunos pacientes comen a la una y media, otros un pelín más tarde, a las dos. En ese tiempo no hay mucho ajetreo de médicos y enfermeros en las habitaciones para no colapsar el trabajo. Me gusta también respetar eso y atender bien con tranquilidad", comenta.
Cristo es el que actúa
Nguema cuenta que "cuando vamos, vamos en nombre de Cristo y sabemos que es Cristo quien actúa, incluso en el momento de dar la santa unción. Lo que pedimos a Dios es que esa persona se fie de Dios porque, si leemos los evangelios, el Señor siempre pide fe y esta fe acompaña a esta oración que hacemos junto a la santa unción. No es un sacramento del último segundo de vida. Tras dar la santa unción, tengo la costumbre de preguntar al día siguiente cómo ha dormido la persona y encuentras que está bien. Por eso digo que siempre hay milagros en esa realidad y la gente tiene que confiar para pedirlo".
Los capellanes de hospital no solamente administran los sacramentos, también conversan y escuchan a los enfermos y familiares que lo solicitan. Antimo Nguema estuvo de capellán en el Hospital Príncipe de Asturias durante la pandemia de coronavirus y nunca se contagió del virus. Presenció "varias conversiones en distintas personas. Me llamaban, incluso, médicos y enfermeros, la gente se confesaba… Había muchas confesiones y mucho acercamiento. La gente llamaba al sacerdote, había mucho diálogo. Y después del coronavirus vi que muchos de ellos se acercaban a la capilla para agradecer al Señor".
Muchas personas no conocen la presencia de la figura del capellán en los centros hospitalarios.
"Yo siempre voy por los pasillos, hablo con la gente, saludas, preguntas si ha venido de consulta o si tiene un familiar enfermo, das una estampita, les dices que aquí hay un capellán, que si lo necesitan se lo digan a los enfermeros o a los médicos, y nos van a llamar y vamos a acercarnos con tranquilidad y humildad. Hace falta una entrega total de decir ‘yo estoy disponible para ello’. La oración es fundamental. Yo remarcaría bastante que en el seminario se forme también en este ámbito", relata Nguema.
"A los enfermos le llevas una alegría enorme. Hay muchas personas que no tienen a nadie. Van los médicos, van los enfermeros, las personas de limpieza y saludan, pero quieren ver a alguien que les diga ‘cuéntame todo lo que estás pasando interiormente’. Y se desahogan. Por encima de que les vas a ofrecer después confesión sacramental, la santa unción, la comunión, cualquier otra realidad, llevarle el Evangelio, por encima de eso. En los hospitales nos necesitan y nosotros debemos estar ahí para transmitirles esta alegría".
"Eso sí, el sacerdote tiene que estar alegre, porque si no…, no es bueno ir a paliar una pena y luego llevar tú otra pena, para así no derrumbar al pobre paciente. Con una sonrisa, con una paz interior, con una entrega total. Si no hay paz en tu interior es difícil transmitir ser alegre", concluye Antimo Nguema.