Martes, 23 de abril de 2019

Religión en Libertad

Benedicto XVI y las fuentes de la Teología Moral


por Pedro Trevijano

Opinión

Un reciente artículo del Papa emérito Benedicto XVI ha provocado un gran revuelo. Benedicto achaca la crisis que estamos viviendo en la Iglesia a la revolución sexual del 68, con su pretensión que en lo sexual todo está permitido y ya no hay normas que respetar. Por otra parte la Ley Natural, sobre la que se fundaba buena parte de la Teología Moral católica, fue ampliamente abandonada, y se exigió una moral basada enteramente en la Biblia.

Los años del Concilio fueron los años en que yo estudiaba Teología Moral. La Moral de la época anterior a éste era muy juridicista y, cuando le dije a mi obispo que deseaba hacer Teología Moral, me hizo estudiar en primer lugar Derecho Canónico, porque, me dijo, no se puede ser moralista sin ser canonista. Sin menospreciar a los canonistas (y no me arrepiento de haber estudiado también Derecho Canónico), había una clara insatisfacción sobre la enseñanza de la Teología Moral, que el Concilio recogió con estas palabras: “Téngase especial cuidado en perfeccionar la teología moral, cuya exposición científica, nutrida con mayor intensidad por la doctrina de la Sagrada Escritura, deberá mostrar la excelencia de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de producir frutos de caridad para la vida del mundo” (decreto Optatam totius sobre la formación sacerdotal, nº 16). Personalmente creo que tuve la fortuna de tener una serie de profesores abiertos a las novedades, pero plenamente fieles a la Iglesia y lejos de estridencias y aberraciones como el relativismo.

Dicho esto, ¿cuáles son las fuentes de la Teología Moral? Ante todo la Revelación, o sea, la Escritura en el Antiguo y sobre todo el Nuevo Testamento y la Tradición, sin olvidar el Magisterio de la Iglesia ni la doctrina de Padres, Doctores y teólogos. La Teología Moral, en cuanto investiga cómo debe ser el obrar cristiano, debe "buscar la solución de los problemas humanos bajo la luz de la Revelación" (OT 16). Por ello debe mantenerse en íntima conexión con la Sagrada Escritura y con la Teología Dogmática, porque es en la doctrina que se encuentra ahí contenida donde hallará la inspiración que le permitirá mantener­se siempre fiel a Cristo y su Iglesia y por otra parte renovarse constantemente. Esta relación se da también en la Teología Sacramental, pues los sacramentos son los lugares privilegiados de nuestro encuentro con Cristo y su celebra­ción debe traducirse en comportamientos morales concretos.

Por supuesto también la Ley Natural. En el catolicismo no debe ponerse en duda la existencia de una Ley Natural. Se reconoce que Cristo nos llama a un orden sobrenatural, pero este orden sobrenatural supone y asume el orden natural, la recta razón. "La Ley Natural expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira"(Catecismo de la Iglesia Católica nº 1954).

En cuanto a las ciencias humanas (Rom 1,18-20), son también fuente de moralidad, aunque como nos dice el Concilio Vaticano I la Revelación nos es necesaria para conocer mejor incluso aquellas cosas que podemos conocer con la luz natural "de modo fácil, con firme certeza y sin mezcla de error alguno"(Denzinger-Schönmetzer, DS 3005; Denzinger, D 1786). Es indiscutible que todas aquellas ciencias que nos permiten conocer mejor al hombre tienen su puesto como auxiliares de la Moral, pues es la razón la que constituye al hombre como sujeto moral. Así la Ética, en cuanto reflexión filosófica racional sobre la dignidad del ser humano y su actuar, puede servirnos de orientación, ya que el hombre experimenta la llamada imperativa del Bien, y descubre que por ese camino llegará a realizarse como persona.

No olvidemos tampoco la Biología, la Psicología y la Medicina en sus diversas variantes, pues nos dan a conocer nuestras estructuras físicas y psíquicas y nos ayudan a evaluar la responsabilidad, así como las ciencias sociológicas, con su estudio del mundo en que nos movemos, siendo en consecuencia necesario un diálogo y un buscar juntos soluciones con todos aquellos que se preocupan de la mejora del mundo en que vivimos. En fin, todo aquello que afecte de un modo u otro al hombre repercute también en nuestro conocimiento moral.

Pero sobre todo tengamos en cuenta que el objeto y fin de la Teología Moral, la persona de Cristo y la Historia de la Salvación, son algo que está fundamentalmente en el campo de la fe y de la gracia.

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