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El amor humano y divino de Jesucristo por los hombres es la esencia de la devoción al Sagrado Corazón y el mensaje más reiterado por la encíclica 'Dilexit Nos'.

El amor humano y divino de Jesucristo por los hombres es la esencia de la devoción al Sagrado Corazón y el mensaje más reiterado por la encíclica 'Dilexit Nos'.

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1. El mes de junio, tiempo especialmente dedicado al Corazón de Cristo

El mes de junio es, en la espiritualidad católica, un tiempo dedicado todo él, de manera especial, al Sagrado Corazón de Jesús. El 13 de junio de 1675 fue la fiesta del Corpus Christi. Durante la octava de esta fiesta (14-20 de junio) tuvo lugar la 3ª Gran Revelación del Corazón de Jesús a santa Margarita María de Alacoque:

Estando una vez ante el Santísimo Sacramento, un día de su octava, recibí de mi Dios gracias excesivas de su amor, y me sentí movida por el deseo de corresponderle en algo y devolverle amor por amor; me dijo:

«No puedes darme mayor prueba que la de hacer lo que ya tantas veces te he pedido».

Entonces, descubriendo su Divino Corazón:

«He ahí este Corazón, que tanto ha amado a los hombres, que nada ha ahorrado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte más que ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que tienen por mí en este Sacramento de Amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que los que así me tratan son corazones que me están consagrados. Por esto te pido que el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento sea dedicada una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando su honor por medio de un respetuoso ofrecimiento, para reparar las injurias que ha recibido durante el tiempo que ha estado expuesto en los altares. Te prometo también que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su Divino Amor sobre los que le rindan este honor y los que procuren que le sea tributado». (A 92).

Ese mismo año, el 21 de junio, se celebró la primera «fiesta» del Sagrado Corazón y, al día siguiente, santa Margarita María y san Claudio La Colombière se consagran al Corazón de Jesús. Estos dos heraldos de esta devoción fueron los primeros en celebrar la fiesta del Divino Corazón de Jesús. Se consagraron a Él, dispuestos a emprender y sufrir todo para llevar a cabo sus designios

A partir de ese momento, el mes de junio fue dedicándose más y más al Corazón de Cristo. Así sucedió con la fiesta del Sagrado Corazón en el noviciado del monasterio de santa Margarita en Paray-le-Monial.

Al acercarse el día establecido por Jesús mismo, para consagrarse a su Sacratísimo Corazón, en el año 1685 (era el 20 de junio), Margarita María trazó a pluma una imagen del Corazón de Jesús. Sus novicias, enfervorizadas por ella, se levantaron a medianoche, erigieron un pequeño altar y, obtenido el permiso, colocaron encima de él esa imagen y la adornaron con devoción. Por la mañana, cada una de ellas se consagró y se ofreció al Sagrado Corazón como propiedad suya. Mientras, su Maestra las proclamaba dichosas, seleccionadas por el Señor para dar comienzo a la devoción al Corazón Divino. Las novicias pasaron todo el día honrando, alabando y bendiciendo al humildísimo y suavísimo Corazón de Jesús. Es fácil imaginar cuánta alegría experimentaba Margarita María con este primer triunfo del Corazón de Jesús. Pero a la alegría siguieron duras reacciones.

2. El mes de junio en la historia de la espiritualidad del Corazón de Jesús

En la revolución francesa, el jesuita francés Alexandre Charles Marie Lanfant, que murió como mártir en las masacres de septiembre de 1792, fomentó la distribución de un panfleto que pedía cuarenta días de oración y penitencia y que finalizaba con una oración solemne de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús en junio de 1790.

Varias órdenes religiosas y especialmente generaciones de jesuitas como Jean-Joseph Huguet, François-Xavier Gautrelet, Henry Ramière, Louis Gaston de Ségur, compusieron devocionales impresos en masa, con oraciones al Sagrado Corazón de Jesús para cada día de junio.

La encíclica Annum Sacrum de León XIII animó a todo el episcopado católico a promover la devoción de los primeros viernes, estableció junio como el Mes del Sagrado Corazón e incluyó la Oración de consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

Durante el Concilio Vaticano II, para dedicar completamente ese mes a esta devoción específica, la fiesta fue elevada al rango de solemnidad. El papa san Pablo VI pidió una renovación de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y en 1995, san Juan Pablo II reiteró la importancia de esta devoción e instituyó la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús en junio para que «el sacerdocio pueda estar protegido en las manos de Jesús, más bien en su corazón, para que pueda estar abierto a todos». La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos también publicó esta declaración:

Los cristianos católicos reconocen tradicionalmente junio como el mes del Sagrado Corazón de Jesús. Durante este tiempo, recordamos el amor de Cristo por nosotros, que es visible de manera especial en la imagen de su corazón traspasado, y rezamos para que nuestros propios corazones puedan conformarse al suyo, llamándonos a amar y respetar a todo su pueblo.

3. El mes de junio en la vida de santa Margarita María de Alacoque

La vida de santa Margarita está salpica de acontecimientos, además de los ya referidos, que tienen lugar precisamente en este mes. El 19 de junio de 1671 hace testamento antes de entrar, al día siguiente, en la vida religiosa: el 20 de junio de 1671 ingresó en el Monasterio de la Visitación de Paray-le-Mo¬nial (A 33-38).

En la 4.ª revelación y en la Carta 100, a la M. de Saumaise, 17 junio 1689 pide reparar al Corazón de Jesús por las injurias que recibe; desea «ser honrado como fue ultrajado».

Un 2 de junio de 1672 se habló de despedir a la novicia o al menos de retrasarle los votos, al tiempo que la Madre María Francisca de Saumaise es elegida Superiora.

Por iniciativa de la H.ª des Escures 21 de junio de 1686 se expone, en el coro de la capilla, la imagen del Sagrado Corazón. En aquel día tan esperado del 21 de junio de 1686, las religiosas, al acercarse al coro, observaron el altarcito y, maravilladas por la novedad, se conmovieron íntimamente y, cambiados inmediatamente los ánimos, competían por adorar al Corazón Divino y lo glorificaron con ardiente devoción. Se propuso inmediatamente hacer pintar un cuadro que representara ese Santo Misterio y cada una podía pedir dinero a sus parientes para la ejecución. El resultado de la prueba, llevado en humildad y silencio, fue palpable, ya que fue precisamente el 21 de junio de 1686, cuando la comunidad entera, completamente convertida por la luz divina, se consagró espontáneamente al Sagrado Corazón. Hasta 1765 no se obtuvo esta gracia, que concedió Clemente XIII a los Obispos de Polonia. La fiesta del Sagrado Corazón concedida desde entonces a todos los países y a todas las Iglesias que la habían solicitado, se extendió a la Iglesia universal en tiempos de Pío IX, en 1856. Finalmente, el 28 de junio de 1889, León XIII la elevó para toda la Iglesia al Rito doble de primera clase; y Pío XI (29 de enero de 1929), con el decreto «Urbis et Orbis», a «fiesta primaria de la Iglesia universal», con octava privilegiada de tercer orden.

4. Para vivir el mes de junio con santa Margarita María de Alacoque

En el recién publicado Mes del Corazón de Jesús (Monte Carmelo, Burgos 2026), preparado por las Religiosas del Primer Monasterio de la Visitación de Madrid y un servidor, se recogen textos selectos de la santa de Paray y ayudará a adentrarnos en la vida espiritual que abrió el Corazón de Jesús a su «heredera» Para algunos, santa Margarita, reducida a un marco de revelaciones privadas del siglo XVII, quizá tenga poco que decirnos a los cristianos y católicos del siglo XX. Sin embargo, esta apreciación está muy lejos de la verdadera actualidad de la religiosa visitandina. La Santa fue instrumento elegido por Cristo, junto con su director espiritual el jesuita Claudio de la Colombière.

Frente a una presentación «masoquista» de la Santa, como es percibida por muchos en el imaginario colectivo, santa Margarita es, sobre todo, una santa del Amor. Evidentemente es el Amor fuerte de Cristo, no los sucedáneos que presenta nuestra época. De ahí la vinculación al crucificado, a su dolor, sufrimientos, humillaciones, etc., todo ello deseado, vivido e imitado por la Santa desde un amor de entrega total, al modo de su Maestro y Señor:

Deseo que seamos todas del Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesucristo para no vivir más que de su vida, no amar más que con su puro amor, no obrar ni sufrir más que por sus santas intenciones, dejando que haga en nosotros y de nosotros lo que sea su san¬to beneplácito (Carta 52).

Sólo alguien que es amado como la Santa pudo vivir una vida de entrega en la abnegación y sufrimientos tal como ella los vivió. Si no hubiera sido así fácilmente la calificaríamos de «masoquista». Pero nuestra Santa nos lleva al corazón de la vida cristiana, a la cruz y al crucificado, fuente y origen del amor divino-humano redentor de los hombres.

Hizo presente y actual, en su momento, lo que podríamos llamar el núcleo del cristianismo: un Dios que se hace Corazón humano, que se deja herir por nuestros pecados, manifestado en la herida de ese Corazón y en la corona de espinas que lo circunda; que está inflamado de amor, simbolizado en las llamas y coronado en la cruz. He descrito brevemente el dibujo que la Santa transmitió a sus Hermanas y a la Iglesia. Eran momentos históricos en que el jansenismo alejaba al pueblo de Dios de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, por la indignidad purista que, según ellos, asola al ser humano. En esa circunstancia, las revelaciones privadas de Paray fueron providencia histórica. Ciertamente fueron precedidas por siglos de desarrollo desde aquella escena del Costado traspasado que nos refiere san Juan al final de su evangelio (Jn 19,37), como signo último y culminante de la «revelación progresiva y dramática de Jesucristo como Hijo de Dios» (I. de La Potterie). Toda esa historia de desarrollo de la espiritualidad del Corazón de Cristo convergen ahora en Santa Margarita y, por su medio, se extiende de manera social a toda la Iglesia, y no sólo de manera personal o individual como hasta ese momento.

5. Actualidad del Corazón de Cristo

Eso fue en el siglo XVII. Y para hoy ¿dónde está su actualidad? Paradójicamente, a pesar del paso de los siglos, hay poco que cambiar en lo dicho: el mensaje de Santa es nuclear, y por tanto esencial y no accesorio. Dios busca al hombre y lo hace «amando con corazón humano» (Gaudium et Spes, 22). Al mostrar Cristo su Corazón vivo acerca, al que contempla desde la fe, a la fuente de vida de su existencia. La esencia del cristianismo es una persona, Jesucristo, y un acontecimiento doble indivisible, su misterio de muerte y resurrección. El Corazón de Cristo es el núcleo de la persona del Redentor y su herida, espinas y cruz mues¬tran el «amor hasta el extremo» (Jn 13,1) cronológica y cualitativamente. Hasta el final de la vida de Cristo: todo está cumplido. Hasta la entrega total: «entregó el Espíritu» (Jn 19,30), «salió sangre y agua» (Jn 19,34).

Benedicto XVI escribió este mismo contenido dicho de modo que ya ha quedado grabado en la vida de Iglesia: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna” (cf. 3,16)» (Deus caritas est, 1)

Este amor del Dios humanado, lejos de ser acogido (lo cual implicaría ya, con la no acogida, una herida en el Corazón de Dios), es despreciado, burlado y perseguido. Santa Margarita refiere estas palabras nucleares que el Señor le revela: «He ahí este Corazón, que tanto ha amado a los hombres, que nada ha ahorrado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte más que ingratitud» (A 92). El Señor pide ser amado, reparando afectivamente el desamor de los hombres, y pide reparar aflictivamente uniéndose al dolor amoroso de su Pasión.

Al hombre secularizado y vacío del siglo XXI ese mismo Corazón de Cristo le dice: Dios es amor; hay un Corazón vivo que te ama personalmente, que no muere porque está resucitado; no pongas obstáculo, déjate amar. Los signos del amor son la llaga del Costado y la Pasión que sufrí por ti. Ahora vivo glorioso y quiero que, adhiriéndote a mí (eso es la fe), vivas conmigo la historia de amor que tengo preparada para ti. Este es, en definitiva, en núcleo del mensaje de la Nueva Evangelización en la que está embarcada la Iglesia de Cristo.

6. Pasión de amor también para hoy

La gran pasión de santa Margarita, claro está, es el Sagrado Corazón. Se siente amada y además elegida por un Amor de pasión y un Amor apasionado.

La vida cristiana es imitación y conformación con Cristo y esto es un gozo, fruto del amor (Carta 8); «Conformarnos con Jesús en sus padecimientos, puesto que no debemos desear vivir más que para tener la dicha de sufrir por amor; pero nunca según nuestra elección» (Cartas 11, 12).

Las palabras con las que describe la cruz son de hondura espiritual y hasta belleza literaria: la cruz es «tesoro» (Carta 8), «herencia de los elegidos» (Car¬ta 11), el «mayor bien que podemos tener en esta vida, que es la conformidad con Jesucristo en sus padecimientos» (Cartas 12,34); «la cruz es un tesoro precioso que debemos tener oculto para que no nos lo roben» (Carta 90).

La extensión del reinado de amor del Corazón de Cristo no se hace sin dificultades y contrariedades. Es el «enemigo de la naturaleza humana», Satanás, quien está detrás de esa batalla y el Señor y la Santa anuncian su derrota: «Reinará a pesar de Satanás» (Carta 100), «reinará a pesar de todos sus enemigos» (Carta 87).

«¿Qué temes? ¡Reinaré a pesar de Satanás y de todo lo que se oponga a ello!» (Carta 108)

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