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Estos días he podido disfrutar en el cine de la película titulada Michael, que versa sobre la figura de este famoso cantante. Realmente es el rey del pop, y no habido otro como él. Tenía una voz impresionante y bailaba como los ángeles. Este artista fue realmente un genio de la música actual, y eso hay que reconocerlo. Pero, si realmente fue un genio, cantando y bailando, apreciado por todos, convocando a masas, y llenando los escenarios, a la vez podemos decir que era una persona profundamente herida.

En este sentido, de su familia no recibió la atención adecuada. Su padre le maltrató, le pegaba y se aprovechaba de sus capacidades en beneficio propio, entendiendo de modo incorrecto la relaciones en la familia. Le pegaba a su hijo pequeño, delante de sus hermanos, cuando Michael, no había realizado nada para recibir ese abuso. Solo cantaba y bailaba llegando al agotamiento físico por la exigencia de su padre. Quizás su madre le apoyó, pero no siempre lo hizo de modo adecuado. Tenía que acoger a sus hermanos, cuando él por puro don sobresalía por encima de ellos. Michael no tuvo una infancia fácil. Al final inició su carrera musical en solitario, y triunfó en el mundo de la música, hasta llegar a ser el número 1.

Pero, yo me hago una pregunta ¿no somos muchas veces nosotros como los padres de esta figura reconocida a nivel internacional?

Muchas veces los padres aquellos hijos que destacan por su inteligencia se les aparta, llamándolos incluso tontos. Demasiadas veces aquellos niños que tienen altas capacidades o destacan, por escribir, pintar u otras capacidades artísticas son anulados en la familia o en las aulas, por sus compañeros y profesores.

Ser un genio en la vida no es fácil, pero solo es imposible. Si sales por encima de la media, muchas veces puedes aparecer como una persona que tiene cierto orgullo, o que quiere sobresalir por encima de los demás. A veces hasta en las mismas parroquias no eres acogido, porque te gustan cosas diferentes a las de los demás. Si tienes ciertas capacidades, en ocasiones puedes ser anulado. Si estudias, o eres inteligente en determinados ámbitos puedes ser excluido por tus propios compañeros. 

Este mundo en el que vivimos no acoge la genialidad, la inteligencia y el buen hacer. En múltiples ocasiones, las personas que superan una media sufren el abandono, o el abuso en sus propias instituciones. Ser inteligente, tener un sentido crítico de lo que ocurre, en definitiva ser un genio, no es bien visto por esta sociedad, en la que en ocasiones se premia el fracaso en la escuela y se quiere que todos piensen lo mismo, sin establecer un verdadero criterio.

Michael Jackson nos enseña hoy como el reconocimiento de lo que eres, de tus dones o de lo que haces es una verdadera puesta en marcha de las actitudes y aptitudes en beneficio de los demás, sin querer estar por encima de otros, sino siendo tú mismo.

Por eso, solo cuando te sabes amado por Dios, que ha puesto en ti dones para entregarte eres realmente feliz y te puedes realizar y desarrollar de modo adecuado.

Solo el que se mira a los ojos de Dios, puede superar el rechazó de los demás por no reconocer, ellos, lo que Dios ha puesto en ti. El amor hace posible la entrega, y saber lo que eres y puedes dar hace que vivas feliz y con un sentido pleno la existencia. 

Entender la genialidad es una tarea de todos, en la que desde el amor de Dios, podemos ayudar al otro, a ser feliz. Es un reto al que Dios, nos invita.

Belén Sotos Rodríguez

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