Religión en Libertad

Un Dios palpable

Un cristiano debería distinguirse en cualquier lugar y en cualquier circunstancia porque todo lo ve bajo la mirada de Dios.

El cristiano debe distinguirse por ver todas las cosas con la mirada de Dios.Samantha Kopecky / Cathopic

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Desde que mi madre falleció en la pandemia, recuerdo con inmenso agradecimiento todo lo que me enseñó y, como seguramente hacen muchas personas que han pasado por esta pérdida, me gusta escribir en una libreta algunas de sus frases que guardan magistralmente esas enseñanzas. Una de las que guardo con especial agradecimiento es ésta: "No puedo comprender cómo hay personas que no ven a Dios, porque se ve palpablemente".

La Palabra nos dice que a Dios nunca le ha visto nadie, pero Jesús sí nos enseñó al Padre, y ella había escuchado a Jesús. Buscarle, encontrarle y convertir el corazón nos llevará a trabajar incansablemente por el Reino de Dios y su justicia, y esta tarea marca todos los días de la vida, los complica, y a la vez, los llena de una paz que solo conoce quien ha tomado parte en ella.

Entre todo lo aprendido, recuerdo especialmente la alerta contra el pecado, que no es otra cosa que alejarse de estos valores del Reino.

En esta misma dirección, podemos leer en el catecismo que "Jesús no vino para abolir todos los males de aquí abajo, sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, el pecado".

La sociedad actual, en parte por todo lo vivido en épocas pretéritas, ha decidido prescindir no solo del término, sino que niega su existencia.

Este es el mayor triunfo del mal; si alguien no se siente enfermo, no irá al médico, y no se podrá curar. Han ganado otros dioses, la imagen, el dinero fácil, la comodidad, el aplauso del mundo, y hemos olvidado que estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Nada hay más contrapuesto a los valores del mundo que los valores del Evangelio, y en este sentido, un cristiano debería distinguirse en cualquier lugar y en cualquier circunstancia porque todo lo ve bajo la mirada de Dios, y ésta llega a todo lo que sucede. Ya no recitamos el salmo 39 para decirle a Dios: "Aquí estoy para hacer tu voluntad. Lo quiero, y llevo tu Ley en las entrañas". Hemos dejado de preguntarnos por ella, de intentar discernirla en los acontecimientos que van llegando a nuestro mundo y en los que hay que buscar los valores del Reino de Dios.

En este campo ancho y sin barreras para que el mal pueda campar a sus anchas, es difícil ver a ese Dios palpable.

Y sin ese Dios palpable, que no es sino haber tenido un encuentro con Él, es muy difícil evangelizar a nadie, enamorar, y hacer que otros se hagan preguntas y deseen buscarlo.

Ojalá podamos decir las mismas palabras que pronunció el Papa Benedicto XVI en la misa que celebró al principio de su pontificado: "Mi auténtico programa de gobierno consiste en no hacer mi voluntad, en no aplicar mis ideas, sino en prestar atención a la Palabra y la voluntad del Señor y en dejarme guiar por Él".

¡Ojalá que el Señor nos abra el oído y el corazón! En las últimas tragedias que ha vivido nuestro país, el corazón de nuestros jóvenes ha sentido la urgencia de estar al lado de las personas que las han sufrido para ayudar, y es que ellos deben saber, porque así se lo demuestre nuestra vida, que solo el amor es el que cura la vida, solo el amor es el que salva.

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