Religión en Libertad
Cuando la Iglesia ofrece algo diferente al mundo, como la oración y la adoración, atrae. Cuando se mundaniza, las iglesias se vacían.

Cuando la Iglesia ofrece algo diferente al mundo, como la oración y la adoración, atrae. Cuando se mundaniza, las iglesias se vacían.Yandry Fernández Perdomo / Cathopic

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Una encuesta de Gallup, realizada el pasado 13 noviembre, reveló que, mientras que en 2015 el 66% de los estadounidenses consideraba importante la religión en su vida diaria, una década más tarde, solo el 49% la considera relevante; lo cual representa una caída de 17 puntos porcentuales. Asimismo, el número de estadounidenses sin afiliación religiosa ascendió a su número récord con un 29%. El estudio también subraya que otras naciones han experimentado aún mayores pérdidas en religiosidad. Entre ellas Grecia, 28 puntos entre 2013 y 2023; Italia, 23 puntos entre 2012 y 2022; y Polonia, 22 puntos entre 2013 y 2023. Otros países, como Chile y Portugal, han registrado descensos de magnitud similar a Estados Unidos.

Desafortunadamente, en la gran mayoría de los países occidentales la moral objetiva del cristianismo es rechazada mientras son aceptadas, en mayor o menor medida, ideologías perversas que, en nombre de la libertad ilimitada y disfrazadas de derechos, han logrado seducir a gran parte de la sociedad.

Ante esto, no es de extrañar que la Iglesia católica esté perdiendo terreno rápidamente, al grado que, de acuerdo con una encuesta del Pew Research Center, por cada persona que se convierte al catolicismo, más de ocho abandonan la Iglesia.

Sin embargo, por muy sombrío que parezca el panorama, esto no debe hacernos perder la esperanza. Sabemos que, desde que Cristo fundó su Iglesia, el padre de la mentira ha intentado destruirla. Primero, a través de las múltiples herejías que la Iglesia enfrentó en los primeros siglos. Mas ante cada una de ellas hubo grandes santos que con su fe firme las resistieron y combatieron sin complejos ni tibiezas. Con ello, la Iglesia resurgió varias veces, purificada y fortalecida. Pues, como señala Chesterton: “La cristiandad ha pasado por una serie de revoluciones, y en cada una de ellas el cristianismo ha muerto. El cristianismo ha muerto muchas veces y ha resucitado; porque tenía un Dios que conocía la salida de la tumba” (El hombre eterno).

Sin embargo, durante los últimos siglos, el ataque no solo se ha intensificado, sino que la estrategia se ha tornado más sutil y eficaz. Los diferentes procesos revolucionarios que a partir de la Reforma ha sufrido la humanidad han logrado infiltrar en la sociedad seductoras -mas perversas- ideas que poco a poco han sembrado la duda donde antes brillaba la fe; la impiedad donde antes había devoción y fervor; y autocrítica, complejo y un rechazo a la tradición donde antes había celo y amor por la sana doctrina. Con ello, los principios cristianos se han visto mermados a tal grado que, desafortunadamente, muchos errores condenados por el perenne magisterio de la Iglesia hoy son difundidos abiertamente y sin condena aun desde muchos púlpitos que, al parecer, buscan la aprobación del mundo y no la de Dios.

Por lo visto, olvidamos que la experiencia nos demuestra que una doctrina fácil, simplona y diluida no atrae a nadie. Como bien señaló el arzobispo Fulton Sheen: “Hubo una época en que el cristianismo se consideraba demasiado difícil. En aquel entonces era muy popular. La pregunta que nos planteamos ahora es si, debido a que el cristianismo se ha vuelto demasiado fácil, dejará de ser popular. El mundo de la moral se ha diluido, y el cristianismo se ha adaptado a esta dilución. Los sermones ya no abordan los temas difíciles en los que la gente no quiere pensar, y esto porque los secularistas los han persuadido de que todo debe ser tolerado, incluso lo abominable. Una vez que los secularistas descubran que los cristianos son receptivos a la tolerancia, pondrán a prueba esa receptividad. Un precepto moral tras otro caerá porque muy pocos están dispuestos a llevar la bandera moral a la batalla y luchar contra las fuerzas de la oscuridad”.

Efectivamente, muchos cristianos, temiendo el ostracismo y la condenación, han capitulado ante las demandas del mundo. Por ello, como señalase el arzobispo Sheen, “muchos católicos leen las mismas novelas que los paganos modernos, educan a sus hijos de la misma manera impía, escuchan a los mismos comentaristas que no tienen otra norma que juzgar hoy por ayer y mañana por hoy y permiten que prácticas paganas como el divorcio y el nuevo matrimonio se introduzcan en la familia… Ya no existe el conflicto ni la oposición que se supone nos caracterizan. Influimos menos en el mundo que el mundo en nosotros”. Debido a que, cuando el mal no es combatido, es propagado y aumentado, la situación actual ha empeorado. Basta ver cómo la corrupción, la desintegración familiar, el adulterio, el aborto, la promiscuidad, las drogas o la pornografía se han infiltrado en muchos hogares.

A pesar de esto, como apuntase el arzobispo, son pocos los que se dan cuenta de la gravedad de nuestra crisis actual, en parte porque la mayoría de los hombres no quieren creer que sus propios tiempos son malos, pues implica demasiada autoacusación. Y también porque, como Sheen señalase, "solo aquellos que viven por la fe realmente saben lo que está pasando en el mundo. Las grandes masas sin fe están inconscientes de los procesos destructivos que acontecen”.

Además, es importante considerar que, como afirmase el arzobispo: “El hombre moderno ha predicado durante tanto tiempo una doctrina de falsa tolerancia, ha creído durante tanto tiempo que el bien y el mal eran solo diferencias de punto de vista, que ahora, cuando el mal se manifiesta en la práctica, se ve paralizado para hacer algo al respecto”. 

Debido a esto, estamos llegando al momento que el arzobispo profetizase en el cual habrá dos tipos de personas: quienes siguen al Dios que se hizo hombre y los hombres que "se hacen dios". Y estos últimos, como lo estamos viendo, cada vez tolerarán menos a quienes siguen las perennes enseñanzas de Cristo y de su Iglesia.

De ahí que Sheen afirmase: "El mal debe venir a rechazarnos, a despreciarnos, a odiarnos, a perseguirnos, y entonces definiremos nuestras lealtades, afirmaremos nuestra fidelidad y declararemos de qué lado estamos. ¿Cómo se manifestarán los árboles fuertes y débiles si no sopla el viento? Nuestra cantidad ciertamente disminuirá, pero nuestra calidad aumentará. Entonces se cumplirán las palabras de nuestro Maestro: el que no recoge conmigo, desparrama" (Mt 12,30).

A pesar de los sombríos tiempos que enfrentamos, Sheen nos anima a mantener la esperanza al afirmar que: “Dios no permitirá que la injusticia se vuelva eterna. La revolución, la desintegración y el caos deben ser recordatorios de que nuestro pensamiento ha sido erróneo, nuestros sueños han sido impíos. La verdad moral se reivindica con la ruina que sigue a su repudiación. El caos de nuestros tiempos es el argumento negativo más contundente que jamás se podría esgrimir a favor del cristianismo… La desintegración que sigue al abandono de Dios se convierte así en un triunfo del sentido, una reafirmación del propósito… La adversidad es la expresión de la condena de Dios al mal, el registro del Juicio Divino… La catástrofe revela que el mal es contraproducente; no podemos alejarnos de Dios sin hacernos daño”.

La ruina moral, sin precedentes, que enfrenta nuestra sociedad tiene un solo origen: el abandono de Dios de la mayor parte de la sociedad. Como afirma el Salmo 73, 27: “Los que se alejan de Ti se pierden”. Por ello, la única solución real es que cada católico, en la medida de sus posibilidades, trabaje apasionada y devotamente por “restaurar todas las cosas en Cristo, de modo que Cristo lo sea todo y esté en todo” (San Pío X).

Que la Santísima Virgen, Corredentora y Mediadora de todas las gracias, nos obtenga todo aquello que necesitamos para, en medio de esta crisis, servir a Cristo con fe, con esperanza y, sobre todo con caridad.

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