Martes, 11 de mayo de 2021

Religión en Libertad

La Educación en la JMJ


Muchos, incluso no cristianos, han tenido siempre la convicción que para educar a sus hijos lo mejor era educar en valores cristianos con el argumento: "estamos viendo a nuestro alrededor tales disparates, que queremos dar a nuestros hijos unos referentes morales serios, y los valores cristianos nos parece cumplen esa condición"

por Pedro Trevijano

Opinión

Las Jornadas Mundiales de la Juventud han servido para que mucha gente haya descubierto la importancia de los valores cristianos en la educación. La prueba viva ha sido esa lección de civismo, alegría y cultura que han sabido dar los casi dos millones de jóvenes de la JMJ, que de alguna parte han salido, y ya en el Evangelio Jesús nos dice: “Id y enseñad a todas la gentes” (Mt 28,19).

Muchos, incluso no cristianos, han tenido siempre la convicción que para educar a sus hijos lo mejor era educar en valores cristianos con el argumento: “estamos viendo a nuestro alrededor tales disparates, que queremos dar a nuestros hijos unos referentes morales serios, y los valores cristianos nos parece cumplen esa condición”. Una muy bonita exposición de estos valores son los que señaló el Papa en su discurso de El Escorial a los jóvenes profesores universitarios.

El Papa nos recuerda: “La Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria”.

“Los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad”.

“No olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes debéis comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación”. Con estas palabras el Papa nos recuerda que el estudiante, y muy especialmente el estudiante universitario, debe tener una actitud que le impulse a buscar un sentido integral a su existencia. Es un estilo de vida que lleva consigo una postura de apertura y de solidaridad con la sociedad.

La tarea de la Universidad y en ello coincide con la Religión, por lo que no es extraño que las primeras Universidades sean de fundación religiosa, es la búsqueda de la verdad y la vivencia de un conjunto de valores que sirvan para hacer un mundo más avanzado, libre y justo. Ciencia y Religión buscan ambas lo mismo: la Verdad.

Otro aspecto muy importante de las palabras del Papa es que van dirigidas a profesores, a maestros.
Indudablemente la primera exigencia que debe tener un maestro o profesor, la única receta que me atrevo a darles, cuando me los encuentro por ejemplo en la confesión, es ésta: querer profundamente en los alumnos. Y ello me lleva a recordar que nos guste o no, somos un punto de referencia y un modelo para nuestros alumnos. Lo malo es que, a veces, no somos precisamente un buen ejemplo.

El Evangelio nos enseña que Jesucristo es “el Camino, la Verdad y la Vida”(Jn 14,6). Por ello el Papa nos dice: “La verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva”. Es, en efecto, Jesucristo quien nos posee a nosotros y así podemos entender a Santo Tomás de Aquino cuando nos dice que aprendía más en la oración ante el Santísimo que en el estudio, y es que ambos estudio y oración son nuestros medios para buscar a la Verdad y por tanto a Dios.

Por el contrario las consecuencias desastrosas del positivismo y del relativismo son cada vez más patentes y ya lo estamos percibiendo en la vida de cada día: “Sabemos que, cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder”.

Pedro Trevijano
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