El Hallazgo de la Santa Cruz recupera solemnidad y honores en la Basílica del Santo Sepulcro
Tras meses marcados por celebraciones reducidas, este año los frailes de la Custodia de Tierra Santa han podido volver a vivir la solemnidad con plenitud litúrgica
Cada año, el 7 de mayo, la Iglesia de Jerusalén revive con profunda devoción la memoria del Hallazgo de la Santa Cruz.
Como cada 7 de mayo, la Iglesia de Jerusalén ha celebrado nuevamente el hallazgo de la Santa Cruz, cuando la madre del emperador Constantino, Santa Elena, halló en el siglo IV el madero donde Cristo fue crucificado y que hoy es custodiada en las inmediaciones del Calvario, cerca de la basílica del Santo Sepulcro.
La fiesta litúrgica, conocida también como Inventio Crucis o Hallazgo de la Verdadera Cruz, es una de las más destacadas en Tierra Santa. Entre otras particularidades, esta continúa siendo celebrada en su fecha tradicional del 7 de mayo, en estrecho vínculo con los eventos y los lugares ligados a la Pasión, a la muerte y a la Resurrección de Cristo, a diferencia de la mayor parte de las Iglesias tras la reforma litúrgica de 1969.
Tras meses marcados por celebraciones reducidas a causa del conflicto iniciado el 28 de febrero pasado, este año los frailes de la Custodia de Tierra Santa han podido volver a vivir la solemnidad con plenitud litúrgica.
Por primera vez en este periodo difícil, el Custodio, Fray Francesco Ielpo, ha podido recibir todos los honores previstos por el protocolo litúrgico para las solemnidades en la Basílica, restituyendo a la fiesta la dignidad y la solemnidad que le son propias.
La celebración se ha articulado en dos días de fe y oración, marcando una recuperación significativa de la vida espiritual ante el Santo Sepulcro.
La fiesta ha comenzado en la tarde del día precedente, con una procesión solemne de los frailes a través de los pasillos de la Basílica que, aunque todavía interesada por trabajos de restauración para la colocación de las nuevas piedras del pavimento, ha acogido con recogimiento los cantos y los gestos de piedad.
El cortejo se ha dirigido hacia la Capilla de Santa Elena, lugar en el que la tradición coloca el hallazgo de la Cruz.
Aquí, el ambiente adornado con solemnidad ha servido de marco a las Vísperas cantadas, celebradas con gran participación.
Al término de las Vísperas, la procesión ha proseguido hacia el Calvario, hasta la Tumba de Cristo, en un peregrinaje que ha unido los misterios de la Pasión con la memoria del hallazgo de la Cruz.
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En el corazón de la noche, los frailes han proseguido en la oración en la capilla del Hallazgo, ofreciendo a los pocos presentes un tiempo de intensa contemplación.
La mañana sucesiva, en la Basílica del Santo Sepulcro, la misa solemne ha sido presidida por el Custodio, Fray Francesco Ielpo.
En su homilía el custodio meditó en torno al pasaje del Libro de los Números que narra el episodio de las serpientes venenosas y de la salvación donada a quien alzaba la mirada hacia la serpiente elevada.
Ielpo advirtió a los fieles de que, "cada vez que nuestros proyectos se alejan de las promesas de Dios", nuestra propia terquedad puede transformarse en serpientes que envenenan el corazón. Por ello, recordó que solo volviendo a fijar la mirada en Cristo crucificado podemos hallar salvación y vida plena en su amor misericordioso.
Concluida la misa, una solemne procesión alrededor de la tumba de Cristo llevó a religiosos y fieles presentes a arrodillarse por tres veces ante la reliquia de la Santa Cruz para recibir una triple bendición impartida por el Custodio de Tierra Santa: ante la tumba, ante el altar de la Magdalena y en la capilla del Santísimo de los frailes de la Custodia.
La solemnidad del Hallazgo de la Santa Cruz no es solo memoria de un hecho histórico ligado al descubrimiento de la reliquia, sino que es sobre todo una invitación a mirar constantemente a Cristo Crucificado y Resucitado. En esta fiesta única en el mundo, celebrada en la Basílica del Santo Sepulcro, encrucijada de la fe cristiana, los fieles son llamados a contemplar el misterio de la Cruz como fuente de esperanza, de conversión y de salvación.
Artículo publicado originalmente en Fundación Tierra Santa.