Ejercicios de Cuaresma del Papa: Varden acude a San Bernardo de Claraval
El Papa León XIV y buena parte de la Curia han pausado muchas de sus actividades para centrarse, desde el domingo 22, en una semana de ejercicios espirituales de Cuaresma, dirigidos por el monje trapense y obispo de Trondheim (Noruega), Erik Varden.
Varden se centra en enseñanzas de San Bernardo de Claraval (1090-1153), fundador de monasterios y mediador en conflictos políticos.
San Bernardo habla de "la lucha personal, al aprender a no dar por sentado que su camino es siempre el correcto", un aprendizaje forjado “por la experiencia, las heridas y las provocaciones”. Así, el santo es "un excelente compañero para cualquiera que emprenda un éxodo cuaresmal del egocentrismo y el orgullo".
Varden instó a los cristianos a resistirse a utilizar el Evangelio como arma política y a medir la fe auténtica por la fidelidad a Cristo y por la paz que encarnan los creyentes. "El alcance de la paz que encarnamos —esa paz señalada que el mundo no puede dar— indica la presencia permanente de Jesús en nosotros”, continuó. “Debemos insistir en esto ahora, cuando el Evangelio se utiliza a veces como arma en las guerras culturales", detalló.
"Las instrumentalizaciones del lenguaje y los signos cristianos deben ser cuestionadas, no solo con una pálida indignación, sino enseñando los términos de la auténtica guerra espiritual”, dijo. “Porque la paz cristiana no es una promesa de facilidad, sino una condición para la transformación de la sociedad”, agregó.
Y citando a San Juan Clímaco advirtió también: “No hay mayor obstáculo para la presencia del Espíritu en nosotros que la ira”.
Según señaló, la Cuaresma “nos enfrenta a lo esencial”, eliminando las distracciones e invitando a “una abstinencia de los sentidos”, al tiempo que sigue llamando a los creyentes a luchar contra los vicios y las pasiones dañinas con un sencillo “sí, sí” y “no, no”.
Nacido en 1974, Erik Varden presenta un perfil poco habitual entre los predicadores de los ejercicios de la Curia. Él mismo ha relatado en diversas ocasiones su itinerario personal desde el ateísmo hasta la fe cristiana, un camino que culminó con su ingreso en la Orden del Císter tras su formación en las islas británicas. Años después regresó a su país natal, donde fue nombrado obispo de Trondheim. A su trayectoria monástica se suma una reconocida faceta pública como escritor de espiritualidad.