Misa del Domingo 1 de marzo, Segundo de Cuaresma: ante el rostro transfigurado de Jesús
La liturgia nos hace contemplar el misterio de la Transfiguración, al que asistieron Pedro, Santiago y Juan.
El segundo domingo de Cuaresma nos continúa introduciendo en los misterios preparatorios de la muerte y resurrección de Cristo.
Este domingo la Iglesia celebra el II Domingo de Cuaresma.
- Misa dominical en Nazaret TV desde la parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús de Barcelona.
Primera lectura: Génesis 12, 1-4
- El Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra». Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abrán tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán.
Segunda lectura: 2 Timoteo 1, 8-10
- Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.
Evangelio: Mt 17, 1-9
- Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Reflexión
Este Jesús que conoce nuestras tentaciones se nos presenta hoy resplandeciente, para iluminarnos con su verdad. Solo desde la experiencia del silencio y de la oración podremos llegar a un verdadero conocimiento de Jesús, guiados por la gracia que se nos otorga en la vida espiritual, y que se manifiesta en la vida sacramental y de oración de su Iglesia.
Contemplamos con mirada limpia el rostro transfigurado de Cristo, rostro divino de Hijo de Dios, y a la vez, rostro doliente en la cruz que se prolonga como hermano en nuestro sufrimiento y en el de nuestros hermanos. Rostro transfigurado por la luz de la resurrección, al que miramos con esperanza.
- Fuente: Conferencia Episcopal Española, Calendario Litúrgico.