De «Dem Demonio» al Libro de las sombras: los exorcistas denuncian la normalización del ocultismo
En Italia, se han sucedido al menos tres eventos ocultistas de carácter público entre Navidad y la Epifanía, algunas definidas como «ritos iniciáticos».

Una visitante de la exposición "Stregherie: Iconografías, Ritos y Símbolos de los Herejes del Saber".
La despedida de 2025 y los primeros días de 2026 están siendo especialmente polémicos en Italia por lo que los exorcistas consideran una normalización de las manifestaciones esotéricas. Estas son de carácter público y dirigidas a niños y mayores, que llegan incluso a ser invitados a participar en “rituales colectivos” e iniciáticos. Las prácticas son variadas, desde la quema de un “Gremlin ovíparo” de “Dem Demonio” frente a la basílica de San Petronio, al “rito comunitario” de los caballos de Verona o un homenaje a las brujas venecianas en Padua, entre otras.
Todos estos episodios, vinculados de una forma u otra a la magia y el esoterismo, parecen estar vinculados a un fenómeno profusamente tratado por el portal de artículos históricos Battle-Merchant: los Rauhnächte.
Un periodo especialmente proclive al ocultismo
También conocidas como las 12 noches sagradas del invierno germánico, se trata de las noches comprendidas entre el 25 de diciembre y el 6 de enero. Un periodo que, si bien coincide con las fechas centrales de la Navidad, se solapa también con unas de las más icónicas fechas del calendario esotérico celebradas especialmente en varias regiones alpinas.
Indagando en torno a las “12 noches”, no tarda en apreciarse el trasfondo mágico que rodea dichas tradiciones, siendo frecuente escuchar que en estas noches, los límites entre el mundo terrenal y espiritual son más difusos y permeables, siendo un periodo idóneo para la práctica de oráculos y rituales.
La fiesta de Samhain, vinculada a Halloween, o la de Yule se encuentran directamente relacionadas con las Rauhnächte, siendo frecuentes en estos días el llamado “sahumerio” o quema de hierbas y resinas, el trabajo de interpretación de los sueños y demás prácticas ocultistas como la lectura del tarot o la comunicación con los espíritus.
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José María Carrera Hurtado
Arde el “Vecchione” de “Dem Demonio”
Solo así se entiende la profusión de prácticas, ritos y exposiciones que están teniendo lugar durante estos días en Italia.
Una de ellas fue la tradicional quema del Vecchione, que esta Nochevieja de 2025 fue el bautizado “Gremlin ovíparo” por su autor, Dem Demonio -Marco Barbieri- que en declaraciones al portal Il resto del Carlino la definió como “una reflexión no solo sobre el mal que tenemos fuera, sino también sobre el que llevamos dentro”.
La obra representa “un contenedor del Mal”, un fetiche capaz de absorber la negatividad que el público le confía y que estaría destinada a ser transformada por el fuego purificador.

La AIE cuestionó la simbología, contenidos y contornos del Vecchione de "Dem demonio", en el contexto de crecientes iniciativas y exposiciones ocultistas.
La obra, presentada como una purificación de todo lo perverso, se caracteriza según su autor por las grandes orejas de murciélago equiparables al éxito cinematográfico de los 80, Gremlins, así como por simular un nido que encierra un huevo rojo y que evoca el mal en gestación. Una invitación a reflexionar sobre la responsabilidad individual, se lee.
Aunque se ha comparado con un intento de combatir el mal de cada uno con el mal presente en el mundo, la Asociación Internacional de Exorcistas se ha referido al episodio con recelo. En su portal oficial, cuestionaba el episodio por “asumir contenidos y contornos que suscitan serias perplejidades”.
Si bien la imagen podría ser interpretada desde múltiples puntos de vista, el contexto que la rodea parece apuntar a un significado, cuanto menos, espiritual y ocultista de la figura: la obra de Barbieri se encuentra plagada de un imaginario ocultista, esotérico, neopagano y muy cercana a lo demoníaco, lo que se une a una espiritualidad no cristiana y una “ritualización” secular del mal, como se puede observar en su web.
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Sagradas Formas robadas, un rito de paso y un Libro de las sombras
La exposición que estos días tiene lugar en Padua no da lugar a dudas de la creciente normalización del ocultismo. Bajo el título de Stregherie. Iconografías, ritos y símbolos de las herejes del conocimiento, su comisario Andrea Pellegrino combina la leyenda negra de la Inquisición con un aparente “proselitismo” de cara a que incluso niños se acerquen a las prácticas ocultistas. El mismo nombre de stregheria alude a una religión neopagana, con algunas similitudes con la Wicca, con orígenes italianos e italo-americanos.
La obra, que se encuentra abierta al público hasta el mes de marzo, se presenta en su portal como la apertura de nuevos caminos hacia el misterio de la brujería. Destaca la sala dedicada a Marietta Robusti, conocida como Tintoretta, de la que se dice que, tentada por una bruja, robó sagradas formas consagradas, que le entregaría a cambio de un don.
Es solo una de los muchos espacios y muestras de un espectáculo “concebido como un auténtico rito de paso secular” y que, lejos de limitarse a lo supuestamente artístico, pretende elevarse a lo “inmersivo y transformador” y que considera a la brujería no como algo marginal, sino como “un símbolo activo de autonomía, renacimiento y poder cultural”.
El propósito de la exposición es claro, invitar a realizar “un rito iniciático” marcado por el abandono de la antigua visión de la bruja como encarnación del mal para “renacer en una comprensión más auténtica y matizada”.
Un propósito del que no escapan los niños, a quienes se promete un “premio embrujado” al concluir la exposición, así como el acceso a una cueva de brujas en la que preparar amuletos y pociones.
La exposición de Padua concluye con una segunda experiencia inmersiva, entre espejos, luces y un podio sobre el que cada visitante encontrará el llamado Libro de las Sombras, “instrumento fundamental de toda verdadera bruja” (un libro de magia o grimorio usado hoy en los círculos neopaganos y de la Wicca, la nueva brujería).
También los exorcistas valoraron dicho evento: “Si una exposición documental, definida por rigurosos criterios expositivos, puede ser de interés y función cultural, [esta] no incluye —salvo por una razón apologética y, podría pensarse, proselitista— el marco de la implicación emocional y, por ende, la adhesión a creencias y rituales que una perspectiva historiográfica correcta debería, en sí misma, evitar, si no refutar. Pero quizás ciertas exposiciones se asemejen a ciertas plazas, a principios de este nuevo año”.
"Complejos, ritualizados y, a veces, esotéricos"
También en el contexto del 31 de diciembre, el Ayuntamiento de Verona desplegó un amplio aparato escénico en el que prometía a los asistentes, más allá del sentido religioso -se entiende, cristiano- “un rito colectivo de transformación capaz de unir tradición, símbolo y renacimiento”.
El episodio más polémico de la jornada, alternado la quema de una gran pira de madera con la aparición de los Reyes Magos, tuvo lugar con la llegada de la noche, de la mano de siete artistas de Quidam dirigiendo imponentes caballos blancos de cuatro metros de altura.
En un sugestivo desfile, se lee en el portal del Ayuntamiento de Verona, estas criaturas guiarán al público a través de danzas, movimientos y recorridos por la plaza, transformándola en un espacio encantado. Será un momento de intensa sugestión colectiva, capaz de cerrar la jornada con un tono poético, visionario y profundamente evocador, dejando en todos la sensación de haber participado en un rito comunitario, entre memoria, celebración y renovación.
En este caso, la AIE alude al ambiguo y simbólico significado de los caballos, arquetipo de mensajero entre lo terreno y lo sobrenatural, apreciando que las festividades tradicionales de todo el mundo se encuentran progresivamente imbuidas de significados cada vez más complejos, ritualizados y, a veces, esotéricos.