Muere con 83 años el misionero que vio crecer la Iglesia entre antiguos cazadores de cabeza dayakos

Natalino Belingheri, oblato de María Inmaculada, ha muerto con 83 años en Borneo, tras casi 50 años de misionero allí
Los lectores de las novelas de Emilio Salgari reconocen a los feroces dayakos de las selvas de Borneo, en Indonesia, que a veces ayudaban al pirata Sandokán y a veces le metían en apuros en sus aventuras del siglo XIX. Eran conocidos como crueles guerreros y cazadores de cabezas.
Hoy los dayakos son pacíficos y siguen viviendo en zonas remotas en el interior de la isla de Borneo. La mayoría mantienen religiones animistas, pero muchos se han ido haciendo cristianos por el efecto de misioneros perseverantes, como el italiano Natalino Belingheri, de los Oblatos de María Inmaculada.
El padre Natalino ha muerto el 10 de abril, con 83 años. Ha fallecido donde trabajó durante medio siglo, la región de Kalimantán Norte, en el norte de la isla de Borneo, la diócesis de Tanjung Selor. Cuando se creó la diócesis, en 2002, contaba con unos 25.000 católicos (el 3% de la población total), con 10 parroquias y 15 sacerdotes. En el último recuento, en 2022, había unos 55.000 católicos (casi un 6% de la población total), el doble que al empezar el siglo XXI. También había el doble de sacerdotes (30) y 15 parroquias.

Diócesis de Tanjung Selor en Kalimantán Norte, en la isla de Borneo; una zona selvática con menos de un 6 por ciento de católicos
Bailando la danza sapek tunggal
El padre Natalino hablaba con fluidez indonesio y las lenguas locales dayaka y punan, según recuerda su obituario en la agencia misionera AsiaNews. Entre los dayakos tenía el nombre de Wan Ibung. Aprendió las costumbres dayakas. Sabía bailar la danza sapek tunggal, una danza lenta al son del sape, instrumento de cuerda clásico dayako. No era cosa común entre los misioneros y asombraba a los feligreses.
En el video, un ejemplo de danza masculina con música de sepe al estilo dayako:
El misionero sirvió en Tering, Mara Satu, Malinau y la turística Isla Sapi. En Isla Sapi fundó una Residencia Estudiantil llamada Apo Deno, que a los largo de los años ha formado a muchos jóvenes.
"El padre Natalino fue el último miembro superviviente del primer grupo de siete misioneros italianos de los Oblatos de María Inmaculada que llegaron aquí", comenta el padre Andri Atmok, antiguo provincial para Indonesia.
Nacido en Italia en 1943, su espíritu misionero de joven lo envió con los oblatos a Laos en 1969, en épocas de guerrillas comunistas. Pasó allí 6 años, dejó el país por las circunstancias de expulsión y persecución. Después, con otros 6 hermanos italianos, llegó a Indonesia en 1977. En la región de Kalimantán sólo había 1 parroquia entonces, Santa María, obra de misioneros holandeses, que fue creciendo (su historia en vídeo, en indonesio).
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Pablo J. Ginés/ReL
Ya anciano y jubilado, seguía visitando zonas remotas, a antiguos feligreses y comunidades cristianas. Al funeral han acudido cristianos de distintas etnias y culturas para ofrecerle sus respetos, con distintos rituales.
La visión de un misionero veterano
Como misionero veterano, el padre Natalino explicaba su visión de la vida misionera. "Se cumple estando con la gente, entrando en contacto con sus costumbres, sus formas de pensar sobre la vida y el mundo. La misión es la proclamación de la Buena Noticia, comenzando con el esfuerzo del misionero por inculturarse, por apreciar la historia y los lugares de las personas a las que sirve, recogiendo las semillas de la Palabra ya presentes y proponiendo otras semillas de verdad para contribuir al crecimiento humano y religioso de las personas según la lógica del Evangelio. Disfruto conversando con los ancianos del pueblo, absorbiendo su sabiduría y descubriendo que esta es la premisa para acoger la del Evangelio, que no le quita nada a la riqueza original, sino que ayuda a las personas a crecer en la verdad", resumía.